
'A pesar del escrache, las cosas siguen igual': las fallas en el protocolo de género del Congreso
La reciente denuncia de presunto acoso sexual que radicó Tania Acero en contra de un compañero de trabajo, demuestra las fallas en la ruta de violencia de género en el Congreso. Congresistas y funcionarias piden más atención y medidas eficaces para lograr entornos más seguros.
Por: Claudia Quintero
“Al Congreso, como institución, lo llamo a hacer realidad lo que dicen. A ejecutar las rutas que tienen y a proteger a las mujeres”, dijo Tania Acero en un video el pasado 2 de abril. Justo ese día, y con ese discurso, ella hacía público que en el Congreso no se atendió de manera correcta su denuncia de presunto acoso, abuso y violencia sexual por parte de un compañero de trabajo. Mientras tanto, las plenarias de Cámara y Senado se llenaron de pancartas que hacían alusión a proyectos en defensa de los derechos de las mujeres.
La joven advirtió que en estos casos, en el Congreso debería activarse una ruta de atención. Su primer contacto con ese mecanismo fue el 22 de diciembre de 2024. Desde entonces, dice Acero, solo recibió una llamada en la que no le dieron mayor atención. Como este caso, hay más que no se conocen porque no todas las personas se atreven a denunciar. Algunas temen que sus agresores tomen represalias; otras, el costo laboral y psicológico que supone hacer pública una denuncia de estas características.
“Hay un silencio cómplice y complejo en relación con lo que ellas denuncian. Siempre es difícil denunciar y aún más que le crean. Siempre le echan la culpa a las mujeres”, aseguró la representante Alexandra Vásquez, integrante de la Comisión Legal para la Equidad de la Mujer. Todo esto muestra que también hay fallas en el protocolo de violencia de género que funciona en el Congreso. Es un reclamo que hacen las mismas congresistas y funcionarias.
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