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Tecnología

Inteligencia artificial: ¿Si es tan inteligente como dicen?

La inteligencia artificial generativa, el último grito de la moda en tecnología, podría cambiar la historia de la civilización. ¿O tal vez es una burbuja más, que se desinflará como el metaverso o la Web3?

Por: Álvaro Montes

La industria quiere que encarguemos a una plataforma inteligente la creación de contenidos, tal como ordenamos pollo asado con papas fritas en Rappi. "Quiero una ilustración de un paisaje en estilo impresionista" y ¡zaz! Midjourney me regala una que parece creada con los pinceles del mismísimo Monet. "Quiero un ensayo sobre el impacto que tuvieron las vacunas en la contención de la pandemia de covid-19" y ¡listo! ChatGPT me entrega uno muy bueno. En el futuro no necesitaremos pensar, imaginar ni investigar, porque los ingenieros de Silicon Valley se encargarán de liberarnos de esas tontas facultades humanas.
Hay un problema con eso. Midjourney utiliza ideas creativas de artistas de carne y hueso, sin consultarles y sin pagar los debidos derechos de uso. Y ChatGPT escribe textos que lucen como escritos por humanos, pero incluyen verdades y falsedades en sus párrafos, sin distinguir lo uno de lo otro, porque no tiene idea de lo que está haciendo. Es un algoritmo que extrae información de esa enorme base de datos tóxica que es internet, en la que acerca de las vacunas hay textos publicados por los movimientos antivacuna, por terraplanistas y esotéricos, que las atacan con furia; y por los laboratorios que las fabrican, las venden y las defienden a toda costa; y por científicos y pseudocientíficos. Chat GPT toma todo eso -no puede discernir entre el bien y el mal- y confecciona un coctel de párrafos más o menos bien redactados que tienen felices a millones de personas por estos días.

Pedir imágenes y textos a una plataforma inteligente no parece ser tan buena idea de momento, hasta tanto no se resuelvan los dilemas éticos y regulatorios que ha provocado.

La llamada inteligencia artificial generativa está en la cresta de la ola tecnológica mundial. Para crear contenidos de texto a imagen están Dall-E. Midjourney, Stable Difussion, Jasper y otras plataformas. Para crear los de texto a video, Fliki, Meta AI, Google AI. Para evitar la tediosa tarea de programación computacional están GitHub Copilot, replit Generate code, Express Design de Microsoft y AI Developer Assistance. Ya está disponible Valle-E, capaz de imitar voces mejor que Jhovanoty, y para renovar la imagen en la cuenta de usuario en las redes sociales está LensaAI. La lista crece diariamente, y ya pululan en Linkedin los expertos que prometen a las empresas de consultoría para que dupliquen sus ingresos utilizando estas cosas.
La IA generativa no es, para nada, lo que buscaban Allen Newell, Herbert Simon o Marvin Minsky, padres de la investigación en inteligencia artificial por allá en los años 60. Ni se parece a las plataformas de machine learning que actualmente se utilizan con probado éxito en los negocios, ni a los robots que trabajan en la industria. La compañía OpenAI, creadora de ChatGPT ha dicho que de momento esta plataforma es solo una "prueba de investigación". Ellos mismos son más cautelosos que los evangelistas tecnológicos de Linkedin y Twitter que aplauden cualquier cosa que salga de Silicon Valley sin que se haya examinado su impacto.
Desde luego, se trata del salto más importante en la investigación sobre inteligencia de máquina en la última década: algoritmos capaces de crear contenidos similares a los que produce la mente humana, y prácticamente indistinguibles, tal como proponía Alan Turing en su famoso test para graduar de inteligente a un robot. Y aunque solo lo hacen si un Homo sapiens lo pide mediante un texto, hay expertos que predicen una nueva era en la historia de la civilización. Podría ser. O quizás, podría terminar en una burbuja tecnológica más, que se desinflará en algún momento, como el metaverso o la Web3.

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