
Exclusivo: CAMBIO revela la historia secreta detrás de los vuelos de Juliana Guerrero
CAMBIO revela la verdadera historia de los viajes de Juliana Guerrero y su hermana Verónica en aeronaves de la Policía.
El presidente Petro y el ministro Armando Benedetti dijeron que Juliana Guerrero había viajado al Cesar a cumplir una misión secreta relacionada con el orden público. La verdad es otra: la joven de 22 años y su hermana Verónica no solo volaron en un avión, sino en un cómodo helicóptero de la Policía para cumplir con una ambición personal. ¿Cuál era su misión?
Por: Redacción Cambio
Como si se tratara de una misión ultrasecreta, el presidente Petro y el ministro Armando Benedetti han mantenido la mayor reserva sobre el viaje que Juliana Guerrero y su hermana Verónica hicieron a Valledupar en un avión de la Policía. Según ellos Juliana, que no supera los 23 años y no tiene título profesional, cumplía con un encargo especial relacionado con el orden público. Así argumentaron el secretismo. Pero la verdad es otra: no hubo paz total, ni una misión secreta, ni fue un solo vuelo. Ese día, las hermanas Guerrero, además del avión, tuvieron a su servicio un cómodo helicóptero Bell 212 de la Policía para consolidar una ambición personal: tener el control absoluto de la Universidad Popular del Cesar. Lo peor del cuento es que cuando este medio habló con el ministro del Interior, el funcionario afirmó que las hermanas Guerrero nunca le informaron el verdadero motivo de su viaje. CAMBIO revela la historia.
El domingo pasado, este medio le contó al país que en la Casa de Nariño hay una joven de apenas 22 años, con modesta formación académica, que maneja los hilos del poder en varias entidades públicas. Horas después, a las ocho de la noche, Noticias Uno reveló la denuncia anónima sobre el vuelo que Juliana Guerrero y su hermana hicieron a Valledupar en un avión de la Policía. Según el noticiero, amigos y familiares formaron parte de la tripulación.
Las investigaciones periodísticas generaron gran revuelo en la opinión nacional, los órganos de control y el círculo cercano del presidente Petro. ¿Cómo era posible que una persona tan jóven hubiera escalado al nivel de poder suficiente para darles órdenes a los ministros y altos funcionarios? En la alocución del pasado 15 de julio, el propio jefe de Estado dio escuetas explicaciones sobre Guerrero y su viaje. Lo mismo hizo el ministro y jefe directo de Juliana, Armando Benedetti, quien en defensa de la joven afirmó:
‘El viaje es objeto de temas de seguridad y temas que, por ahora, son secretos hasta que se les quite la reserva’.
De la misión ‘secreta’ solo sabían el presidente Petro y el ministro Benedetti. Sin embargo, las hermanas Guerrero se encargaron de que todos sus seguidores en Instagram se enteraran de su viaje ‘confidencial’ y, de paso, los medios de comunicación, la Procuraduría y la Contraloría.

Las vagas explicaciones de Petro y Benedetti pretenden atajar las consecuencias de la torpeza y la ostentación en redes de las hermanas Guerrero. Sin embargo, las jóvenes y sus jefes no estimaron que hoy en día es prácticamente imposible moverse sin dejar al menos un rastro. CAMBIO tiene en su poder las pruebas que demuestran que, ese día, los intereses de Verónica y Juliana no estaban en Valledupar sino en Aguachica, y que su agenda no era el orden público sino tomarse el poder en una institución que tiene un multimillonario presupuesto.
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El que menos corre vuela
Cuando Noticias Uno publicó las fotos de las hermanas Guerrero montadas en una aeronave de la Policía, casi nadie se percató de que su interior no era el de un avión sino el de un helicóptero. Con esa primera pista, CAMBIO investigó y estableció que se trataba de un Bell 212, de matrícula PNC-0495, operado por la Policía Nacional.
Lo anterior no significa que el hasta ahora injustificado vuelo del avión que mencionó Noticias Uno no hubiese ocurrido. Sin embargo, éste solo contaba la mitad de la historia.

