6 Enero 2023

Los extraños patrones en las muertes de hombres gays en Colombia

Crédito: Yamith Mariño Díaz

Bajo el mismo modus operandi, los hombres gays en Colombia están siendo asesinados. Las autoridades no han tomado las medidas adecuadas. Una bandera de la comunidad aparece en las escenas del crimen.

Por: Maria F. Fitzgerald

Las alertas se prendieron en marzo de 2022, cuando en la ciudad de Medellín aparecieron diez hombres gays, jóvenes, con señales de tortura y asesinados. Todo, en un solo mes. Las teorías de la comunidad medellinense empezaron a rodar: podía ser un asesino serial, o tal vez una banda dedicada al exterminio de la comunidad. 

El modus operandi era el mismo: hombres jóvenes y de mediana edad, que vivían solos, siendo contactados por aplicaciones de citas por alguien que, después de sostener relaciones sexuales con ellos, los torturaba hasta asesinarlos en sus propias casas. Los encontraban atados de pies y manos, desnudos, con una bandera de la comunidad LGTBIQ+ al lado y asesinados por asfixia mecánica. 

Los asesinatos en la ciudad de Medellín cesaron su intensidad. La Fiscalía aseguró haber encontrado al autor material de, al menos, uno de los casos: se trató de Ramón Jesús Vargas Santos, quien fue procesado por homicidio agravado. Pero, este mismo modus operandi se ha visto registrado en otras ciudades. 

Se replicó en Bogotá el 11 de diciembre, con el caso de Felipe Garzón, un joven de 22 años que apareció asesinado en su apartamento, en el barrio Santa Fe. Sus amigos lo encontraron desnudo, atado de pies y de manos, con señales de tortura y con una bandera de la comunidad al lado. 

También se repitió en Barranquilla, el 17 de diciembre. Esa vez hallaron el cuerpo de René Estrada, desnudo, con señales de estrangulamiento y luego de que él le hubiera contado a sus conocidos que se encontraría con un hombre que había conocido por una aplicación de citas. Estrada fue la quinta víctima encontrada con esta misma modalidad en esa ciudad. Desde su asesinato, se han registrado tres más: uno en Soledad, Atlántico; otro en Bosconia, Cesar; y un último caso en Cartagena, Bolívar. Todo, en cuestión de días y bajo las mismas condiciones. 

Para Wilson Castañeda, director de la organización Caribe Afirmativo, la violencia contra la comunidad LGTBIQ+ está dejando una cantidad sin precedentes de víctimas y, asegura, las autoridades aún no toman las medidas suficientes. Para él, es claro que estos son crímenes de odio contra la comunidad; sin embargo, no han sido asumidos así. De acuerdo con organizaciones de la sociedad civil, la Fiscalía sería responsable por no atender con eficiencia los casos. 

 

Un año marcado por la violencia

Durante  2022 la cifra de asesinatos en contra de la comunidad LGTBIQ+ se duplicó respecto al año anterior. Hasta la fecha, existe registro en la Fiscalía de al menos 116 asesinatos a personas que pertenecían a esta comunidad. Los hombres gays son las principales víctimas de este delito. 

Se vio con los diez casos de Medellín, pero lo mismo ha ocurrido en la costa Caribe que, solo este año, registró 50 asesinatos a personas pertenecientes a la comunidad LGTBIQ+. Entre ellos, desde el Observatorio de DDHH de Caribe Afirmativo, la mayoría de víctimas fueron hombres gays jóvenes. En total, la base de datos de Caribe Afirmativo ha registrado 22 asesinatos con exactamente las mismas condiciones en todo el país, durante 2022. 

Para Castañeda es especialmente preocupante el hecho de que no se han tomado las medidas suficientes, por parte de las autoridades: “Hasta la fecha, la Fiscalía ha abierto diversos procesos para investigar estos crímenes. Pero, siempre han asumido la teoría de robos, incluso de problemas personales. No ha ocurrido que se entienda que, por las características que se presentan, claramente podríamos hablar de crímenes de odio”, asegura. 

Para Marcela Sánchez, directora de Colombia Diversa, la forma en que la Fiscalía ha abordado las investigaciones de estos crímenes no ha sido la correcta. Señala que, por ejemplo, es usual que se procesen personas que terminan admitiendo haber cometido un crimen, simplemente para rebajar sus penas en un 50 por ciento: “Los beneficios que reciben al admitir este crimen son amplios. Pero esto continúa dejando desamparada a una comunidad que está siendo atacada muy cruelmente, en espacios en los que no tendrían por qué sentirse vulnerables”, asegura Sánchez refiriéndose al hecho de que, en todos los casos, estos hombres han sido asesinados dentro de sus hogares. 

 

Un crimen histórico

Sin embargo, este no es un fenómeno nuevo. Pese a que este año se hizo más visible, justamente por los reportes que llegaron desde Medellín, Castañeda recuerda que los crímenes contra esta comunidad, principalmente contra los hombres gays y las mujeres trans, han sido constantes en el país. 

