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Cielo Rusinque, superintendente de Industria y Comercio y ministra encargada de Justicia de la administración del presidente Gustavo Petro. Foto: Colprensa.
Poder

“En la izquierda también hay cuadros técnicos y personas preparadas”: Cielo Rusinque

Cielo Rusinque, superintendente de Industria y Comercio y ministra encargada de Justicia de la administración del presidente Gustavo Petro. Foto: Colprensa.

La superintendente de Industria y Comercio y ministra encargada de Justicia hace un balance del primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia, defiende los resultados de su gestión, responde a las críticas sobre los nombramientos de última hora y explica por qué, por ahora, no es tiempo de hablar de aspiraciones a cargos de elección popular.

Por: Armando Neira

Cielo Rusinque (Bogotá, 1978) es la superintendente de Industria y Comercio y ministra encargada de Justicia del Gobierno de Gustavo Petro. Es abogada de la Universidad Externado de Colombia y realizó estudios de posgrado en la Universidad de París y en la Universidad Panthéon-Assas (París II). En entrevista con CAMBIO, hace un balance de la primera experiencia del Pacto Histórico en el poder, habla de los resultados de su gestión y sostiene que el Gobierno fue sometido a un escrutinio más severo por tratarse de una administración de izquierda.

CAMBIO: A punto de terminar el mandato del Gobierno del Pacto Histórico, ¿cuál es su balance?
CIELO RUSINQUE: A título personal, el balance es satisfactorio. Me llena de orgullo haber acompañado al presidente en una apuesta de gobierno con la que me sentí plenamente identificada, y por eso he decidido permanecer hasta el final del mandato.

CAMBIO: Se le ve satisfecha.
C. R.: Lo estoy. Las distintas responsabilidades que el presidente Petro me delegó me permitieron adquirir una experiencia invaluable. Por supuesto, siempre quedan aprendizajes y asuntos que uno habría querido hacer mejor, pero también hay que entender las limitaciones de un periodo de cuatro años: el primer año se ejecuta en buena medida el plan heredado; luego viene la puesta en marcha del nuevo Plan Nacional de Desarrollo y, además, los ajustes propios de cualquier administración. Aun así, creemos que los indicadores y los resultados que estamos entregando en el proceso de empalme son muy positivos.

CAMBIO: Usted estuvo más de dos años al frente de la Superintendencia de Industria y Comercio. ¿Qué evaluación hace?
C. R.: Es la responsabilidad que más tiempo he ejercido. La semana pasada realizamos un empalme público con la ciudadanía y las cifras son elocuentes. Encontramos una entidad rezagada y logramos reactivarla: aumentaron las capacidades de investigación, se fortalecieron las facultades de inspección, vigilancia y control, crecieron las sanciones cuando correspondía y también los mecanismos de prevención y pedagogía. La idea fue convertir a la Superintendencia en una entidad más cercana a los consumidores y al interés general.

 

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“Quienes hacemos parte de este proyecto político no pensamos en retirarnos del debate público por dejar el Gobierno. Entregaremos los cargos, tomaremos un respiro y seguiremos trabajando desde otros escenarios. Más adelante habrá que discutir, dentro del Pacto Histórico, cuáles serán las reglas y los mecanismos para escoger a quienes quieran competir electoralmente”: Cielo Rusinque. Foto: Colprensa

 

CAMBIO: ¿Cuál fue su principal propósito cuando llegó?
C. R.: Abrir las puertas de la entidad. Queríamos que el trato no dependiera del poder económico ni de la cercanía política de quien acudiera a la Superintendencia. Actuamos con transparencia y trabajamos en la descongestión de trámites, en reglas claras para todos los agentes del mercado y en generar mejores condiciones de competencia y acceso.

CAMBIO: El Pacto Histórico llegó al poder en un proceso de aprendizaje. Era la primera vez que la izquierda gobernaba Colombia. ¿Cuál fue la principal dificultad?
C. R.: Nos encontramos con una fuerte resistencia de sectores que ocupaban posiciones de privilegio y veían con recelo una forma distinta de gobernar, orientada a fortalecer el papel del Estado en favor de los sectores más vulnerables. Hubo mucha prevención y mucho prejuicio. Se quiso presentar esta administración como una amenaza, cuando lo que buscábamos era priorizar el interés general en un país profundamente desigual.

CAMBIO: Y hoy, al volver la vista atrás...
C. R.: Creemos que los resultados económicos y sociales hablan por sí solos. La economía mantuvo estabilidad y se avanzó en políticas orientadas a reducir desigualdades y a materializar derechos consagrados desde la Constitución de 1991. El problema fue que muchas de esas apuestas requerían reformas legales y encontramos una gran resistencia en el Congreso, donde no teníamos mayorías, y también un ambiente mediático muy adverso.

