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Grupo de alumnas de la Academia Nacional de Música
Grupo de alumnas de la Academia Nacional de Música (finales del siglo XIX), fotografía tomada de la 'Historia de la Música en Colombia ' de José Ignacio Perdomo escobar.
Cultura

Las mujeres que hicieron historia en la música colombiana y aún esperan ser escuchadas

Melissa Vargas y el Festival de Mujeres en la Música Nueva le sirven de pretexto al músico y gestor cultural David Feferbaum para recordar a varias de las grandes compositoras e intérpretes colombianas, varias de ellas olvidadas por no formar parte de la historia oficial.

Por: David Feferbaum

Una aproximación personal, no sustentada en análisis rigurosos de participación comparativa sino en mi experiencia y apreciación en el campo de la música, que incluye conocimientos y vivencias más allá de lo nacional, me reafirma en la opinión de que, en su desarrollo musical tanto popular como erudito, Colombia ha tenido, en general, una sustancial participación femenina, superior a la observada en otros países, incluso aquellos con mayor desarrollo musical.

Si bien esta nota se relaciona más con la música erudita, comienzo por hacer mención a la expresión folclórica y popular. Si miramos la segunda mitad del siglo pasado y en particular lo que va corrido del actual, veremos que la mujer es parte fundamental de sus logros, con un reconocimiento nunca antes alcanzado. Destacadas intérpretes anteriores de lo folclórico o popular —como Berenice Chávez, Delia Zapata, Petrona Martínez, Leonor González Mina o Totó la Momposina— o más recientes —como Andrea Echeverri, Shakira o Karol G— superan en acogida a la mayoría de sus contrapartes masculinos, algo impensable hasta mediados del pasado siglo. En un claro ambiente de tendencia machista, una Berenice Chávez o una Matilde Díaz, para dar un ejemplo, fueron más populares que muchos de sus pares. Es más, los eventos de las nuevas artistas se han transformado en serias operaciones económicas antes inimaginables y difícilmente vinculadas a mujeres.

Ahora bien, hablando de la música erudita —cuyos parámetros de popularidad o proyección internacional son del todo diferentes a los de la expresión popular— hay que empezar por decir también que, en muchos casos, desde el siglo XIX, la presencia y el aporte de la mujer han sido fundamentales en su desarrollo.

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Faccímil de una página del libro Historia de la música en Colombia, de José Ignacio Perdomo Escobar, donde se publicó esta fotografía de alumnas de Metodología, de 1935.

En términos generales, el número de compositores más recordados del siglo XIX es corto, destacándose José María Ponce de León (1845-1882) y Julio Quevedo Arvelo (Chapín) (1829-1896), a quienes se suma, pese a fallecer casi a mediados del siglo XX, Teresa Tanco de Herrera (1859-1946), quien debutó en la sala Pleyel de París con críticas favorables, y de quien se menciona ante todo su zarzuela Similia Similibus (*), estrenada en 1883, aunque no así el resto de sus composiciones que, como ocurre a menudo, permanecen en el olvido o desaparecieron en algún momento. En el pasado, como hemos señalado en otras notas, los medios escritos publicaban partituras de los compositores de la época, con profundo significado e impacto. En el caso de esta compositora, el Papel Periódico Ilustrado —esa fundamental publicación cultural colombiana, creada por Alberto Urdaneta en Bogotá, que circuló por entre 1881 y 1888, no fue ajeno a su obra.

Pese a muchos escritos, el paso del tiempo no ha cambiado mi opinión sobre lo importante de la Historia de la música en Colombia de José Ignacio Perdomo Escobar, obra que vio su primera versión por allá en 1938, como parte del inigualable Boletín Latino-Americano de Música, que sigue dando pie para profundas investigaciones aún pendientes. Por ejemplo, en la página 535, de la sección sobre la historia de la Academia Nacional de Música (ANM), Perdomo incluye una fotografía del “grupo de alumnas de la ANM (fin de siglo)” (**), 69 figuras de diversas edades. Más adelante, en la página 553, aparecen las “alumnas de Metodología en 1935 junto con Gustavo Santos, director ad honorem del plantel”, 23 estudiantes de edad muy similar. De los muchos años en que he tenido contacto con el Conservatorio Nacional de Música, difícilmente recuerdo una representación femenina tan numerosa, aunque, como he dicho, todo esto demanda mayor investigación y un análisis detallado de cómo en esa pequeña sociedad de 1907 o en la Bogotá de 1935, se da ese número de alumnas de música que, posiblemente como educadoras y/o madres de familia, llegaron a influir en la “sociedad musical” del momento (***).

