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Edna Bonilla
Puntos de vista

Un atentado, muchas ausencias

Hace unas semanas escribí sobre la urgencia de un lenguaje que no legitime la violencia ni llame al odio (). No imaginé que días después mi angustia sería aún mayor. El joven político Miguel Uribe Turbay está luchando por su vida, y el sicario que intentó asesinarlo es un adolescente de 15 años. Esta escena desgarradora no es un hecho aislado. Es el reflejo brutal del fracaso de nuestra sociedad. Y nos obliga a retomar esa reflexión con más fuerza. Sin duda, la democracia se defiende con hechos. Pero también, con palabras.

Esta semana conversé con personas de distintos orígenes políticos, ideologías opuestas y trayectorias muy diversas. Y, en medio de tantas diferencias, hubo algo que nos unió: el dolor. Todo lo que rodea este hecho es profundamente desgarrador.

En este capítulo que marcará la historia reciente de Colombia todos perdemos. Pierde Miguel, que lucha por su vida. Pierde toda su familia: su abuela, su esposa, su hijo, sus hijas, su padre, su hermana y tantos otros familiares y amigos. Una familia que ya ha aprendido a vivir con el dolor de perder a Diana Turbay, la madre de Miguel, una mujer que creyó en la paz de Colombia.

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