“Ya hace algunos años, justamente en Medellín se descubrió a una banda criminal que empezó a perseguir puntualmente a hombres gays para robarlos y posteriormente asesinarlos. Esa banda fue desarticulada. Pero, lo que vemos hoy en día con estos casos, tiene características totalmente diferentes. Por ejemplo, en la amplia mayoría de los casos, no ha ocurrido ningún tipo de robo”, recuerda Castañeda. 

Lo mismo asegura Sánchez quien, además, añade que desde 2005 un médico perteneciente a Medicina Legal empezó a alertar a las autoridades por la aparición de casos que reunían las mismas características de esta última oleada de crímenes: “Desde esa época ya se había caracterizado este mismo modus operandi. La Fiscalía continúa manejándolos bajo condiciones generales y no contempla que, desde esa época e incluso antes, ya aparecían cuerpos de hombres gays sufriendo lo mismo”. 

Pese a que desde octubre la Fiscalía aseguró que crearía un protocolo especial de atención para crímenes en contra de esta comunidad, y con estas características, hasta la fecha, no hay claridad sobre qué está pasando. Desde Caribe Afirmativo y Colombia Diversa aseguran que la historia de los crímenes cometidos contra la comunidad LGTBIQ+ debe ser asumida como un primer indicio para entender que, en Colombia, esta comunidad ha sufrido muchos crímenes de odio. 

“Ha sido por la insistencia constante de las organizaciones de la sociedad civil que la Fiscalía empezó a agilizar las investigaciones de crímenes cometidos contra la comunidad. De ahí que saquen cifras como que han resuelto el 50 por ciento de los casos de ataques a la comunidad LGTBIQ+. Sin embargo, es claro que no ha sido suficiente. Colombia es un país en el que tener identidades diversas es un motivo para temer. Y las autoridades aún no son capaces de entender que acá se cometen crímenes de odio”, asegura Sánchez. 

Para Castañeda, la preocupación crece ante la falta de eficacia por parte de las autoridades a la hora de resolver esta reciente oleada de asesinatos que, para él, podrían confirmar fácilmente la teoría de tener un asesino serial que haya estado activo desde hace muchos años: “Consideramos que la falta de resultados relacionados a estos crímenes llevan a que el o los victimarios se sientan en la capacidad de seguir cometiendo asesinatos y no sufrir represalias. Eso, por supuesto, vulnera incluso más a una comunidad que cada año ve cómo continúan creciendo las cifras de violencia en su contra con casos perfectamente calcados”. 

La Fiscalía le respondió a CAMBIO que gracias a una estrategia establecida por la oficina de la vicefiscal general, consiguieron identificar los delitos cometidos contra la comunidad LGTBIQ+. Además, señalan que: “identificar aquellos casos en los que se presuma una hipótesis de violencia fundada en la osig (orientación sexual e identidad de género) de la víctima, para que se incorpore en los actos urgentes de investigación actividades diferenciadas encaminadas a verificar la hipótesis planteada; e (iii) impulsar la incorporación de los artículos relacionados con causales de mayor punibilidad o agravantes fundados en la osig de la víctima, en las imputaciones o acusaciones de los casos bajo seguimiento”. 

Sin embargo, pese a que aseguran que con esta operación han conseguido esclarecer el 50 por ciento de los casos contra la comunidad, en la respuesta señalan no tener claridad sobre los casos referidos, ni tampoco sobre la sistematicidad en los ataques. Además, dicen: “Es importante destacar que no todos los casos en los que la víctima es una persona LGBTIQ+ necesariamente guardan relación con homicidios fundados en su orientación sexual o identidad de género, sino que pueden tratarse de situaciones en las que la violencia se motivó en aspectos distintos al de ser una persona LGBTIQ+”.

La preocupación no es menor. La Defensoría del Pueblo señaló que durante 2022, cada semana ocurrió un asesinato en contra de una persona de la comunidad LGTBIQ+. Históricamente los registros no son mejores. Entre 2014 y 2019 Colombia fue el país con mayor asesinato a personas pertenecientes a la comunidad a nivel mundial. En estos años, la Fiscalía reportó un total de 542 asesinatos, y, hasta 2022, el 2015 había sido el año con más asesinatos, cuando se registraron 113 casos. 

Por todo esto, para Caribe Afirmativo la sugerencia continúa siendo primar el autocuidado. Desde esta organización, pero también desde otras organizaciones como Colombia Diversa, los crímenes por identidad sexual y de género son comunes en toda Latinoamérica. Por ello, es necesario que quienes pertenecen a esta comunidad procuren crear formas de autocuidado que no los lleven a estar en estados de vulnerabilidad tan elevados, como los que tuvieron quienes han sido víctimas estos años. 

Lo siguiente que proponen las organizaciones es que, sin satanizar los encuentros sexuales de este tipo, sería positivo que tanto las aplicaciones, como los gerentes de puntos de encuentro para esta comunidad, creen protocolos de prácticas sexuales seguras para las personas y que exista mayor rigurosidad con el manejo de los datos. 

Sin embargo, para Castañeda, es necesario que se aceleren las investigaciones para entender la profundidad de lo que ha venido ocurriendo y que, finalmente, existan resultados que lleven a comprender que las vidas de las personas LGTBIQ+ sí importan.