Las Guerrero y su comitiva llegaron a Valledupar el 19 de junio a las 10:47 p.m. a bordo del avión de matrícula PNC-0242. Horas antes, a las 3:10 p.m., un helicóptero con el número PNC-0495 grabado en su rotor de cola, aterrizaba en la capital del Cesar proveniente de Santa Marta.
Al día siguiente, el 20 de junio de 2025, pasadas las ocho de la mañana, Juliana y Verónica abordaron el helicóptero para viajar desde Valledupar al Batallón Andrés María Rosillo de Aguachica. El vuelo duró una hora y treinta minutos.
A las 3.00 p.m, las jóvenes regresaron a Valledupar en el mismo helicóptero. Tras una breve parada en la base militar de la capital del Cesar, llegaron al aeropuerto Alfonso López Pumarejo a las 4:50 p.m. ¿Qué pasó durante esas 7 horas en las que las hermanas Guerrero estuvieron en Aguachica?
La primera pista para responder esa pregunta es una foto institucional de la Universidad Popular del Cesar (UPC) que muestra a las hermanas Guerrero participando en la sesión del Consejo Superior de ese 20 de junio.

La cara de Juliana no era extraña para los asistentes, pues el presidente Petro la designó desde el primero de abril como su representante en ese órgano directivo de la UPC.

Sin embargo, la presencia de su hermana es más difícil de explicar. Verónica Guerrero no es representante de ningún estamento de la universidad ni de ninguna entidad del Gobierno nacional. Aun así, estuvo presente en la sesión donde se discutieron asuntos de alto nivel.
CAMBIO conoció que Verónica acompañó a su hermana Juliana con el objetivo de afinar los últimos detalles de su plan para reformar los estatutos de la Universidad Popular del Cesar (UPC). El propósito de ese cambio era quitar la norma, vigente desde 2004, que prohíbe la reelección inmediata del rector, a menos que este renuncie tres meses antes de la designación.
La estrategia había comenzado a fraguarse el 11 de abril, diez días después de que Juliana Guerrero llegara al Consejo Superior de la UPC. Según documentos conocidos por CAMBIO, ese día se citó a una nueva sesión del Consejo para el 16 de abril y, en el orden del día propuesto, apareció el tema de la reforma a los estatutos.
La sesión no pudo realizarse en esa fecha sino el 22 de mayo, cuando en el orden del día se puso la discusión de la reforma. Sin embargo, transcurridos apenas veinte minutos, y justo antes de llegar al punto del debate, Juliana Guerrero, sin dar explicación, abandonó el recinto en compañía de José Carlos Pérez Yancy, representante de los egresados.
CAMBIO conoció que ese día Guerrero les dijo a varios consejeros que la reforma debía hacerse por orden expresa del presidente de la República. No obstante, algunos de los presentes no se quedaron con esa versión y, sin éxito, trataron de verificar si en efecto se trataba de una instrucción directa de Gustavo Petro. Ese temor, en parte, estaba fundado en que, cuando se pretendió hacer un cambio de estatutos en la Universidad del Atlántico para permitir la reelección inmediata del rector (exactamente lo mismo que pretendía Juliana), el presidente puso el grito en el cielo. Ese día, el mandatario trinó en protesta por lo ocurrido y le pidió al ministro de Educación que interviniera para impedir que algo así se repita.
Como esa confirmación oficial de Gustavo Petro nunca llegó, se generó cierto temor entre consejeros, quienes anunciaron que, de no comunicarse con el jefe del Estado, no votarían la reforma impulsada por Guerrero.
Juliana y el rector con ambiciones reeleccionistas, en una maniobra de gran habilidad, al advertir que no tenían los votos, prefirieron retirarse y sacar el tema del orden del día antes que salir derrotados en su aspiración.
Como el lobby se enredó, el tema desapareció sorpresivamente de la agenda en la sesión del 31 de mayo, a la que Juliana Guerrero asistió de forma virtual, así como Pérez Yancy. Luego, en la sesión del cinco de junio, el tema tampoco se incluyó. Además, Guerrero no asistió, ni siquiera por videollamada.
Según fuentes informadas, el plan era retomar la estrategia en la sesión del 20 de junio y allí dar la estocada final. Por ello, Juliana necesitó de un avión y un helicóptero para que las llevara a ella y su hermana a apersonarse del tema en Aguachica.
El interés de las hermanas en la universidad se explica porque, tradicionalmente, esa institución ha sido un fortín electoral y burocrático que las casas políticas de la región se disputan cada cuatro años. La universidad maneja un presupuesto anual de 170.890 millones de pesos y es habitual contratista de entidades locales y nacionales. “Es como tener una pequeña Gobernación”, dijo una de las fuentes.
La red de poder de las Guerrero
En los vuelos de las Guerrero no solo viajaron uniformados de la Policía, sino también amigos cercanos que hacen parte de la red de influencia de las hermanas. Según le contaron fuentes a CAMBIO, el vuelo en helicóptero que hicieron las jóvenes de Valledupar a Aguachica transportaba a otras dos personas: René Segundo Hernández y José Carlos Pérez Yancy.
Hernández es el director de Consulta Previa del Ministerio del Interior. Como lo contó este medio días atrás, el funcionario es uno de los integrantes del círculo de poder de las hermanas Guerrero, a quienes llevó a la campaña presidencial de Petro en 2022. Además, trabajó con ellas en la fundación Raíces Afro, la entidad que les certificó la experiencia laboral suficiente a Juliana y Verónica para ser contratistas del Estado.

