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Medio ambiente

El dilema del caimán llanero: ¿sirve liberar crías para evitar su extinción?

El caimán llanero regula la población de peces carnívoros y contribuye a que existan nutrientes que alimentan los ríos del Orinoco. Colprensa.

El fin de semana pasado el Ministerio de Ambiente reactivó la liberación de caimanes llaneros, especie endémica en peligro crítico de extinción. Sin embargo, investigadores con experiencia en reintroducción advierten que liberar ejemplares jóvenes no garantiza su supervivencia y tampoco la reproducción.

Por: Lina Cuitiva

El pasado sábado 5 de septiembre fueron liberados 17 ejemplares en el Bioparque Wisirare, en Casanare, en medio de un acuerdo entre entidades públicas y organizaciones ambientales para reactivar el Programa Nacional para la Conservación del Caimán Llanero (Crocodylus intermedius), que actualmente integra la lista de animales en peligro crítico de extinción. Sin embargo, expertos académicos cuestionan el método utilizado y advierten que liberar ejemplares jóvenes no necesariamente significa estar recuperando la población silvestre.

El caimán llanero llegó al borde de la extinción durante la segunda mitad del siglo XX, cuando fue cazado masivamente para comercializar su piel. Hoy se estima que quedan alrededor de 250 ejemplares en estado silvestre entre Colombia y Venezuela, una cifra que explica por qué cada decisión sobre su conservación resulta determinante.

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A la jornada de liberación también asistió la senadora animalista, Andrea Padilla.

El Ministerio de Ambiente ha planteado que la meta no es simplemente aumentar el número de animales puestos en libertad. El éxito, según la cartera, deberá medirse por su supervivencia, adaptación, llegada a la madurez y reproducción, con el objetivo final de recuperar poblaciones silvestres viables. Precisamente ese punto es el que genera reparos entre algunos investigadores que llevan años estudiando la especie.

Para Rafael Moreno, investigador que ha participado en procesos de reintroducción y seguimiento de caimanes del Orinoco, Colombia necesita revisar el método utilizado para recuperar la población. A su juicio, liberar ejemplares en áreas protegidas puede ser una acción visible de conservación, pero no necesariamente garantiza un impacto demográfico sobre la población.

“En términos demográficos, el impacto es bastante impredecible”, explicó Moreno a CAMBIO.

El también doctor en Ciencias Biológicas especializado en cocodrilos tropincales sostiene que una de las principales diferencias está en la edad y el tamaño de los ejemplares. Moreno explicó que desde hace más de una década algunos investigadores plantearon un enfoque basado en la liberación de animales reproductivamente activos. En el caso del caimán llanero, esto significa ejemplares que hayan alcanzado aproximadamente los 1,90 metros, aunque el tiempo necesario para llegar a ese tamaño depende de las condiciones de crecimiento en cautiverio.

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Ministro de Ambiente, Fabio Arjona, en la liberación de caimanes llaneros nacidos en cautiverio, 5 de septiembre de 2026. Crédito: Ministerio de Ambiente.

La razón es sencilla: un ejemplar adulto puede comenzar a aportar de manera inmediata a la recuperación de la población.

En contraste, los ejemplares más jóvenes y pequeños, como los 17 que se liberaron el pasado 5 de septiembre que medían alrededor de los 90 centímetros, todavía deben atravesar varios años antes de llegar a la edad reproductiva. 

Ese periodo entre que se liberan y alcanzan su edad reproductiva más activa presenta un riesgo adicional. Los animales no solo están expuestos a depredadores o a la acción humana, sino también a la competencia con otras especies de crocodilios.

Entre ellas están las babillas, que son mucho más abundantes y tienen una mayor capacidad de adaptación. Moreno advierte que esta competencia también puede afectar la supervivencia de los caimanes jóvenes.

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Una reserva no garantiza por sí sola el éxito

Otro de los reparos planteados por Moreno tiene que ver con el lugar escogido para las liberaciones. El investigador considera que no basta con determinar que un sitio está dentro de un área protegida. El caimán llanero no reconoce los límites administrativos y puede desplazarse fuera de ellos.

Por eso, el sitio de reintroducción debería evaluarse con criterios ecológicos y sociales más amplios: disponibilidad de alimento, presencia suficiente de peces, playas adecuadas para la reproducción y, especialmente, posibilidades de reducir el conflicto entre los animales y las comunidades humanas.

