
Tik tok, Instagram y reguetón: la nueva generación de esmeralderos que quiere despojarse del fantasma de la violencia
Lejos de los zares y los patrones de camionetas y vidas misteriosas, jóvenes comerciantes de esmeraldas encontraron en las redes sociales una forma de mercado cada vez más exitosa, al punto de que tienen clientes de Estados Unidos, Europa y Asia. ¿Cómo obtener ingresos con las piedras preciosas de Boyacá y que la plata se quede en Colombia?
Por: Mateo Muñoz
En la Plazoleta del Rosario en Bogotá, hasta las palomas participan en el comercio de esmeraldas. La leyenda dice que, si una piedra cae al piso, estas aves correrán a comérsela. “Imagínese, en el buche de alguna debe haber 10 o 20 millones de pesos (risas)”, dice Ramón*, un vendedor sesentón de bigote espeso, zapatos de cuero, jeans azul rey y chaqueta de gamuza caqui con un potro grabado en la espalda. En la mano sostiene una hoja blanca tamaño carta que envuelve cinco piedras, cada una valorada en dos millones. Si logra vender al menos una, habrá pollo asado, cerveza y billar. No recibe tarjetas, Nequi o Daviplata. Todo es en efectivo contante y sonante. Tampoco sabe qué es Tik Tok, Instagram o Facebook. Lleva 20 años en el mismo lugar y trabajando de la misma manera. Pero las ventas son cada vez más difíciles. No es claro si es por más competencia o por menos demanda. Lo cierto es que algo pasa y no sabe qué es.

Ramón es hijo de una forma de ver al negocio cada vez más anticuada. Creció y envejeció con zares y patrones. Sabe al dedillo la historia de los Carranza, los Murcia y los Molina, las familias que acapararon un negocio multimillonario en los ochenta y los noventa dejando al margen a decenas de esperanzados comerciantes que anhelaban 'enguacarse'. “Pero qué hacemos si dos lo quieren todo. De la torta no reparten más que migajas. Come el que alcanza y el que no a chuparse el codo”, dice el corrido Capo Moderno de 2001, interpretado por Jimmy Gutiérrez.
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