
¿Quién es el filántropo que acompañó a Shakira a Chocó? Howard Buffett y su histórica relación con Colombia
Shakira y el hijo de Warren Buffett recorrió el Chocó, uno de los departamentos más destruidos por el terremoto, y prometieron diez colegios nuevos. Esta es una nueva historia en una relación que lleva casi veinte años en construcción: desminado humanitario, erradicación de cultivos ilícitos e, incluso, una ciudadanía colombiana.
El lunes 17 de agosto, una semana después de que la tierra se moviera bajo el Chocó, Shakira apareció en Quibdó. Llegó al Colegio Tecnológico Industrial Carrasquilla, el más grande del departamento, donde un grupo de niños la esperaba entre paredes agrietadas y salones que el sismo dejó inservibles.
La gobernadora, Nubia Carolina Córdoba, recibió a la cantante con alcance mundial con un triste diagnóstico: hay un sinfín de aulas y colegios caídos, así como centenares de estudiantes sin acceso a educación, a pesar de la promesa del ministro del Interior, Rodrigo Lara, de dar clases a distancia.
Al lado de la cantante, discreto, con gafas y sombrero, caminaba un hombre de 71 años. Se llama Howard Graham Buffett y es el hijo del medio de Warren Buffett, uno de los inversionistas más ricos del planeta. Shakira anunció que su Fundación Pies Descalzos, junto a Buffett, levantará diez escuelas nuevas solo en el Chocó. Ella misma contó cómo lo convenció: “Le dije: ‘¿Me acompañas a Chocó?’ Y me dijo: ‘¿Cuándo?’”.
Buffett no llegó como un extraño movido por la coyuntura, pues lleva casi dos décadas metido en el país, con un pasaporte colombiano en el bolsillo y una cuenta de donaciones que supera los 160 millones de dólares. Para entender qué hacía ese millonario estadounidense entre los escombros del Pacífico hay que devolverse a Nebraska.
Un legado corporativista: el hijo del medio
Howard Graham Buffett nació en Omaha el 16 de diciembre de 1954 y es el segundo de los tres hijos de Warren Buffett. Se hizo agricultor antes que empresario y esa sigue siendo la identidad que sostiene. Maneja una finca familiar de 1.500 acres en Illinois, otra de 400 en Nebraska y supervisa cerca de 9.500 acres de granjas de investigación de su fundación repartidas en Arizona, Illinois y Nebraska. Es un defensor obsesivo de la labranza cero — método de cultivo en el que se siembran las semillas directamente—, viaja con una cámara al hombro y ha publicado libros, tanto de fotografía como sobre la fauna y el hambre en el mundo.
En 1999 creó la Howard G. Buffett Foundation, hoy una de las mayores fundaciones privadas de Estados Unidos, que ha desplegado más de 3.700 millones de dólares en tres frentes: seguridad alimentaria, mitigación de conflictos y lucha contra la trata de personas. Solo en 2023 destinó 457,9 millones de dólares a cooperación para el desarrollo.
Pero el apellido pesa también en otro terreno: el financiero. Buffett integra la junta directiva de Berkshire Hathaway desde 1992 y en mayo de 2025 su padre lo ungió públicamente como su sucesor en la presidencia no ejecutiva del conglomerado, el imperio que Warren construyó con participaciones en Apple, Coca-Cola y American Express. Antes se sentó en las juntas de Coca-Cola, Archer Daniels Midland y Conagra.
Un pasaporte por la paz
A Colombia empezó a llegar plata suya después de 2016, con la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno y las Farc. Ese año su fundación desembolsó 38 millones de dólares para la Brigada de Desminado Humanitario del Ejército, a los que sumó luego otros 22 millones. Fue la primera vez que la filantropía privada financió directamente el desminado del Estado colombiano.
En 2019, el filántropo planteó, para el Catatumbo, un plan de hasta 200 millones de dólares para sacar la coca de Tibú y convertir el municipio en un laboratorio de construcción de Estado. Ha donado cerca de 16 millones para vías terciarias, respaldó una iniciativa de 12,4 millones para empleo juvenil y aportó otros 8 millones a programas de paz. Su fórmula favorita es la titulación de tierras a cambio de que los campesinos reemplacen voluntariamente la coca por cultivos legales como el cacao, de la mano de la ONG Mercy Corps.
En octubre de 2021, el entonces presidente Iván Duque le entregó la ciudadanía colombiana, en Washington, como reconocimiento a sus aportes. El Estado también lo ha condecorado con la Orden de San Carlos y la Gran Cruz de la Orden del Mérito.
Shakira, la puerta de entrada
Todo ese camino colombiano empezó, en realidad, por la propia Shakira. En 2008, la cantante le invitó al país de la mano de su Fundación Pies Descalzos para levantar colegios en Barranquilla y Cartagena. El primer aporte, rondó los 4 millones de dólares. Desde entonces no ha dejado de trabajar con ella. La obra más reciente y visible de esa sociedad es el megacolegio de Tibú, en Norte de Santander, entregado tras una inversión conjunta de 21.335 millones de pesos —11.521 millones del Gobierno Nacional y 9.814 de Pies Descalzos— para 1.200 estudiantes en una de las regiones más golpeadas del país.
La revista Time, que este año lo incluyó en su lista de los cien filántropos más influyentes del mundo, destacó justamente esa alianza con la fundación de la artista. Por eso, cuando la tierra se movió en el Chocó, Shakira no dudó a quién llamar. “Él ama nuestro país; me ha acompañado durante tantos años”, dijo en Quibdó.
Carrera política y su obsesión con la frontera
El ‘background’ político de Buffett está ligado al partido republicano. Viene de una dinastía política del partido: su abuelo, Howard Homan Buffett, fue congresista republicano por Nebraska durante cuatro periodos entre los años cuarenta y cincuenta. Él mismo hizo carrera pública bajo esa bandera, a pesar que ha hecho algunas donaciones a campañas demócratas, como la de Obama. Fue elegido comisionado del condado de Douglas, en Nebraska, entre 1989 y 1992. Pasó veinte años en la Comisión de Debates Presidenciales de Estados Unidos y fue designado en varios comités de comercio del país.
Pero su causa personal es la frontera con México. Es dueño de dos ranchos en el condado de Cochise, en el sureste de Arizona, uno de ellos a apenas 300 metros de la línea divisoria. En su libro Our 50-State Border Crisis sostiene que la porosidad de esa frontera alimenta la epidemia de drogas que mata a miles de estadounidenses, un argumento que es central en la agenda dura del republicanismo, y en 2015 lo defendió ante el Comité de Seguridad Nacional del Senado.
Según una investigación del semanario Phoenix New Times, él ha entregado alrededor de 30 millones de dólares a la oficina del sheriff de Cochise y a grupos afines: unidades de inteligencia antinarcóticos, centros de entrenamiento con polígono de tiro, equipos de vigilancia, armas e incluso un helicóptero. Se volvió el principal financiador de un grupo privado de voluntarios al que surtió de camionetas, chalecos antibalas y fusiles, y entre 2017 y 2018 él mismo fue sheriff del condado de Macon, en Illinois, tras donaciones millonarias a esa oficina.
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