
La torre fantasma en la que se perdió más de medio billón de pesos de las pensiones de los militares
Fotografía tomada por la Contraloría General de la República durante la inspección de mayo de 2023.
CAMBIO conoció la auditoría que la Contraloría adelantó sobre Cremil, el fondo que maneja las pensiones de los militares en retiro. La conclusión es escalofriante: la entidad entregó 14 lotes a los estructuradores de un proyecto inmobiliario sin ninguna garantía. Ocho años después no hay ni tierra, ni proyecto.
Por: Alfredo Molano
Una investigación de la Contraloría General de la República destapó lo que podría ser uno de los casos más graves de corrupción en las Fuerzas Militares. Con las pensiones de los retirados del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea se hizo un negocio para la construcción de un edificio de once pisos en la carrera Séptima con calle 100, en Bogotá, pero tras casi ocho años de incumplimientos, la construcción apenas va en obra negra. La Contraloría tasó el daño patrimonial de la Caja de Retiro de las Fuerzas Militares (Cremil) en más de 577.000 millones de pesos.
La investigación fue adelantada por el contralor delegado para el sector Defensa, Luis Eduardo Parra, mediante una auditoría financiera que no solo revisó en detalle los libros contables del Cremil sino la salud administrativa de la entidad. Allí encontró que, en 2015, la Caja de Retiro de las Fuerzas Militares decidió participar de un negocio inmobiliario que prometía construir dos modernas torres con un centro comercial de seis pisos en el mejor punto del norte de Bogotá, el cruce de la calle 100 con la carrera Séptima, que para muchos urbanizadores era el lote de engorde más grande de Colombia que permaneció intocable por décadas bajo la excusa de la seguridad nacional. En sus inmediaciones funciona el llamado Cantón Norte, la Escuela de Caballería y la sede de la Brigada 13 del Ejército. La lucha entre la necesidad de expandir la ciudad y el interés de los militares en mantener su extensa propiedad fue patente en los últimos años con el trazado de la carrera 11, crucial para el tráfico del norte de la ciudad y por muchos años bloqueada por la guarnición. Lo curioso es que la codicia fue más grande que el argumento de seguridad a la hora de construir el megaproyecto El Pedregal.
La propuesta fue que Cremil entregaba 14 costosos lotes, ubicados entre las carreras séptima y octava sobre la calle 100, para que allí se edificara el proyecto. A cambio, recibiría 16.819 metros cuadrados de lujosas oficinas para la venta y 289 parqueaderos que en ese punto de la ciudad valen oro. Todo dentro de un edificio de 11 pisos, que se elevaría sobre el más moderno centro comercial de la capital.
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