2 Septiembre 2022

Daniel Galán: ganarle al número 5 del mundo y cerrar el círculo

Crédito: foto: Copa Davis.

Daniel Galán, contra todo pronóstico y contra toda lógica, sobrevivió a Stefanos Tsitsipas, número 5 del mundo, dejó en el camino a Jordan Thompson y ya está en tercera ronda del US Open. Solo tres colombianos lo habían logrado, entre ellos Mauricio Hadad, el último en hacerlo hace 27 años.

Por: Juan Francisco García

El 21 de junio de 2010, con el Mundial de Sudáfrica en plena ebullición, la alienación colectiva y mediática que cada cuatro años desata el fútbol tuvo un paréntesis. Un raro espasmo. En Londres, a las siete de la mañana, mientras en Ciudad del Cabo Portugal vapuleaba a la dictatorial Corea del Norte, jugaban Roger Federer y Alejandro Falla. Primera ronda de Wimbledon. El número 1, la leyenda, el defensor del título, contra el 60 del ranking: el esforzado representante del trópico que venía a marcar tarjeta y a pedirle la camiseta al mejor tenista de los siglos XX y XXI.

Debía ser un trámite. Un partido a set corridos que no debía estresar ni física ni mentalmente al suizo. Su cándida entrada en calor para seguir estirando el mito. Pero no. Ese día, Alejandro Falla llegó al complejo de Wimbledon salido de su ámbito, negacionista de la tradición y la inercia histórica. Jugado y convencido de poder poner su nombre, en rojo, en los titulares de los sensacionalistas periódicos ingleses que tendrían que contar, absortos, la historia del desconocido que sacó a su majestad Roger Federer.

Primer set: 7-5 para Falla. Segundo set: 6-4 para Falla. Tercer set, 6-4 para Federer. En el cuarto set, después de más de dos horas y media de partido, el marcador dijo 5-4 para Falla y con el servicio a favor. Era el momento. La cancha central, repleta, susurraba inquieta. El papá de Federer, tan ecuánime, se movía en la silla con atípicas ansias para una primera ronda. En Colombia, a esa hora, ya importaba un carajo el Mundial. Lo imposible se manifestaba. Sacar de Wimbledon a Federer, en su mejor versión, era quimérico y quijotesco. Pero no…

El número 1 le quebró el servicio al colombiano, se hizo del cuarto set y en el quinto, ya dueño de su mejor tenis, aterrizó a Alejandro con un 6-0 fulminante. Sin embargo, en el archivo del torneo quedó el grito seco y fiero del suizo al ganar el cuarto set, como si en vez de pasar a segunda ronda celebrara una gesta. “Tuve demasiada suerte”, declaró en la rueda de prensa.

El lunes pasado, porque todo lo bueno tarda, y porque los círculos inconclusos han de cerrarse, Daniel Galán cogió el testigo de Alejandro Falla. Y lo hizo de forma inesperada, quimérica, quijotesca. Aunque esta vez no fue en la cancha central, y aunque esta vez no estuviera en juego un Mundial, en Colombia volvió a pasar lo mismo que aquel 2010 olvidado y marchito: la rutinaria noche de un lunes cualquiera de un agosto lluvioso y anodino se convirtió, de golpe, en una jornada tenística colorida, extática e inolvidable.

El bumangués, como Falla en Londres, entró al estadio JP Morgan de Nueva York bañado en gracia y autoestima, convencido de poder desafiar la estadística fundamental, los hechos puros y duros, la implacable apuesta de 0 a 100 en su contra. Venía de la qualy, venía también a marcar tarjeta, pues enfrente estaba Stefanos Tsitsipas, el Jesucristo Superstar griego. Preclasificado como número 4 del mundo y serio aspirante a levantar el trofeo. 24 años, 1,93 centímetros de altura y un tenis visceral, vigoroso, mezcla de derroche energético y exquisitez técnica.

Enfrentar a Daniel Galán no debía ser, no podía ser, para él, nada distinto que una tranquila entrada en calor para ir soltando la muñeca y los tenis. Pero no. Primer set: 6-0 para el colombiano –¡solo perdió 7 puntos– que se metió en el exclusivo club de tres, junto con Djokovic y Nadal, de los que han sido capaces de dejar en ceros al griego. Segundo set: 6-1 para Galán, que a la sorpresa del primer set le sumó la consistencia y la precisión de un top 10 del mundo. Tercer set: 6-3 para Tsitsipas y la pregunta abierta, la sospecha, de que el partido destorcería su curso anómalo y la balanza se inclinaría hacia el favorito.

¡Pues no! En el cuarto y último set, en una lección de concentración, lucidez y resiliencia Galán logró aplacar el brío del griego. Le supo negar entrar definitivamente en el partido. Sin complejos, sin nunca asustarse ante la piel del tigre, el nuestro le hizo frente a la derecha infernal del griego, una de las mejores del circuito, le plantó cara en los rallies y no aflojó con su revés sobrio y preciso. La vio negra, sí, pues aunque su mantra fueron la serenidad y la consistencia, el partido se le empezó a alargar, y eso contra un top 5 pesa en los músculos y en los nervios. La vio negra y tuvo que remar, trabajar cada punto. Estirarse. Defender. Transpirar; ir de vértice a vértice. Volver a empezar. Absorber la frustración para transformarla en coraje y fuerza. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, ¡siete matchpoints le tocó forjar antes del punto de partido definitivo!

“Jugó como un clase mundial”, declaró Stefano Tsitsipas en la rueda de prensa posterior al partido. Por supuesto que no miente. Nada distinto a una actuación por fuera de la lógica y de la costumbre puede explicar la gesta. Y lo lindo, lo más lindo, es que la gesta trasciende el fuero personal del bumangués de 26 años, ahora –efímeramente– famoso. En ella cabe la turbulenta historia del tenis en nuestro país, siempre en la escasez, siempre a contracorriente. En ella entran Farah y Cabal, Hadad, Catalina Castaño, Fabiola Zuluaga, Santiago Giraldo, Mariana Duque y todos los que aquí le entregaron sus días, contra todo consejo, sacrificial, a la raqueta. En la gesta cabe, pues, el elegante Alejandro Falla, que 12 años atrás abrió el círculo al desafiar a Federer y que hoy, como todos, celebra de pie la nueva circunferencia que propone Galán, que ayer volvió a ganar y ya está en tercera ronda.

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