
Las luces y sombras de la política de drogas para los próximos diez años en Colombia
En El Tambo, Cauca, el Gobierno presentó la nueva política de drogas ante un público campesino e indígena que vive de los cultivos cada vez menos rentables. La promesa es el cambio del paradigma de la fallida lucha contra el narcotráfico, implementar un enfoque de salud pública y crear productos legales que contengan la hoja, aunque seguirá habiendo militarización y erradicación voluntaria.
Por: Pía Wohlgemuth N
Cuando amanece, poco antes de las seis de la mañana, Andrea Rivera, de Cajibío, Cauca, lleva más de dos horas despierta. Se levanta todos los días a las tres de la mañana para alistar la comida del día de ella y otros trabajadores, y alistarse para una jornada intensa de trabajo en cultivos de coca. A veces se dedica a sus dos hectáreas, pero cuando no hay suficiente para hacer, o nada, en su porción de terreno escaso, alguien más la contrata.
Tiene 32 años, no mide más de 1,65 metros, su piel es morena, su pelo es negro, grueso, y tiene pecas y ojos oscuros, grandes, que brillan con cierta inocencia triste. “Solo llevo tres años en esto –dice sonriendo con pesadumbre–, antes me dedicaba al café, a la caña, a la molienda, pero en el campo no hay buena paga, no hay oportunidades”.
Rivera tiene dos hijos: una bebé de 7 meses y uno de 3 años. El papá no está, y ella es quien se encarga de todo. La plata le alcanza apenas para sostener el hogar, aun ahora que vive de la hoja: “En este tiempo está muy mala la compra, la coca ya no está siendo rentable, la coca se fue al piso”.
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