Ir al contenido principal
Edna Bonilla
Puntos de vista

Educar para el bien-estar

En Colombia, cada día circulan tantas noticias que muchas pasan desapercibidas. Hoy llamo la atención sobre el bien-estar financiero de la ciudadanía y la manera cómo, desde la educación, podemos contribuir a lograrlo. Por ejemplo, millones de personas están atrapadas en el crédito informal, pagando intereses que arruinan sus vidas. Según un estudio de Colombia Fintech y el Centro de Estudios Económicos ANIF, el 40 por ciento de los colombianos de bajos ingresos recurre a este tipo de crédito, pagando tasas superiores al 380 por ciento anual —diez veces más que la tasa de usura legal—. Los 'gota a gota' cobran en promedio el 666,5 por ciento anual, más de 22 veces el límite de la usura. Y hay cifras aún más desgarradoras. El Instituto para la Economía Social (IPES) reveló que el 90 por ciento de los vendedores informales de Bogotá ha recurrido al 'gota a gota'. Más allá del costo económico desproporcionado, esta práctica suele estar acompañada de acoso, amenazas y una espiral de endeudamiento sin salida.

La educación es un derecho fundamental y un pilar esencial para el desarrollo humano y la democracia. Cuando un país garantiza una educación de calidad, contribuye de forma decisiva al bien-estar y a la calidad de vida de su gente. En Colombia, en los últimos 50 años hemos logrado avances importantes en cobertura. Pero no basta con llegar. Necesitamos que las personas permanezcan, aprendan y construyan trayectorias de vida con bien-estar. Y en esto aún tenemos tareas pendientes. Persisten brechas profundas entre lo rural y lo urbano, entre quienes tienen mayores oportunidades y quienes enfrentan condiciones adversas.

Estas desigualdades educativas pueden agravarse en el contexto económico global actual. Por eso, educar hoy no puede reducirse a la transmisión de contenidos estáticos. Necesitamos formar ciudadanos capaces de enfrentar la complejidad del mundo, con pensamiento crítico, capacidad de innovación, trabajo en equipo, manejo de tecnologías, comunicación efectiva y adaptación al cambio. Entre todas estas habilidades del siglo XXI, hay una que suele pasar desapercibida, pero que es crucial para la vida cotidiana. Se trata de la Educación Económica y Financiera (EEF). Es importante entender el significado del ahorro y de la inversión, las implicaciones del endeudamiento, el mejor uso de los recursos, el análisis del riesgo, la interpretación de la información económica. Estas competencias, lejos de favorecer solamente al sistema financiero, benefician principalmente a las personas. Les permiten vivir mejor, cuidar su salud financiera, construir proyectos de vida y fortalecer su bien-estar. Y, sobre todo, son una herramienta poderosa para cerrar brechas y combatir, desde el colegio, la desigualdad.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales