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Edna Bonilla

Un avance insuficiente: las fracturas educativas del 2025

Al cierre del año, Colombia vuelve a mirarse en los espejos habituales de la educación. Revisamos la ejecución presupuestal, el cumplimiento de metas, el número de cupos abiertos o los puntajes en pruebas estandarizadas. Estos y otros indicadores son útiles, pero insuficientes. Reducen el sistema educativo a fotografías aisladas, cuando lo que realmente importa es la película completa. Para entenderla, es necesario mirar más allá y observar las trayectorias educativas de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

Desde la primera infancia hasta la educación posmedia, las preguntas esenciales no han cambiado: ¿cuántos entran a tiempo?, ¿cuántos permanecen?, ¿cuántos llegan bien preparados a la etapa siguiente?, ¿cuántos logran culminar su formación integral con oportunidades reales? Y, sobre todo, ¿cuántos pueden vivir esta etapa de su formación sin que la desigualdad los obligue a detener el camino?

La percepción ciudadana también refleja esta tensión. Según la encuesta de opinión en educación de la Fundación Empresarios por la Educación, el 49 por ciento de los colombianos cree que la educación está empeorando y el 40 por ciento que está mejorando. Un país dividido, viendo el vaso medio lleno o medio vacío dependiendo del punto de vista. Desde la evidencia, es importante examinar las trayectorias educativas completas.

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