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Poder

La regresión de Íngrid Betancourt

Ingrid Betancourt después de su regreso a Colombia.

A nadie sorprende que haga campaña con un discurso contra la corrupción, pero sí que Íngrid vuelva a ser la política altisonante que fue imbatible en la arena electoral hasta su secuestro en 2002.

Por: Alfredo Molano

Por Alfredo Molano Jimeno

La transformación repentina que sufrió Íngrid Betancourt al darle un portazo en las narices a la Coalición de la Esperanza, le hizo recordar al país a la política estridente de antes de su secuestro en 2002, cuando repartía condones en los semáforos y acusaba de corruptos desde el presidente para abajo. Su súbita decisión de lanzarse a la Presidencia de la República le asestó un golpe mortal al esfuerzo que, para llegar unidos, adelantaron por meses los principales líderes del denominado centro político. En esta jugada, Íngrid tuvo una metamorfosis, o bien podría decirse que sufrió una regresión. De la voz conciliadora y atemperada que servía como garante de un proceso de unificación, pasó a convertirse en una decidida candidata a la presidencia que, haciendo las veces de juez moral, define quiénes de sus antiguos compañeros son clientelistas y quiénes no.

Su súbita decisión de lanzarse a la Presidencia de la República le asestó un golpe mortal al esfuerzo que, para llegar unidos, adelantaron por meses los principales líderes del denominado centro político.

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