
“Cercenar la diversidad sería un acto de violencia dramático”: María Gaitán, exdirectora del Centro de Memoria
María Gaitán Valencia, directora saliente del Centro Nacional de Memoria Histórica, hace un balance en CAMBIO: dice que la obra del Museo de la Memoria nunca fue un elefante blanco y que dejó recursos amarrados para 2027. Además, le pide al presidente Abelardo de la Espriella que escuche a la diferencia. "Este país no aguanta más violencia”, dice.
María Gaitán Valencia —nieta de Jorge Eliécer Gaitán y directora del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) desde 2022— hace un balance de su gestión y defiende el estado de la obra del Museo de la Memoria de Colombia. Advierte sobre el riesgo de que el proyecto de ley que busca convertir al CNMH en una entidad permanente, hoy con vigencia hasta 2031, se quede en el Congreso y le lanza un mensaje directo a Abelardo de la Espriella: "escuche, este país no aguanta más violencia”.
CAMBIO: Se acabó el gobierno Petro: ¿Qué legado dejó en el CNMH?
María Gaitán Valencia: El legado general —no solamente del CNMH en este gobierno que ya termina, pero que va a seguir caminando en otras dimensiones— es que se les dio la palabra a los territorios. Sin que nos hubiéramos puesto todos de acuerdo, pero con la necesidad de convertira Colombia en un solo país, cada entidad del Gobierno le apostó a acercarse mucho más al territorio y darle la palabra a quienes tienen el conocimiento, la información y las necesidades más significativas. Siempre dijimos: “el territorio habla, el Centro escucha” y terminó siendo nuestro derrotero y ahí no hablamos solo del CNMH, sino también de Bogotá, de las instituciones y de los funcionarios. Si bien hay que cumplir metas, nos enfocamos en que esas metas, las iniciativas, los proyectos y los procesos vinieran directamente de los territorios, para empezar a llenar vacíos históricos.
CAMBIO: ¿Cómo lo hicieron?
M.G.V.: Nos metimos en estrategias para escuchar a los 115 pueblos originarios. Son la raíz de nuestra cultura y la ignorancia frente a ellos hace que tengamos una profunda inestabilidad y fragilidad en los cimientos de lo que somos. Lo más increíble es que esos 115 pueblos tampoco se reconocen entre ellos. Esa es una particularidad de nuestro país: aislarnos y dividirnos para que no pensemos en un solo país, para que no tengamos una sola identidad, para que finalmente no tengamos ni idea de qué es ser colombiano o colombiana. Somos un país racista, clasista y enormemente desigual. Es un trabajo para reconstruir la memoria de esos pueblos originarios y no solo durante el conflicto.
CAMBIO: El informe de la Comisión de la Verdad debe incluirse en el Museo de Memoria y una de las polémicas que usted enfrentó apunta a que usted tendría “diferencias” con el informe. ¿Persisten? ¿Cómo va ese proceso?
M.G.V.: Yo nunca tuve “diferencias” con el informe de la Comisión de la Verdad. Mi objeción fue que La Comisión estableciera una fecha a partir de la cual hablar del conflicto. Hablé con el padre Francisco de Roux pidiéndole que me explicara por qué tomaban esa fecha de 1958. Ese año es el "borrón y cuenta nueva" y este país no puede estar construyendo su historia a partir de borrones y cuentas nuevas. No podemos buscar soluciones si no comprendemos lo que nos ha sucedido. Entonces, no nos impongan fechas. Ese es mi desacuerdo. Eso no quiere decir que me haya opuesto a la Comisión de la Verdad.
Cuando llegué al CNMH se me acercaron representantes de la Cooperación Alemana y alguien de la Comisión de la Verdad a decirme: 'esta es la exposición que usted tiene que llevar al museo y esto es cerrado y conclusivo'. Yo les dije que una exposición sobre un conflicto tan complejo como el nuestro no puede ser ni cerrada ni conclusiva, porque estaríamos desconociendo la palabra de muchas personas que no fueron tenidas en cuenta por la Comisión. De los 1.750 informes recibidos, muchos no fueron tenidos en cuenta. Por eso, desde el principio, en el CNMH dijimos: "todas las memorias, todas". Uno no puede cerrar y concluir con una manera de ver el conflicto, hay que abrirlo para comprender.
No tuve diferencias con el informe de la Comisión de la Verdad, mi objeción es estableció una fecha para hablar del origen del conflicto: 1958. No nos impongan fechas. Ese es mi desacuerdo.
CAMBIO: Usted dice: ‘No nos impongan fechas’. ¿Eso es porque, para ustedes, el origen del conflicto sería el 9 de abril de 1948 con el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán?
