
El futuro se escribe con oportunidades, no con fronteras. De Harvard a Colombia
En las últimas semanas, el gobierno de los Estados Unidos ha anunciado nuevas restricciones migratorias dirigidas a estudiantes internacionales, limitando tanto el acceso a visas académicas como la posibilidad de permanecer en el país. El mensaje de fondo es profundamente alarmante: el conocimiento vuelve a ser cercado por fronteras políticas, y la educación corre el riesgo de dejar de ser un bien universal para convertirse en un privilegio reservado. Es una clara intromisión del gobierno en uno de los principios más sagrados de la academia: la autonomía universitaria.
Durante casi cuatro siglos, Harvard ha sido más que una universidad de élite. Para miles de jóvenes de todo el mundo, ha sido un símbolo de prestigio académico, liderazgo público y, sobre todo, integración social a través del conocimiento. Su historia, como la de muchas universidades estadounidenses, está profundamente ligada a la migración. Desde sus orígenes, Harvard fue refugio de estudiantes y profesores de diversas nacionalidades que cruzaron fronteras en busca de excelencia, autonomía y libertad.
Sus aulas acogieron a intelectuales que huían del horror de las guerras, de las crisis económicas o de los regímenes autoritarios. Llegaron desde la Alemania nazi, la Unión Soviética o dictaduras, buscando un lugar donde pensar sin miedo. Entre ellos estuvieron Pitirim Sorokin, quien fundó el departamento de Sociología tras escapar del estalinismo; los economistas Joseph Schumpeter, Wassily Leontief y Amartya Sen; el físico Philipp Frank, del Círculo de Viena; el filósofo Alfred Whitehead; y el arquitecto Walter Gropius, fundador de la Bauhaus. Como académicos brillantes lograron que sus ideas echaran raíces en Harvard y florecieran en el mundo. Y también llegaron mujeres maravillosas como Evelynn Hammonds, historiadora de la ciencia y pionera en el estudio de la raza y el género en la academia, quien no solo rompió barreras en una institución históricamente masculina y blanca, sino que fundó el Departamento de Estudios de Género y Sexualidad, abriendo un campo crítico para pensar la ciencia desde la equidad, el cuerpo y la diferencia. Si la educación se cruza con la libertad, genera conocimiento.
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