CAMBIO: ¿A qué se refiere con eso de ambiente mediático?
C. R.: A un doble rasero. Muchas veces, por ser de izquierda y, en mi caso, además mujer, se ponía en duda la idoneidad de los funcionarios sin revisar su trayectoria académica o profesional. Era como si el origen político anulara los estudios, la experiencia y la carrera de las personas. También generó incomodidad que líderes sociales, comunitarios o indígenas ocuparan espacios que históricamente habían estado reservados para las élites tradicionales.

CAMBIO: ¿Qué fue lo que más le gustó de su paso por el Gobierno?
C. R.: La diversidad. Desde el empalme me impresionó ver representados sectores de la sociedad colombiana que rara vez habían tenido voz en los espacios de poder. Esa diversidad no era solo simbólica: expresaba una manera distinta de entender el ejercicio del poder público.

CAMBIO: Hay quienes sostienen que hubo deficiencias técnicas en algunos funcionarios. ¿Hace falta una autocrítica?
C. R.: La autocrítica siempre es necesaria, pero no comparto la idea de que la izquierda careciera de cuadros técnicos. Había personas con formación y experiencia suficientes. En mi caso, soy abogada del Externado y tengo estudios de posgrado en universidades de alto nivel en Europa. La discusión debería centrarse en los resultados de la gestión y no en prejuicios sobre el origen político de quienes asumimos estas responsabilidades.

CAMBIO: ¿Cree que en gobiernos anteriores no se evaluó con la misma severidad a los funcionarios?
C. R.: Estoy convencida. Le doy un ejemplo: cuando llegué al DPS encontré una entidad con un enfoque principalmente asistencialista. Nosotros intentamos orientar los programas hacia una lógica de superación de la pobreza y generación de capacidades. En cada una de las responsabilidades que asumí hubo un cambio de enfoque real, no solo discursivo.

CAMBIO: ¿Cuál sería entonces la principal autocrítica?
C. R.: Tal vez nos faltó mayor rapidez para ocupar todos los espacios estratégicos del Estado con personas que compartieran la orientación del Gobierno y tuvieran los requisitos para hacerlo. En un comienzo se intentó construir un gabinete muy plural, como parte de una apuesta de acuerdo nacional, pero eso terminó generando contradicciones entre la ruta que planteaba el presidente y la ejecución de algunas entidades. Ese desfase retrasó la materialización de varios compromisos.

 

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“Nos encontramos con una fuerte resistencia de sectores que ocupaban posiciones de privilegio y veían con recelo una forma distinta de gobernar, orientada a fortalecer el papel del Estado en favor de los sectores más vulnerables”: Cielo Rusinque. Foto: Colprensa
 

 

CAMBIO: Hay críticas por los nombramientos que el Gobierno sigue haciendo a pocas semanas de terminar el mandato.
C. R.: El Gobierno va hasta el 6 de agosto y tiene la obligación de ejercer plenamente sus funciones hasta el último día. Todos los gobiernos han hecho nombramientos durante todo su periodo y también al final. Lo llamativo es que ahora se critique que el presidente use su facultad nominadora para designar personas que, además de cumplir los requisitos, compartan una identidad política con el proyecto que ganó las elecciones. Sería extraño que un gobierno renunciara voluntariamente a esa posibilidad.

CAMBIO: ¿Siente que ejerció sus cargos con total integridad?
C. R.: Sí. En las entidades donde estuve procuré actuar sin sesgos ni resentimientos. Ningún empresario, congresista o ciudadano podría decir que fue discriminado por su posición política o por su origen social. Una cosa son los hechos y otra la narrativa que se construyó alrededor del Gobierno desde el comienzo.

CAMBIO: ¿Qué piensa hacer cuando termine el Gobierno? ¿Aspira a un cargo de elección popular?
C. R.: Es prematuro pensar en eso. Las causas que defiendo no dependen de tener un cargo público. Seguiré vinculada a la academia y al ejercicio del derecho, pero en este momento toda mi energía está puesta en cerrar bien la gestión y cumplir con responsabilidad hasta el último día.

CAMBIO: ¿La lucha política continúa?
C. R.: Claro. Quienes hacemos parte de este proyecto político no pensamos en retirarnos del debate público por dejar el Gobierno. Entregaremos los cargos, tomaremos un respiro y seguiremos trabajando desde otros escenarios. Más adelante habrá que discutir, dentro del Pacto Histórico, cuáles serán las reglas y los mecanismos para escoger a quienes quieran competir electoralmente.

CAMBIO: ¿Descarta entonces una candidatura?
C. R.: No la descarto de manera definitiva, porque cuando uno entra en la política esa posibilidad siempre existe. Pero puedo decir con claridad que no es mi intención actual ni de corto plazo. Hoy mi prioridad es cumplir a cabalidad con las responsabilidades que tengo hasta el 6 de agosto. Y nos vamos, sinceramente, con la enorme satisfacción del deber cumplido.
 

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