M.G.V.: Para nada. Dicen que como yo soy nieta de Gaitán me dediqué exclusivamente a él. Eso es mentira, es una calumnia, sinceramente infame. Hay que hablar de Gaitán y resulta que fue mi abuelo. No lo desconozco, me siento muy orgullosa, para mí sigue siendo de los políticos más importantes, si no el más importante de Colombia. Pero no por ser su nieta y la directora de Centro tengo que negar su existencia. Yo nunca he dicho que el origen sea el 9 de abril. Ese día marcó la historia de este país y dejó una herida que aún no ha cicatrizado. Por eso hay que hablar de ella. Pero Gaitán no fue importante solo por el 9 de abril.
CAMBIO: ¿Cómo se va a armar entonces la exposición en el Museo, que aún no está terminado?
M.G.V.: Ya tenemos un guion y una línea de tiempo viva.
CAMBIO: ¿Cuándo arranca?
M.G.V.: Esa línea parte de entender que hay violencias estructurales y que a mediados de los años cuarenta hubo una ruptura política que es muy importante entender: Alfonso López Pumarejo salió del gobierno por corrupto. Es que hay que comprender la historia política de este país para no seguir armando relatos cerrados y conclusivos. En estos cuatro años, llegamos hasta mediados-finales de los años 30 y 40 para entender qué pasó y no mezclar el conflicto con las guerras civiles por la independencia. Durante el gobierno de Belisario Betancur, en 1984, se bloqueó la posibilidad de que este país tuviera la cátedra de historia obligatoria. Por eso cada uno cuenta la historia como quiere, al punto de de que Santillana tiene una publicación con un capítulo que habla de Álvaro Uribe Vélez como "el hombre significante” de este país y esa figura es significante porque se potenciaron las masacres, sucedieron los falsos positivos, se incrementó el paramilitarismo y el narcotráfico. Tenemos que ser sensatos con nuestra historia.
"El Museo de Memoria nunca ha sido un elefante blanco"

CAMBIO: ¿Por qué no se ha podido entregar el Museo de la Memoria?
M.G.V.: El Museo empezó a proyectarse con muchas torpezas, no irregularidades, y cuando uno avanza así llega el momento en que la torpeza invade el proyecto. Eso fue lo que sucedió en 2022, cuando la Agencia Nacional Inmobiliaria Virgilio Barco (ANIM) decidió no prorrogarles el contrato a los contratistas españoles —la constructora OHLA—, que además trataban el proyecto y la obra a las patadas. Es importante recordar que la Ley 1448 de 2011 (la Ley de Víctimas) le dio al CNMH la potestad de crear, diseñar y administrar el museo, mas no de construir el edificio.
La ANIM decidió parar la obra por imprecisiones del constructor y nosotros recibimos una obra parada. Tomamos la decisión de revisar todas las torpezas que hubo y eso nos tomó dos años porque muchos contratistas no tienen rigor en la entrega de información. Además, comenzó un conflicto entre OHLA y la ANIM que dejó al CNMH como espectador. Nosotros buscamos ser más partícipes y lo logramos. Desde el año pasado retomamos la obra, que hoy registra un avance del 26 por ciento.
Pero el Museo no es solo un edificio: su contenido lo venimos construyendo desde el día uno. Tenemos un guion museológico afinado, con seis salas y 19 espacios. Además, existen 320 lugares de memoria a lo largo y ancho del país, con gente, resistencias, víctimas y organizaciones que cuentan qué sucedió en el territorio. Por eso construimos el museo virtual con esos lugares, para que, desde Bogotá, y en el Museo de la Memoria, los visitantes puedan recorrerlos.
Desde 2025 retomamos la obra del Museo de Memoria y está en el 26 por ciento de avance.
CAMBIO: Ese 26 por ciento de avance implica que la culminación del Museo queda en manos del próximo gobierno. ¿Qué le dejaron listo?
M.G.V.: Dejamos establecida toda la programación de la obra para que el museo pueda abrir en 2029. En Función Pública no se puede contratar a cinco años, sino año por año. Nosotros aseguramos el dinero de 2026 y 2027. Como ya no estaremos en 2028, el siguiente gobierno debe gestionar esos recursos con el Ministerio de Hacienda, tal como a mí me tocó conseguir el dinero que el gobierno anterior no había asegurado. Estamos dejando la programación detallada de la obra para que terminen la obra. La obra gruesa ya está terminada. Estamos ahora en lo eléctrico: pisos, ascensores, puertas, ventanas, sanitarios. Eso no se ve y no hace ruido, pero los medios de comunicación siguen haciendo un ruido que no corresponde. La ignorancia no puede ser el motor de la crítica.
