
Manuela Ocampo y la herencia de ‘Teto’: una música para habitar, sanar y volver a la Tierra
Manuela Ocampo presentó en la Sala Fanny Mikey del Centro Nacional de las Artes su álbum ‘Ocasos y albas’, que se puede oír a través de la plataforma Bandcamp o en vinilo.
Por: Redacción Cambio
En la Sala Fanny Mikey del Centro Nacional de las Artes, una caja negra concebida para las artes expandidas, la escena era sencilla. Los músicos siempre en el mismo lugar y la protagonista de la noche, Manuela Ocampo, en el centro, en un escenario bordeado por algunas telas sobre las que se proyectaban figuras de colores. Al frente, a pocos metros, había un altar con alimentos y flores, rodeado de amigas de la cantante vestidas de rojo, como ella. En el piso, unos asistentes escuchaban sentados sobre esteras. El resto permanecía más atrás, en las sillas del auditorio.
Fue un concierto hipnótico. Por momentos tuvo algo de ceremonia con las personas de rojo llevando ofrendas al altar y conmemorando a la Tierra en uno de sus días: el 1° de agosto. “Hoy es el día de la Pachamama, de agradecer a la madre por todo lo que nos da y también para pedirle. Así que les pido que pongan ese pensamiento de agradecimiento por todo lo que nos sostiene en esta vida”, dijo Manuela pasadas unas pocas canciones. La tecnología de sonido inmersivo de la sala envolvía la música y se entendía que había que escuchar la música en silencio, con presencia. Era una forma de entrar al mundo de Ocasos y albas, un disco que habla de los ciclos de la vida, de la muerte, del amor, del duelo y de las preguntas que aparecen cuando una persona intenta entender cuál es su lugar en el tejido del mundo.
- Lea también El mapa musical de María Olga Piñeros-Lara
Para Ocampo, una de las posibilidades más poderosas de la música es su capacidad de abrir un espacio que no siempre puede explicarse con palabras. La música tiene algo de magia, como aquello que no se ve y no necesariamente como espectáculo.
Su relación con la música comenzó mucho antes de que pensara en hacerla su oficio. No estudió en una academia y más bien se relacionó con ella a través de la escucha, la intuición, la exploración de la voz y la guitarra, y de las conversaciones con músicos. También con los sonidos y ritmos presentes desde su infancia. A veces de Colombia y otras de lugares distantes y diversos, a veces extremadamente comerciales como de las que no escapa ningún adolescente, pero otras de las tradiciones del mundo.

El momento de decisión
Con estudios en platería y en historia, solamente cuando empezó con el teatro sintió que las canciones eran una forma auténtica de expresión y empezó a escribir. Ocampo tampoco aprendió la música desde la comodidad de dominar una técnica. Al contrario, parte de su proceso ha consistido en preguntarse qué puede hacer con aquello que sabe y con aquello que no sabe. En la guitarra, por ejemplo, reconoce sus limitaciones técnicas, pero no las entiende necesariamente como carencias. Son parte de un camino distinto.
Su primer álbum, Casa, nació de manera casi doméstica. Lo grabó con su amigo Santiago Sandoval en su casa y con su padre, 'Teto' Ocampo. No había una estrategia de lanzamiento ni grandes expectativas. La música simplemente encontró una forma de salir. Después vendría la decisión consciente de continuar haciendo canciones.
Pero entre aquella primera experiencia y Ocasos y albas hay algo más que una evolución musical. Hay una manera particular de entender qué es la música y, sobre todo, qué no tiene por qué ser.
La herencia Ocampo
En el resultado de las convocatorias públicas del Festival Jazz al Parque 2026, se lee entre los aspectos a resaltar de las agrupaciones ganadoras que un porcentaje significativo de las propuestas muestra la influencia del legado artístico de Ernesto 'Teto' Ocampo en varios de los grupos.
En Manuela, esa influencia no se ve necesariamente en una fórmula musical. Compositor, guitarrista, productor y, como ella misma lo define, pensador y 'musiquero', 'Teto' entendía la música como un oficio que iba mucho más allá de hacer discos o producir canciones. Una de sus grandes búsquedas fue cuestionar las formas occidentales de entenderla y acercarse a otras maneras de relacionarse con el sonido, con el territorio y con la vida.
Para algunas comunidades y pueblos indígenas, explica Manuela, la música no está separada de la existencia cotidiana ni funciona solamente como entretenimiento. Hace parte de una comprensión más amplia de la vida. Esa mirada está presente en los intereses de Ocampo y en su manera de acercarse a la creación.
- Lea también Saavedra, una voz que perdura en el tiempo
La herencia de su padre, entonces, no consiste en hacer la misma música que él hacía, sino en haber recibido la pregunta de para qué sirve la música. La respuesta está lejos de la lógica del espectáculo y, en ese lugar distante del frenesí de la industria, la música puede ser una herramienta para conectar con otros mundos, para sanar, una búsqueda sobre la belleza, la naturaleza, la muerte, el duelo y aquello que sostiene a una persona cuando atraviesa los momentos difíciles.

Llegan los Ocasos y albas
El álbum presentado en el CNA comenzó a tomar forma después del regreso de Manuela de vivir en Barcelona, en julio de 2023. La idea de cómo grabarlo apareció gracias al productor Richard Blair, quien le propuso tocar en vivo, grabar en bloque y evitar el procedimiento de construir las canciones a partir de pistas superpuestas.
El proceso incluyó laboratorios de escucha atenta. En cada sesión se interpretaba la música en vivo y se exploraba cómo cambiaba al ser tocada una y otra vez. El ejercicio también permitió pensar el universo visual del álbum y cómo generar condiciones para que quien escuchara pudiera estar realmente presente.
Después de cada laboratorio, Ocampo trabajaba con sus amigas del colectivo Mamífera sobre las letras y los temas, los símbolos, las preguntas, las correspondencias. El álbum terminó reuniendo ocho canciones, con un orden que importa y que cuenta.
El título de la obra contiene una de sus claves. El ocaso y el alba son momentos de transición. Para Ocampo, esos ciclos aparecen una y otra vez en los años, los solsticios, los equinoccios, los ciclos menstruales, los ciclos astrológicos, los cumpleaños. La vida se mueve en ciclos y la muerte también pertenece a ese movimiento.
Ocasos y albas, producido por Polen Records, fue lanzado en exclusiva en Bandcamp y en vinilo, una apuesta que responde a la misma lógica que atravesó todo el proceso de desacelerar la relación con la música y evitar, por ahora, su circulación inmediata en las grandes plataformas.
No se trata simplemente de llevar las ocho canciones a un soporte analógico. El vinilo es una edición de lujo, pensada como un objeto a la altura del tiempo y el cuidado que tomó construir el álbum.
Y quizá por eso aquella noche en la Sala Fanny Mikey tenía algo de ritual. El público sentado en el suelo, las telas, el altar, la oscuridad y el sonido envolvente no eran simplemente elementos de una puesta en escena. Eran parte de una misma pregunta: ¿qué ocurre cuando la música deja de ser solamente algo que se escucha y se convierte en un lugar en el que se puede estar?
Lea los comentarios







