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Incendios forestales en Colombia: ¿por qué esta temporada es atípica y qué hacer con los ecosistemas afectados?
Los incendios forestales han afectado diferentes ecosistemas del país en medio de una temporada seca marcada por altas temperaturas y menores precipitaciones. Crédito: Instituto humboldt.
Medio ambiente

Incendios forestales en Colombia: ¿por qué esta temporada es atípica y qué hacer con los ecosistemas afectados?

Colombia atraviesa una temporada de incendios marcada por condiciones climáticas atípicas: menos lluvias, temperaturas más altas y vientos que están aumentando el estrés de los ecosistemas y favoreciendo la propagación del fuego. El Instituto Humboldt advierte sobre el impacto.

Por: Nataly Ríos

La actual temporada seca y de incendios en Colombia ocurre como parte de las condiciones asociadas a un fenómeno de El Niño de alta severidad, según explica el Instituto Humboldt. La combinación de menores precipitaciones, temperaturas elevadas y baja humedad en el suelo está llevando a que la vegetación y los suelos lleguen a estos meses en condiciones de mayor estrés, lo que facilita la aparición y propagación del fuego.

“Estamos en medio de lo que se ha denominado un Niño de alta severidad. Nuestros ecosistemas, nuestros suelos, llegan en situación de estrés por la menor lluvia”, explicó Hernando García, director del Instituto Humboldt.

El fenómeno está teniendo especial impacto en regiones como el valle de los ríos Magdalena-Cauca y el Caribe colombiano. Entre los ecosistemas más afectados se encuentra el bosque seco tropical, particularmente en los valles interandinos de la cuenca Cauca-Magdalena.

La situación genera preocupación porque este es uno de los ecosistemas más amenazados del país. De acuerdo con el Instituto Humboldt, más del 92 por ciento de su cobertura original se ha perdido y los remanentes que permanecen han enfrentado durante décadas procesos de transformación y fragmentación.

Además, los incendios no se limitan a zonas de vegetación natural. También alcanzan paisajes donde existen actividades agrícolas y ganaderas, viviendas y otros sistemas productivos, por lo que sus consecuencias pueden extenderse a las comunidades que habitan estos territorios.

Un incendio forestal consume la vegetación de una zona rural del Tolima, departamento que acumula varios focos activos en distintos municipios Foto: Gobernación del Tolima
Un incendio forestal consume la vegetación de una zona rural del Tolima, departamento que acumula varios focos activos en distintos municipios. Foto: Gobernación del Tolima

La importancia de conocer los factores de riesgo

Para entender la dimensión de los incendios actuales, no basta con contabilizar los eventos registrados. El Instituto Humboldt señala que es necesario analizar tres factores: frecuencia, extensión e intensidad.

En las condiciones actuales de sequía, el fuego puede abarcar superficies más grandes y generar impactos más profundos sobre la vegetación y los suelos. La intensidad también está relacionada con el nivel de sequedad que tenía el territorio antes de que comenzaran las llamas.

En este contexto, Tolima concentra una parte importante de la emergencia. Cerca de 30.000 hectáreas han sido afectadas por incendios en ese departamento, que concentra aproximadamente la mitad de los incendios forestales registrados en el país, según la información analizada por el Instituto Humboldt.

A esto se suma un comportamiento inusual de las temperaturas. Desde mayo de 2026 se han registrado anomalías que, de mantenerse la tendencia, podrían superar los extremos observados durante 2024 y 2025.

El análisis del Humboldt, realizado con información térmica satelital de la NASA, muestra además un cambio progresivo en el comportamiento de los puntos de calor. Aunque el incremento comenzó a hacerse visible entre mayo y junio, durante julio y agosto se produjo un aumento mucho más marcado, que llegó incluso a duplicarse en algunas regiones.

Las ciudades también enfrentan riesgos por altas temperaturas
Las ciudades también enfrentan riesgos por altas temperaturas, incendios y estrés sobre el abastecimiento de agua. Crédito: Redes sociales.

La mayoría de los incendios tienen origen humano

Aunque las condiciones climáticas aumentan la vulnerabilidad de los ecosistemas, el fuego no necesariamente comienza de manera natural. Según los análisis del Instituto Humboldt, el 99 por ciento de los eventos de fuego en Colombia está relacionado con causas humanas. Entre ellas aparecen las quemas agropecuarias, el turismo no gestionado y acciones como arrojar cerillas o colillas de cigarrillo.

Por eso, las condiciones de sequía y altas temperaturas funcionan como un factor que puede hacer que una actividad humana termine convirtiéndose en un incendio de mayor extensión o intensidad. “Los incendios están ocurriendo en territorios que tienen remanentes de bosque seco. Pero también se están dando en paisajes con una matriz productiva, ganadera o agrícola”, señaló García.

El director del Humboldt insistió en que la respuesta debe involucrar a las comunidades, empresas y autoridades que habitan y administran esos territorios, especialmente ante la posibilidad de que los eventos climáticos extremos sean cada vez más frecuentes.

Incendios en Tolima
El bosque seco tropical es uno de los ecosistemas que concentra actualmente una mayor afectación por los incendios en Colombia. Crédito: Redes sociales.

¿Qué ocurre con los ecosistemas después de un incendio?

Que las llamas sean controladas no significa que el impacto haya terminado. El fuego puede modificar la vegetación, eliminar hábitats, afectar la conectividad de los ecosistemas y alterar las condiciones del suelo.