CAMBIO: ¿No es un ‘elefante blanco’?
M.G.V.: No lo es. Nunca ha sido un "elefante blanco". Eso lo impusieron los medios. Hay museos en el mundo que han tardado 15 o 30 años en construirse y este es, además, único en el mundo, porque se está construyendo sin que el conflicto haya terminado. Le han creado un entorno ficticio a este museo que no aporta, sino que entorpece. Estoy de acuerdo en que debe haber vigilancia y rendición de cuentas, pero hay que pedirlas con conocimiento, no con ignorancia.
CAMBIO: En CAMBIO hemos estado pendientes de los esfuerzos por resignificar sitios en donde ocurrieron hechos violentos como espacios de memoria y hace unos meses la JEP dictó una medida cautelar para el antiguo batallón Charry Solano. ¿Qué nos puede decir?
M.G.V.: Un espacio de memoria implica todo un proceso: por ejemplo, los hornos crematorios en Santander (que usaron los paramilitares para desaparecer personas) son propiedad privada y el dueño no necesariamente quiere convertir su propiedad en un lugar de memoria. Es toda una negociación. En el caso del batallón que solicita Helena Uran, que me parece muy importante, la negociación es con la fuerza pública. Los 320 lugares de memoria del país han tenido batallas complicadas: a algunos, la Sociedad de Activos Especiales (SAE) les otorgó un espacio durante este gobierno, pero además hay que resolver cómo se financia y se cura museológicamente ese espacio. Todo tiene un proceso. La Casa del Florero también se está resignificando y lo del Palacio de Justicia son muchos magistrados, empleados de cafetería y familiares, y hay que integrar la memoria de todos.
CAMBIO: ¿Ese proceso de resignificación lo podría liderar el CNMH?
M.G.V.: Liderar, no. El presupuesto del CNMH es apenas el 0,07 por ciento del erario del país, un recurso muy pequeño para todas las necesidades. La mayoría de los lugares de memoria son financiados de otras maneras. Por ejemplo, el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación es de Bogotá y hay varios lugares municipales. ¿Quién financiaría lo del batallón Charry Solano? Eso hay que definirlo. Los recursos limitan profundamente la misionalidad, pero el Centro Nacional de Memoria Histórica siempre ha estado abierto a fomentar y apoyar la creación de la mayor cantidad de lugares de memoria.
CAMBIO: También quería preguntarle por la petición que presentó el presidente Petro para que Estados Unidos desclasifique los archivos secretos sobre el Palacio de Justicia, a la que se sumó el caso de la familia Gaitán. ¿Cómo va eso?
M.G.V.: Primero, no es cierto que el presidente Petro haya hecho una petición directamente sobre el Palacio de Justicia y que el embajador Daniel García-Peña se hubiera "atravesado" para meter ahí el caso de Jorge Eliécer Gaitán. Eso es mentira. ¿Cómo sucedieron las cosas? La familia Gaitán viene solicitando a Estados Unidos, desde que se cumplieron 30 años del magnicidio, la desclasificación de los archivos de la CIA y el FBI. Se ha pedido gobierno tras gobierno. El Gobierno de Gustavo Petro fue el primero en el que el propio presidente lo solicita. Cuando se habló con el presidente Petro, él dijo: “yo lo firmo, pero metan también al Palacio de Justicia”. Así lo hizo el embajador Daniel García-Peña.
CAMBIO: ¿Han tenido alguna respuesta de Estados Unidos?
M.G.V.: No, ninguna.
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El CNMH y De la Espriella: "Este país no soporta una batalla más"

CAMBIO: ¿Qué le preocupa más de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia?
M.G.V.: Que la arrogancia sumada a la ignorancia produce actos muy sombríos frente a una situación tan compleja como nuestro conflicto. A este conflicto hay que escucharlo de una manera distinta y no violenta. Creo que fue un intento equivocado de este gobierno con la idea de la “paz total”, que tenía una semilla interesante —hablar con todos para resolver el conflicto en su totalidad. Hay que escucharnos para que las diferentes realidades coincidan en el país que buscamos.
Me preocupa que estén buscando la "pacificación". Esa palabra se me eriza, porque en el territorio significa enorme violencia. Este país no aguanta más violencia.
CAMBIO: Si se sentara con Abelardo, ¿qué le diría?
M.G.V.: Escuche, escuche, escuche. Y, sobre todo, escuche entendiendo que su realidad es suya, pero no la de la generalidad de los colombianos. Si usted es el representante de las voces y las necesidades de todo un país, tiene que entender eso. La diversidad en este país es nuestra gran potencia. Empezar a cercenar la diversidad es un acto de violencia dramático para un país que ha padecido más de 80 años de agresiones, porque los privilegiados siguen buscando mantener sus privilegios y los empresarios tienen una realidad que no es la de los demás colombianos y colombianas.