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Del caimán del Orinoco se estima que solo quedan unos 250 ejemplares en su hábitat natural. Crédito: Colprensa.

“El enfoque va más allá del límite administrativo y es más consecuente con la realidad territorial de la Orinoquia colombiana”, señaló.

El punto resulta relevante porque el caimán llanero es un depredador tope y su regreso a zonas donde desapareció también implica reconstruir una relación con las comunidades.

Por eso, Moreno sostiene que una reintroducción debe incluir un componente de trabajo con las comunidades antes, durante y después de la liberación.

“No están exentos de que pueda ser cazado por un humano”

En los procesos de reintroducción en los que participó, Moreno contó que no solo se hizo seguimiento a los animales. También se realizaron talleres con las comunidades sobre comportamiento de depredadores, conflicto humano-cocodrilo y buenas prácticas de pesca.

La razón es que incluso un caimán adulto, con mejores posibilidades de sobrevivir en el medio natural, sigue expuesto a una amenaza que no puede resolverse simplemente trasladándolo a un río.

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“Si bien el individuo ya es grande y puede sobrevivir en su ambiente, no está exento de que pueda ser cazado por un humano que lo sigue viendo como una amenaza”, explicó.

Para el investigador, reconstruir esa relación es una condición fundamental para la conservación de un depredador que estuvo prácticamente ausente de buena parte de su territorio durante décadas.

Minambiente definió nuevas responsabilidades para fortalecer la conservación y recuperación del caimán llanero en Colombia. Crédito: Comunicaciones Facultad de Ciencias UNAL
En Colombia actualmente hay un programa para la preservación del caimán llanero a cargo del Ministerio de Ambiente, con la particiáción de la Universidad Nacional, Cormacarena, y el Instituto Humboldt.. Crédito: Colprensa.

Tres experiencias con liberación de caimanes adultos

Moreno participó en tres procesos de liberación de ejemplares adultos: en los ríos Guayabero, Manacacías y Guarrojo. En el primero, cuatro individuos, dos parejas, fueron monitoreados mediante dispositivos satelitales durante tres años. Durante ese periodo se pudo comprobar que permanecieron vivos y que, al tratarse de animales reproductivamente activos, cumplieron esa función dentro de la población.

En el Manacacías se realizó durante un año un seguimiento mediante telemetría de alta frecuencia. En el Guarrojo, según explicó Moreno, también se pudo comprobar durante al menos un año la supervivencia de cuatro hembras liberadas.

La diferencia, sostiene, es que el objetivo no era simplemente esperar a que los animales crecieran. “Al menos nos estamos ganando la probabilidad de que en un año tengan la posibilidad de poner un nido y hacer efectivamente lo que mejor saben hacer los cocodrilos, que es reproducirse”, dijo.

Moreno también recordó la experiencia venezolana para intentar salvar a los caimanes llaneros con la liberación de unos 9.000 ejemplares pequeños, sin embargo, esa acción no se tradujo en un cambio de tendencia para la población.

El caimán llanero, en medio de la discusión institucional

Este año se conoció la situación crítica de cientos de ejemplares mantenidos bajo cuidado humano en instalaciones de la Estación Roberto Franco y en el bioparque Merecure, vinculadas al programa de conservación. La Procuraduría intervino para promover una hoja de ruta entre las entidades responsables y señaló problemas relacionados con incertidumbre sobre qué actor institucional debía asumir la alimentación, atención veterinaria, infraestructura, reproducción y trazabilidad de los animales.

La reciente liberación de 17 ejemplares es, en ese sentido, el reinicio de un proceso que había estado suspendido desde 2024 por dificultades de coordinación institucional para definir nuevos lugares de reintroducción. Entre 2010 y 2024 fueron liberados 217 ejemplares, de acuerdo con información reportada por el Gobierno.

Para Moreno, sin embargo, esa cifra también muestra la necesidad de evaluar qué ha ocurrido con los animales después de cada liberación. Según sus cálculos, de aproximadamente 240 caimanes liberados en Colombia, solo unos 40 corresponderían a ejemplares reproductivamente activos bajo el enfoque que él defiende.

“No es esperando que como una lotería, soltando de 20 en 20, alguno de ellos logre reproducir”, cuestionó.
 

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