Pianistas colombianas del siglo XIX

Lo que resulta indiscutible es que ya, a mediados del siglo pasado, la mujer es un aporte fundamental en el entorno de la música erudita y en particular del piano. Aquí resulta imposible hablar de este instrumento sin mencionar a Lucía Pérez (1900-1974), la destacadísima pianista de la Escuela Normal de París —con diploma firmado por Alfred Cortot (1877-1962)—, creadora de una tradición pianística del más alto nivel, considerada “maestra de maestros”. Otro tanto sucede con Anna María Penellla, Tatiana Gontscharowa, Hilde Adler, Elvia Mendoza, Blanca Uribe o Teresita Gómez. De las muy pocas mujeres que hubo en nuestras primeras orquestas, llegamos hoy a una participación sustancial. Y en el campo de la composición, hay que recordar el impacto de Jacqueline Nova (1935-1975), la pionera compositora de vanguardia cuyo trabajo se verá complementado más adelante por creadoras como Catalina Peralta, Alba Fernanda Triana y otras de los años setenta —Amparo Ángel, Ana María Romano, Natalia Valencia, Carolina Noguera y Juanita Delgado— u ochenta —Melissa Vargas, Michel Abondano o Violeta Cruz— una extensa lista imposible de citar.

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Melissa Vargas ha compilado su proyecto fundamental sobre este tema en la publicación Compositoras y creadoras musicales en Colombia, incomparable reconstrucción histórica de esta significativa participación en el país. Sin embargo, yo pienso que este trabajo es superado por otro proyecto, también creado y dirigido por ella: el Festival de Mujeres en la Música Nueva.

Respuest a condiciones inequitativas

En el país ciertos hechos trascendentales pasan a menudo desapercibidos, a excepción de quienes hacen parte de ellos, y solo más tarde son reconocidos. Aunque seguro el festival no será el último de estos casos, espero trasmitir una idea de su desarrollo y sus logros.

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En una nota sobre la razón de ser del Festival de Mujeres en la Música Nueva, Melissa señala que, como con tantos otros logros, este “nace como como respuesta a las condiciones inequitativas, desiguales y la brecha de género, que se vive a cotidianamente en el medio de la música en Colombia y el mundo, en todas las prácticas musicales. Este espacio pretende reconocer y visibilizar el trabajo de las mujeres en la música académica contemporánea y experimental, abriendo, además, posibilidades de estimular la creación y la colaboración entre intérpretes, compositoras y demás agentes del ecosistema musical”. En otro aparte, detalla algunos de sus alcances: “En Colombia, y en la mayoría de América Latina, la presencia de las mujeres en la música académica es numerosa y de altísimo nivel profesional”, pero agregando que “lastimosamente el apoyo, la divulgación, las oportunidades laborales, y la difusión de su trabajo son insuficientes o casi nulos. Un ejemplo es la falta de programación de obras de compositoras en la mayoría de los eventos de música académica en el país. Podemos ver que en instituciones como la Orquesta Filarmónica de Bogotá, en los años 2016, 2017 y 2018 se realizaron alrededor de 300 conciertos, en los cuales no se interpretó ninguna obra de compositoras para orquesta sinfónica, orquesta de cuerdas o conjunto de cámara”.

El Festival de Mujeres en la Música Nueva también ha venido desarrollando una notable actividad académica. En 2020, año de pandemia, realizó el proyecto Educación Musical con Enfoque de Género, gracias a una alianza con la Filarmónica Joven de Colombia, la Fundación Bolívar Davivienda, el Ensamble CG y el Círculo Colombiano de Música Contemporánea. 

Aunque con cifras diversas y, a veces, mayor dramatismo, podemos decir lo mismo de otros entes musicales, sean orquestas como la Sinfónica Nacional de Colombia o las de otras ciudades, que hacen parte de la Asociación Nacional de las Artes (ANA) del Ministerio de Cultura, o las de salas de concierto o festivales musicales como el de Cartagena.

Nuevos espacios para las mujeres compositoras e intérpretes

El primer año de estas actividades se inició con el Festival Sonora 2017, realizado gracias a invitaciones directas a compositoras e intérpretes, que permitió no solo asumir el nombre Festival de Mujeres en la Música Nueva en 2018 sino estructurar una primera convocatoria de obras. En 2019 se amplió el criterio de convocatoria, combinándola con invitaciones (comisiones de obras), que se replicó en 2020 y 2022 debido a que durante la pandemia no hubo actividad. En 2023 y 2024 se lanzaron convocatorias para distintos formatos, a medida que intérpretes se acercaron al festival para ampliar el repertorio de sus instrumentos o grupos. En consecuencia, tenemos que de cinco obras que llegaron en 2018, se pasó a 25 en 2019, a 87 en 2020, a 199 en 2022, a 137 en 2023 y a 222 en 2024. En 2025 no hubo convocatoria. La de 2026 está en curso.

Desde el inicio, el Festival de Mujeres en la Música Nueva ha realizado conciertos anuales que acogen obras escogidas de las convocatorias o las comisiones, con un repertorio de carácter mundial que muestra incontables facetas creativas, tanto académicas como experimentales. Un resumen de lo presentado hasta 2025, estrenos en su mayoría, da la increíble cifra de 142 composiciones que, según nacionalidad de las compositoras y su mayor participación, resultan en 46 obras colombianas, 21 mexicanas, 13 estadounidenses, 12 argentinas y siete bolivianas.