Abelardo, escuche. Empezar a cercenar la diversidad es un acto de violencia dramático para un país que ha padecido más de 80 años de agresiones
CAMBIO: ¿Qué entiende usted por "batalla cultural", esa idea que reivindica el gobierno entrante?
M.G.V.: La ‘batalla cultural’ es combatir lo que no empatiza con la realidad de ellos. Por ejemplo, esta idea de que las mujeres no voten sería una batalla para que las mujeres seamos relegadas de nuevo al patriarcado que hemos padecido durante siglos; o el tema de la diversidad sexual. Es una batalla de una sola manera de ver el mundo. Somos 50 millones de habitantes con realidades distintas y debemos encontrar lo que nos une. Este país no soporta una batalla más. Escuchémonos, dialoguemos.
CAMBIO: Si el presidente optara por no continuar con la obra del Museo o si opta por no incluir el relato que está listo, sino hacer uno nuevo, ¿qué le diría?
M.G.V.: Esa sería otra batalla. El territorio hablará.
CAMBIO: El CNMH tiene vigencia hasta 2031, ¿qué hacer?
M.G.V.: Trabajamos de la mano de la mesa de víctimas que nos pidió apoyo técnico para un proyecto de ley que declare al CNMH una entidad permanente. Esas batallas internas en el Congreso han sido muy complejas. Esta semana escuché que la bancada del Pacto Histórico estaría dispuesta a avanzar con esa ley, pero la UTL del senador Iván Cepeda objetaba varios puntos. de un proyecto que viene caminando hace más de un año. Perdóneme, señor Iván Cepeda: esta ley no es de ustedes, es de la mesa de víctimas. Si no está de acuerdo, no haga parte, pero no la frene.
CAMBIO: Después de la firma del acuerdo de paz también han asesinado a 1.732 a líderes sociales y a cerca de 500 firmantes de paz. ¿Qué ha hecho el CNMH para hacer memoria de esas violencias?
M.G.V.: Cuando hablamos de "todas las memorias” es muy importante entender las temporalidades de este conflicto. Nosotros empezamos a buscar las raíces y quiénes más podían dárnoslas son las memorias olvidadas, desconocidas, oscurecidas y tergiversadas. Empezamos a mirar todos los pasos que ha dado Colombia para llegar a la paz, pero no la hemos alcanzado. ¿Por qué? Porque las firmas de acuerdos no son suficientes, hay algo sustancial: la transformación cultural. Nosotros todavía le apostamos a que la diferencia es un enemigo, a que el enemigo interno es aquel que piensa distinto a ti. Y eso también es combustible de este conflicto.
Cuando llegué, en 2022, siempre me hablaban de "productos" sobre tal y tal hecho. Eso permite tener cifras, entender la mecánica del hecho, pero no comprender cómo está articulado en un conflicto más amplio. Una de las primeras cosas que hicimos fue decir: no hablemos de productos, hablemos de procesos. Este conflicto, este racismo y esta desigualdad han deshumanizado a sectores de la población y han mantenido los privilegios de la pirámide que trajo la ocupación española. Por eso decimos que hablemos de los orígenes del conflicto para empezar a desmantelar y este gobierno le apostó -profundamente- a combatir la desigualdad de la palabra, del conocimiento, de la cultura y de la economía La desigualdad es nuestro peor enemigo.
CAMBIO: ¿Sabemos construir memoria?
M.G.V.: Somos un país profundamente dividido. Quizás uno de nuestros mayores defectos es no ser capaces de escuchar la diferencia. Si mi memoria no coincide con la tuya, te vuelves de inmediato mi enemigo. La Guajira no conoce la memoria de la Amazonia y la Amazonia no conoce la del Cauca: hemos sido absolutamente cercenados como país. ¿Qué hizo el CNMH este tiempo? Tejer país y para eso se necesita tiempo.
Por ejemplo, una de nuestras apuestas, que esperemos que no eliminen, son las caravanas de la memoria: organizaciones y víctimas que lideran memoria colectiva de lo que padecieron en su territorio, se suben a un bus y recorren un territorio. Le apostamos a “todas las memorias, todas”, pero no a unas más que a otras. Colombia no ha tenido un solo genocidio. Es muy importante el trabajo de la Unión Patriótica para que el país hable de su genocidio, pero no ha sido el único y hay que hablar también de los demás. Aquí todos los muertos, todos los asesinados, todos nuestros ancestros son igual de importantes. ¿Por qué siguen matando firmantes de paz? Porque hay un odio concentrado en este país que tenemos que deshacer.
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