
Más tecnología, pero las guerras todavía se hacen a la antigua
Soldados de carne y hueso cruzan fronteras, invaden naciones y asesinan a civiles. Las guerras de ciencia ficción en las que una tecla de computador paraliza a una nación enemiga no existen. Al menos no todavía.
Por Álvaro Montes
En las primeras casi dos semanas de la invasión rusa a Ucrania el mundo pudo ver que las guerras todavía se libran, como ha sido a lo largo de la historia, en tierra, mar y luego aire, con tropas y naves de combate. No desde computadores. No sabemos si eso es bueno o malo, pero numerosos análisis internacionales confirman esta percepción. La transformación digital del horror bélico es, de momento, más una ilusión de la cultura tecnofanática, que una realidad.
"Pese a tanta tecnología, las guerras de hoy se parecen mucho a las de siempre", escribió Jaime García Cantero en un artículo en El País. No es que no exista una estrategia computacional que acompaña a las tropas invasoras. Nadie ha dicho tal cosa. Pero las armas digitales (ejércitos hackers, ataques a los sistemas informáticos, sabotaje digital y ciberespionaje) no constituyen el núcleo duro de una guerra. Son estrategias complementarias y algún aroma esperanzador debería quedarnos al saber que esta rama de la tecnología de la que nos ocupamos no alcanza por ahora la dimensión de máquina de muerte que el cine de ciencia ficción ha posicionado en la cultura popular.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios











