
7,4: la magnitud del horror
Hombre lucha por sostenerse minutos después del terremoto en Cali. Crédito: Daniela López - CAMBIO.
El terremoto del pasado 10 de agosto dejó ciudades heridas, edificios convertidos en escombros, familias rotas y una multitud empeñada en buscar vida debajo del concreto. Esta es una crónica escrita en el lugar de la tragedia.
Saber que el muerto era un hombre se convirtió en una buena noticia.
Los bomberos acababan de sacar un cuerpo de entre los escombros de uno de los edificios de la Urbanización Torres del Limonar, en el barrio Capri, sur de Cali. Lo pusieron en una camilla y delante de ellos cientos de voluntarios se apartaban y volvían a cerrarse, como si entre todos fueran abriendo una calle. Entraron a un patio ubicado en frente. El cuerpo iba cubierto. Detrás de la camilla corrieron tres mujeres.
Una de ellas se adelantó. Las otras dos siguieron detrás, juntas, abrazándose, esperando reconocer un rostro, un anillo, una prenda, cualquier cosa que acabara con la incertidumbre, aunque fuera un rato, aunque fuera para darle paso al sufrimiento o a más incertidumbre. La primera llegó hasta el patio y regresó.
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