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Lo que sostiene el desarrollo regional: la apuesta de Davivienda por una economía más resiliente y sostenible
FOTO: Cortesía Davivienda.
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Lo que sostiene el desarrollo regional: la apuesta de Davivienda por una economía más resiliente y sostenible

El cambio climático, la pérdida de biodiversidad y las brechas sociales han puesto sobre la mesa la necesidad de nuevas fuentes de financiación para los territorios. En este contexto, Davivienda ha enfocado parte su financiación a proyectos que buscan generar impactos sociales, ambientales y económicos de largo plazo.

En Colombia, las consecuencias del cambio climático ya no son una proyección futura. En distintas regiones del país, las comunidades enfrentan inundaciones, sequías, deslizamientos y otros fenómenos que afectan viviendas, medios de subsistencia, infraestructura y acceso a servicios básicos.

A esto se suma la creciente degradación de ecosistemas estratégicos que regulan el agua, sostienen la producción agrícola y contribuyen a la estabilidad climática de los territorios. Estas problemáticas suelen afectar con mayor intensidad a las poblaciones rurales, las comunidades indígenas y afrodescendientes, así como a aquellos territorios que históricamente han enfrentado mayores condiciones de vulnerabilidad.

Según el Departamento Nacional de Planeación (DNP), Colombia necesitaría destinar al menos el 1,5 por ciento de su PIB anual para cerrar parte de la brecha de financiamiento asociada a la acción climática. En materia de biodiversidad, estimaciones de BIOFIN-PNUD calculan que el país requerirá cerca de 98,95 billones de pesos entre 2025 y 2030 para cumplir las metas nacionales establecidas en el Plan de Acción de Biodiversidad.

El papel del sector financiero adquiere una relevancia particular ante estos desafíos. Más allá de otorgar créditos, las entidades influyen en qué proyectos se desarrollan, dónde y bajo qué condiciones lo hacen. Bajo este marco, Davivienda ha venido incorporando criterios ambientales y sociales dentro de su estrategia de negocio, con la idea de orientar recursos hacia iniciativas que contribuyan al desarrollo sostenible de los territorios.

Del financiamiento a la transformación de los territorios

Su apuesta se ha concentrado en movilizar recursos hacia proyectos que contribuyan a una economía más próspera, incluyente y baja en carbono. Davivienda se ha fijado la meta de movilizar 110 billones de pesos en finanzas sostenibles entre 2020 y 2030. A diciembre de 2025 había desembolsado 50,8 billones de pesos, orientados principalmente a iniciativas de impacto social y ambiental.

Estos recursos se han concentrado en algunos de los desafíos que hoy enfrentan las regiones del país: mejorar la conectividad física, ampliar el acceso a servicios esenciales, fortalecer la capacidad de adaptación frente al cambio climático y promover soluciones habitacionales más sostenibles.

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Infraestructura para conectar regiones y fortalecer la competitividad

El desarrollo regional depende, en buena medida, de la capacidad de conectar territorios, facilitar el acceso a mercados y mejorar las condiciones para la actividad económica. En muchas zonas del país, la falta de infraestructura continúa siendo una barrera para el crecimiento y la integración regional.

Bajo esta lógica, parte de los recursos que han movilizado se han destinado a infraestructura y construcción sostenible. Entre los proyectos financiados se encuentra Conexión Norte, en Antioquia, un corredor vial de 145 kilómetros que busca fortalecer la conectividad entre diferentes regiones del país y facilitar la conexión con el Puerto de Cartagena.

Salud y educación como motores de desarrollo

Las brechas territoriales también se reflejan en el acceso a servicios esenciales. La disponibilidad de infraestructura educativa y de salud sigue siendo un factor determinante para las oportunidades y la calidad de vida de las comunidades.

En este caso Davivienda ha financiado proyectos como el Hospital de Bosa, que amplía la capacidad de atención médica para una población cercana a los 2,3 millones de personas, o el campus San Damián de la Universidad CESMAG, en Nariño, diseñado bajo criterios de eficiencia energética y adaptación a las condiciones de la región.

Este tipo de iniciativas busca fortalecer capacidades locales y ampliar oportunidades de acceso a servicios fundamentales para el desarrollo de los territorios.

Adaptación climática y resiliencia territorial

La adaptación al cambio climático se ha convertido en una necesidad creciente para muchas regiones del país, los eventos extremos asociados a inundaciones, sequías y deslizamientos exigen inversiones que permitan reducir la vulnerabilidad de las comunidades y fortalecer su capacidad de respuesta.

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Davivienda acompaña a los entes territoriales a viabilizar iniciativas como las intervenciones sobre la cuenca del río Manzanares, en Magdalena, que buscan disminuir el riesgo de inundaciones, recuperar espacios urbanos y responder a problemáticas históricas relacionadas con la contaminación y la sedimentación del río.

Vivienda sostenible y transición justa

La financiación de Vivienda de Interés Social (VIS) certificada como sostenible le apunta a reducir consumos de energía y agua, representando menores costos para los hogares y contribuyendo a disminuir la pobreza energética.

Según datos del Índice de Pobreza Multidimensional (DANE 2024), el 22,3 por ciento de los hogares colombianos enfrenta condiciones de pobreza energética. Es decir que, una vivienda más eficiente no solo tiene implicaciones ambientales, sino también sociales y económicas para las familias, especialmente aquellas con mayores condiciones de vulnerabilidad.

Una conversación que va más allá de las finanzas

La discusión sobre sostenibilidad suele centrarse en los impactos ambientales, por lo que cada vez resulta más evidente que también es una conversación sobre desarrollo, bienestar y oportunidades para los territorios.

En un entorno marcado por desafíos ambientales cada vez más complejos y profundas desigualdades territoriales, la pregunta ya no es únicamente qué proyectos necesita el país, sino también cómo hacer posibles esas transformaciones. En esa conversación, las decisiones sobre dónde se invierte, qué se financia y qué impactos se buscan generar adquieren un papel tan relevante como las obras y proyectos que finalmente llegan a materializarse.

 

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