Aunque en 2006 René Hernández fue condenado por falsedad en documento público por hechos ocurridos en esa misma institución, años después el rector Romero, de quien es amigo, lo nombró decano en la UPC.
Por su parte, Pérez Yancy es el representante de los egresados en el Consejo Superior de la UPC desde 2021, y también es cercano al rector Romero. Conocedores de la política local aseguran que Pérez Yancy tiene vínculos con la casa Gnecco. Al revisar la hoja de vida del consejero, se evidencia que trabajó en 2019 como asesor del excongresista Eloy Chichi Quintero y en 2022 estuvo en la UTL de Carlos Felipe Quintero, hijo de Eloy y actual representante por el Partido Liberal. Los Quintero, dueños de la minera Corpoandes y socios de El Pilón, son aliados de la casa Gnecco.
Además, Pérez Yancy es secretario de la Asamblea Departamental, mientras que su suplente en el Consejo Superior trabaja en la Gobernación del Cesar. Ambas entidades son controladas por el clan más poderoso del departamento.
En el caso del rector Rober Romero, su historial político está ligado con el partido Liberal. Fue presidente del directorio departamental en 2007, secretario del procesado alcalde Luis Hernández en 2011 y aspiró a la Alcaldía de Valledupar en 2015. Sin embargo, su cercanía actual es con el ‘Equipo Azul’ del conservador Ape Cuello. De hecho, hace unos días terminó el torneo de fútbol ‘senior máster’ organizado por la universidad, cuya versión este año fue en homenaje al congresista y operador político del gobierno Petro. En el evento, el rector, el senador Lobo y el representante Cuello hicieron el saque de honor.

A pesar de las poderosas conexiones del rector Romero, su reelección en la Universidad Popular del Cesar (UPC) parece estar en entredicho. Como la reforma de estatutos impulsada por las hermanas Guerrero no tiene expectativa de vida, Juliana, Verónica y sus aliados le apostarían a René Hernández para reemplazar a Romero. Así, podrían saltarse el bloqueo que hay en el Consejo Superior.
Con esta investigación, el país empieza a conocer más a fondo la dimensión del poder de Juliana Guerrero y su hermana Verónica. Actas a las que CAMBIO tuvo acceso demuestran que su presencia en Aguachica no era necesaria. Según estos documentos, la designada del presidente Petro ya había participado en otras sesiones de manera virtual. Por eso es incomprensible que se haya dispuesto un helicóptero Bell 212 para ese innecesario desplazamiento. Este medio analizó el plan de vuelo de las dos aeronaves usadas por las hermanas Guerrero el 19 y 20 de junio. Solo en gasolina, esos trayectos le costaron al bolsillo de los colombianos 126 millones de pesos.
El traslado resulta aun más inexplicable porque CAMBIO conversó bajo reserva con integrantes del Consejo Superior de la UPC, quienes aseguraron que cuando las sesiones se celebran por fuera de Valledupar, la institución cubre los gastos de transporte y otorga viáticos.
Benedetti, el primer sorprendido
Por la gravedad de los hechos, CAMBIO consultó al ministro del Interior, Armando Benedetti, para registrar sus explicaciones sobre lo sucedido. La conversación empezó con la pregunta evidente: “¿Quién ordenó el vuelo del avión a Valledupar y cuál era el propósito del viaje?”. En esa primera parte, el ministro sostuvo la versión oficial hasta ahora conocida. Dijo que, desde hace más de diez años, su cartera tiene suscrito un convenio con la Policía para el transporte de funcionarios. Acto seguido, afirmó que Juliana Guerrero fue quien solicitó la aeronave, que él estaba enterado del tema y lo autorizó por tratarse de una misión secreta sobre un asunto de orden público que no puede revelarse.
Lo que el ministro no sabía es que mientras él daba esa respuesta, CAMBIO ya tenía en su poder las pruebas de un vuelo en helicóptero, hasta ahora desconocido, que las hermanas Guerrero solicitaron para un asunto que no tenía nada que ver con la misión de la cartera del Interior. La pregunta fue la siguiente: “Ministro, quiero contarle que tenemos la totalidad de los registros de un vuelo en helicóptero hacia Aguachica que fue solicitado por Juliana, su mano derecha. ¿Cuál fue el motivo de ese segundo viaje?”.
El ministro contestó que él también estaba enterado del vuelo en helicóptero y que ambos desplazamientos hacían parte de la misma misión secreta, relacionada con un asunto sensible para el orden público nacional. Lo que viene ahora es lo más interesante.
En cuanto el ministro terminó su respuesta, CAMBIO le informó que tenía las pruebas documentales que demostraban que el viaje a Aguachica obedeció a razones de agenda personal de las hermanas Guerrero. Después de tartamudear unos segundos, algo poco usual en un zorro viejo de la política de la talla de Armando Benedetti, el jefe de la cartera del Interior apenas alcanzó a contestar lo siguiente: “No joda, ella me había dicho que el viaje era para una misión encomendada y secreta para un asunto de seguridad nacional. Juliana nunca me informó que ese traslado era para asistir a una reunión en una universidad. No sé si habrá hecho las dos cosas, pero tendré que averiguar”.
CAMBIO también le preguntó al ministro si Juliana Guerrero estaba autorizada para solicitar helicópteros y aviones cuando se le antoje. La respuesta fue un tajante “no”. Por lo anterior, resulta imposible entender que una joven de 22 años pueda operar de esta manera, enredando incluso a sus jefes directos, para poner los bienes del Estado a su disposición sin sufrir ninguna consecuencia.
Bonus Track: poderosa, influyente, y en el SISBEN
Juliana Guerrero hoy es reconocida como una de las mujeres más poderosas en el Estado y es calificada por algunos como la puerta de entrada al presidente de la república. Ha llegado a ostentar, de manera simultánea, los cargos de jefe de Gabinete Presidencial, asesora del ministro Armando Benedetti, y jefe (E) de Despacho Presidencial. Hoy. su cargo oficial, es secretaria ejecutiva del despacho del ministro de Interior, pues esa posición no exige título profesional como requisito. Sin embargo, el Ministerio la presenta como jefe o coordinadora de gabinete. Además, ha tenido contratos con el Estado desde 2023. Lo anterior, demuestra que la joven Juliana Guerrero tiene un nivel de ingresos muy por encima del promedio de los colombianos.