No todas las especies reaccionan de la misma manera. Algunas plantas tienen mecanismos que les permiten recuperarse después de un incendio, como bancos de semillas en el suelo, capacidad de rebrote o adaptaciones particulares.

En el caso de la fauna, la situación puede ser más compleja. Mamíferos y aves pueden verse obligados a desplazarse hacia zonas que no fueron afectadas por el fuego: “La pérdida de cobertura vegetal también implica la pérdida de hábitat para diferentes especies y puede afectar la conectividad entre los remanentes de bosque”, explica José Manuel Ochoa Quintero, gerente del Centro de Estudios Socioecológicos y Cambio Global del Instituto Humboldt.

El fuego también puede afectar los suelos. Cuando alcanza una alta intensidad, puede reducir su capacidad para absorber e infiltrar agua. Esto puede generar consecuencias cuando regresen las lluvias, debido a cambios en la forma en que el agua llega a los ríos y a las condiciones del recurso hídrico que alimenta los acueductos.

“Perdemos los bosques, perdemos los rastrojos que son esos bosques del futuro y perdemos toda la vida que hace parte de esos bosques y, muy importante, perdemos esa capacidad de los suelos para retener el agua en época de lluvias”, advirtió García.

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Los incendios forestales han afectado a varios municipios del Tolima y más de 11.000 hectáreas, según las autoridades departamentales. Crédito: @cortolima.

Una amenaza que puede aparecer después: las especies invasoras

Uno de los llamados de atención del Humboldt está relacionado con lo que sucede en los territorios después del incendio. Las áreas quemadas no quedan vacías y algunas especies pueden colonizarlas rápidamente.

En las zonas de bosque seco preocupa especialmente la leucaena, una especie que el Instituto ha identificado con alto potencial invasor. Cuando se pierde la cobertura del bosque, esta planta puede dispersar sus semillas y ocupar rápidamente los espacios afectados, dificultando la recuperación de la vegetación nativa.

Una situación similar puede presentarse en los páramos con el retamo espinoso, particularmente cuando esta especie ya está presente en zonas perturbadas cercanas. También requieren atención especies como la acacia y el pino en tierras altas, y el trupillo y el aromo en ecosistemas secos.

Hernando García explicó que un ecosistema sano tiene mayores posibilidades de resistir la llegada de especies que no son nativas. Sin embargo, cuando un incendio elimina la cobertura vegetal, estas especies pueden colonizar los espacios quemados con mayor rapidez que las especies nativas. El riesgo, advierte el Instituto, es que la recuperación termine dominada por estas especies y no por la vegetación propia del ecosistema.

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La leucaena preocupa en las zonas de bosque seco porque puede colonizar áreas quemadas y dificultar la recuperación de la vegetación nativa. Crédito: Magnific.

No siempre es necesario sembrar después de un incendio

Uno de los principales mensajes del Humboldt es que la recuperación de un ecosistema no debe comenzar necesariamente con una jornada de siembra. Antes de intervenir, es necesario determinar qué ocurrió en el territorio, cuánto bosque se perdió, qué vegetación sobrevivió y cuál es su capacidad de regeneración.

Cuando todavía existen remanentes de bosque nativo alrededor de la zona quemada, estos pueden convertirse en una fuente de semillas y contribuir a la recuperación natural. “Para el caso de los bosques secos, después de los incendios que han afectado grandes coberturas asociadas a ese paisaje, la mejor medida es aislar la zona quemada”, explicó García.

El aislamiento permite reducir los llamados tensionantes, como el ingreso de ganado o el turismo no gestionado, que pueden impedir que el ecosistema se recupere. Además, la regeneración puede producirse a partir de semillas que permanecen en el suelo, especies que sobreviven al fuego y tienen capacidad de rebrote, o semillas que llegan posteriormente a través de la lluvia, el viento, el agua y los animales.

Cuando existen estas condiciones, puede ser más adecuada una restauración pasiva, con una intervención mínima. Pero no todos los territorios tienen la misma capacidad de recuperación. Si el incendio destruyó los remanentes de bosque que quedaban o la degradación es severa, puede ser necesario recurrir a una restauración activa, acompañada por autoridades ambientales, academia y conocimiento local.

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El fuego puede destruir hábitats y afectar la conectividad entre los remanentes de bosque, especialmente cuando alcanza corredores naturales. Crédito: Cortolima.

Ciencia para decidir cómo recuperar las zonas afectadas

Ante este escenario, el Instituto Humboldt concentrará parte de sus esfuerzos de investigación en el bosque seco tropical, con el objetivo de entender mejor los efectos del fuego y determinar qué estrategias pueden favorecer la recuperación de cada territorio.

La entidad analizará qué coberturas fueron afectadas —bosques nativos, bosques en regeneración o áreas prioritarias para restauración— y qué condiciones pueden favorecer o limitar su recuperación.

Para ello también se utilizarán sensores remotos e imágenes satelitales, incluida información proporcionada por la NASA, con el fin de establecer cuánto bosque se perdió, cuál era su condición antes del incendio y qué ocurrió con la conectividad de estos ecosistemas.

La información permitirá establecer dónde puede funcionar la regeneración natural y cuáles son las zonas que requieren una intervención más activa.

El mensaje del Humboldt es que no existe una fórmula única para recuperar un ecosistema después del fuego. La primera tarea, antes de sembrar, es entender qué se quemó, qué sobrevivió y qué necesita cada territorio para volver a recuperarse.

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 El Ocelote pasó un tiempo prolongado huyendo de las llamas y sufrió un proceso de inanición. Crédito: Cortolima.
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