El FMNM ha consolidado tal cifra de partituras que hoy no solo destacan las obras estrenadas, sino el número de intérpretes que se han especializado en esta música, gracias ante todo a las actividades del Círculo Colombiano de Música Contemporánea (CCMC), e investigan este repertorio para ofrecer nuevas obras de compositoras de todo el mundo.

Hoy, contamos, entre muchas, con directoras como Lina González-Granados, Cecilia Espinosa Arango, Ana María Patiño-Osorio, María Camila Barbosa, Paola Ávila o Elizabeth Vergara Gallego, quien en estos días asume como directora asistente de la Orquesta Filarmónica de Bogotá

El Festival de Mujeres en la Música Nueva también ha venido desarrollando una notable actividad académica. En 2020, año de pandemia, realizó el proyecto Educación Musical con Enfoque de Género, gracias a una alianza con la Filarmónica Joven de Colombia, la Fundación Bolívar Davivienda, el Ensamble CG y el Círculo Colombiano de Música Contemporánea. Consistente en clases magistrales virtuales sobre técnicas actuales, produjo cuatro videos con la participación de diversos intérpretes y la dirección de Rodolfo Acosta, en que cabe destacar se citaron obras de 42 compositoras, tanto de oriente como de occidente.

A lo largo de sus actividades, sean charlas previas a los conciertos, conversatorios especiales, conferencias o clases magistrales, el Festival de Mujeres en la Música Nueva ha profundizado en el análisis de la perspectiva de género en el campo musical, la musicología de género o el trabajo puntual de creadoras latinoamericanas. Otro objetivo ha sido compilar obras de compositoras en cuatro listados de reproducción, alojados en plataformas de streaming, como son Compositoras de música contemporánea América Latina Vol. I, PopUpArt & Festival de Mujeres en la Música Nueva, Compositoras + @s y Voces de mujeres - Obras corales escritas por mujeres de Iberoamérica.

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Para terminar, el Festival de Mujeres en la Música Nueva también ha logrado publicar dos producciones discográficas, resultantes de una selección de la respectiva versión del festival: Los cantos de las amazonas del cuarteto de guitarras Atemporánea y Transducciones, Obras para viola, violín y electrónica, interpretadas por Juan Carlos Higuita.

Como vemos, mucho ha cambiado desde la época de Antonia Brico (1902-1989), primera mujer en dirigir la Filarmónica de Berlín en 1930, y su lucha para hacerse un lugar en este terreno dominado por hombres, a hoy día, cuando el número de directoras es muy alto. Mucho también desde cuando Elsa Gutiérrez, nuestra muy admirada directora de coros y cantante, dirigió la Orquesta Sinfónica de Colombia en 1972, o desde la presencia frente a la Orquesta Filarmónica de Bogotá de Carmen Moral o Ligia Amado —la primera iniciando su periodo a fines de los noventa, la segunda en 2014—. Y hoy, cuando contamos, entre muchas, con directoras como Lina González-Granados, Cecilia Espinosa Arango, Ana María Patiño-Osorio, María Camila Barbosa, Paola Ávila o Elizabeth Vergara Gallego, quien en estos días asume como directora asistente de la OFB. Igual que con las compositoras, no es posible incluir aquí su lista.

Cambio similar ha ocurrido desde cuando las orquestas difícilmente tenían mujeres en sus atriles a la situación actual, en la que en muchas ya son mayoría. O desde la existencia de orquestas femeninas, como la creada por la Filarmónica de Bogotá.

Hay que señalar que a Melissa Vargas la acompaña un buen número de colaboradoras que bajo su dirección han podido realizar las actividades mencionadas —no incluidas para evitar omisiones—, sin las cuales no se hubieran logrado estas metas.

No dudo que el lector estará de acuerdo con lo dicho sobre la trascendencia del Festival de Mujeres en la Música Nueva, así como con su extrañeza por el desconocimiento general de logros tan significativos. Creo que tan admirable labor contrasta con la ausencia de las entidades oficiales en cuanto a la generación de políticas similares o el apoyo a aquellas instituciones que lo están haciendo.

Nota del Editor: David Feferbaumm, además de gestor cultural, es compositor e intérprete de música electrónica, uno de los pioneros del género en Colombia.

(*) Gracias a los trabajos de investigación del doctor Rondy Torres, de la Universidad de los Andes, en las notas del programa de mano de la presentación de la zarzuela, este la llama “la decana de las compositoras colombianas del siglo XIX”.
(**) En publicación posterior, Perdomo reporta 1907 como el año de la fotografía
(***) Cabe destacar los trabajos de Martha Lucía Barriga Monroy como: Historia de la Academia de Música en Bogotá de 1899 a 1919, Educadores Musicales en Bogotá a fines del siglo XIX y principios del XX o Entre tiples y pianos, la mujer y la educación musical en la sociedad bogotana 1880-1920.

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