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Cuidarse no depende solo de la voluntad: el autocuidado como un asunto público
El 75 por ciento de las personas en América Latina dedican menos de treinta minutos al día a su autocuidado. Foto: Cortesía Kenvue.
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Cuidarse no depende solo de la voluntad: el autocuidado como un asunto público

Este 24 de julio se conmemora el Día Internacional del Autocuidado, una práctica que ha dejado de entenderse únicamente como una decisión individual para consolidarse como una herramienta de prevención y un componente cada vez más relevante de la salud pública.

Por: Redacción Contenidos Especiales

En el mundo, alrededor de 4.600 millones de personas no cuentan con una cobertura completa de servicios esenciales de salud y, en Colombia, aunque cerca del 99 por ciento de la población está afiliada al sistema, persisten barreras para acceder de manera oportuna y efectiva a la atención.

A este panorama se suman el envejecimiento poblacional, el aumento de las enfermedades crónicas y los problemas de salud mental, desafíos que han mostrado que la salud no depende únicamente de tratar la enfermedad cuando aparece, sino también de prevenirla.

En ese cambio de enfoque, el autocuidado ha adquirido un papel cada vez más relevante. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo define como la capacidad de las personas, las familias y las comunidades para promover y mantener la salud, prevenir enfermedades y afrontar problemas con o sin el apoyo de un profesional de la salud.

Para que este enfoque sea efectivo, la OMS señala que el autocuidado debe centrarse tanto en las personas como en los sistemas de salud, y sustentarse en principios como los derechos humanos, la equidad, la ética y la inclusión.

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La investigación de Kenvue deja en evidencia que muchas personas no saben por dónde empezar una rutina de cuidado personal: tienen dificultades para elegir los productos más adecuados o se enfrentan a recomendaciones contradictorias. Foto: Cortesía Kenvue.

¿Qué significa hablar de autocuidado hoy? 


Durante mucho tiempo, el autocuidado estuvo asociado a una serie de hábitos individuales relacionados con la alimentación, el ejercicio, la higiene o la apariencia física. Sin embargo, esa visión ha comenzado a transformarse. De acuerdo con Gustavo Ledesma, director de Asuntos Corporativos para Latinoamérica Norte a Sur (LATAM N2S) de Kenvue, hoy el concepto va mucho más allá.

“Hablar de autocuidado es hablar de algo mucho más amplio que comer saludable o hacer ejercicio. Incluye estas prácticas, por supuesto, pero también implica todas aquellas decisiones cotidianas que ayudan a una persona a proteger activamente su salud, desde dormir mejor, cuidar nuestra salud oral, proteger nuestra piel, manejar responsablemente síntomas comunes, buscar información confiable y saber cuándo contactar a un profesional”, explica.

Según Ledesma, el autocuidado está dejando de ser una práctica vista como un privilegio o un ideal aspiracional, para consolidarse como una estrategia preventiva al alcance de todas las personas.

●    “El concepto de autocuidado está evolucionando de simples hábitos de higiene hacia rutinas proactivas”: Kenvue

Según la OMS, el autocuidado contribuye a promover la salud y el bienestar, prevenir enfermedades y fortalecer la capacidad de las personas para gestionar su propia salud. Además, de acuerdo con el estudio A New View of Care: The Power of Personal Care Routines, elaborado por Kantar para Kenvue, el 87 por ciento de las personas afirma que sus rutinas de cuidado personal mejoran su bienestar emocional, mientras que el 85 por ciento considera que elevan su calidad de vida y el 76 por ciento asegura que las ayuda a afrontar mejor los retos del día a día.

Si el autocuidado funciona, ¿por qué siguen existiendo barreras para cuidarse?


Que los beneficios del autocuidado estén ampliamente documentados no significa que sea una práctica común. Entre reconocer su importancia e incorporarlo de manera constante en la vida cotidiana existe una brecha que millones de personas aún no logran superar.

De acuerdo con el estudio de Kenvue, cerca de tres cuartas partes de las personas en América Latina (el 75 por ciento) dedican menos de treinta minutos al día a su autocuidado, a pesar de que quienes invierten al menos 15 minutos diarios reportan mayores beneficios para su bienestar y su calidad de vida.

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Foto: Cortesía Kenvue.

Los resultados de la investigación muestran que muchas personas no saben por dónde empezar una rutina de cuidado personal, tienen dificultades para elegir los productos más adecuados o se enfrentan a recomendaciones contradictorias. En un contexto con una oferta cada vez mayor de productos y una enorme cantidad de contenidos sobre bienestar, el exceso de información termina generando más incertidumbre que confianza.

Esa sobreabundancia de información también ha convertido a la Inteligencia Artificial en una herramienta cada vez más presente en las decisiones relacionadas con la salud. Para Ledesma, esta tecnología tiene el potencial de “democratizar el acceso a información de salud, explicar conceptos complejos y orientar mejor a las personas, pero no puede convertirse en un sustituto del profesional”.

Las dificultades para mantener una rutina de autocuidado también tienen un impacto emocional. A nivel global, el estudio encontró que cuando las personas no logran sostener estos hábitos suelen experimentar sentimientos de frustración, culpa o decepción. El 24 por ciento afirma sentirse con menos energía y desmotivado; el 23 por ciento experimenta culpa o decepción y el 22 por ciento reporta estrés o ansiedad. Sin embargo, reducir el problema a un tema de disciplina individual, constancia y determinación sería simplificar una realidad mucho más compleja.

Hacia una política pública del autocuidado


Para Ledesma, una de las principales limitaciones ha sido pensar que el autocuidado depende únicamente de la fuerza de voluntad de las personas. Si bien la constancia es fundamental, también existen barreras relacionadas con el tiempo, los ingresos, el acceso a información confiable, la disponibilidad de servicios de salud y las condiciones sociales.

En algunos casos, el tiempo para cuidarse se convierte en un privilegio. Las personas que asumen grandes cargas de cuidado, viven en zonas rurales, enfrentan condiciones de pobreza o tienen alguna discapacidad suelen encontrar mayores obstáculos para destinar tiempo y recursos a su propio bienestar.

En Colombia, por ejemplo, las mujeres continúan asumiendo de manera desproporcionada el trabajo de cuidado no remunerado. En Bogotá, nueve de cada diez realizan este tipo de labores y casi una de cada tres dedica alrededor de seis horas diarias exclusivamente a estas actividades, una realidad que limita su posibilidad de estudiar, trabajar, descansar, realizar actividades de ocio, asistir a chequeos preventivos, entre otras actividades.

●    Rutinas de autocuidado: el nuevo lenguaje de la salud y el bienestar

Recientemente, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció el cuidado como un derecho humano autónomo, una decisión que reconoce que todas las personas tienen derecho no solo a cuidar y ser cuidadas sino también a contar con las condiciones necesarias para cuidar de sí mismas.

Por eso, según Ledesma, hablar de autocuidado implica necesariamente hablar de corresponsabilidad: “No podemos hablar del autocuidado como una carga para el ciudadano. Debemos hablar de un esfuerzo compartido entre gobiernos, profesionales de la salud, academia, industria, medios de comunicación y ciudadanos”.

El autocuidado parece ser, además, uno de esos temas sobre los que existe un amplio consenso social e institucional. Esa coincidencia abre una oportunidad para que el Gobierno lo impulse como parte de su agenda de salud pública y lo incorpore en el Plan Nacional de Desarrollo formalizando un compromiso con la prevención, el bienestar y la corresponsabilidad en el cuidado.

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