Por eso, llama particularmente la atención uno de los hallazgos de CAMBIO en esta investigación: Juliana Guerrero sigue registrada en el SISBEN. Esa herramienta, (Sistema de Identificación de Potenciales Beneficiarios de Programas Sociales), clasifica a la población en grupos según sus condiciones de vida e ingresos. Gracias a ella, colombianos en condiciones de vulnerabilidad pueden acceder de manera prioritaria a subsidios de salud, programas de alimentación escolar, viviendas de interés social y apoyos económicos como la devolución del IVA y Renta Ciudadana.

Juliana está registrada en el grupo B. Es decir, al que pertenecen las personas con pobreza moderada en el país. Según datos del Departamento Nacional de Planeación (DNP), el ingreso promedio per cápita de los hogares en ese grupo es de unos 320.000 pesos al mes.
Curiosamente, cuando una persona empieza a contratar con el Estado o es nombrada en un cargo, debe presentar certificados de afiliación al Régimen Contributivo y, por lo tanto, sale de manera automática del Régimen Subsidiado. Otro asunto que, sin duda, llamará la atención de la Procuraduría.
El registro en el Sisben de Juliana confirma cómo ha cambiado la vida de las hermanas Guerrero desde que conocieron al presidente Gustavo Petro. En su hoja de vida, Verónica Guerrero registra como lugar de residencia un moderno edificio en Chapinero Alto, una de las zonas de mayor valorización de Colombia.
Ese edificio es conocido como uno de los centros informales del poder, pues allí residen varios congresistas de la república. Curiosamente, entre los propietarios de inmuebles en esa dirección, figura también Ricardo Adolfo Suárez Belmonte, quien hasta hace unos días fue director del billonario Fonigualdad del Ministerio de Igualdad. Suárez, quien según fuentes hace parte del círculo de poder de las hermanas Guerrero, salió de su cargo en medio de cuestionamientos en los últimos días. Por otro lado, su hermana, Martha Suárez, es pareja de René Segundo Hernández.
Además de las fuentes reservadas, CAMBIO consultó a todos los mencionados en esta historia. Al cierre de este artículo, la única voz del sector educación que envió una respuesta fue el ministro de Educación, Daniel Rojas. El funcionario contestó: “no quiero entrar en detalles sobre lo que me pregunta. Lo único que le puedo decir es que mis actuaciones y las de mis delegados en los consejos superiores de las universidades públicas, siempre han buscado obedecer la ruta trazada por el presidente Gustavo Petro”.
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