El rock y el pop viven muy cómodos del pasado
Un tiktoker revive a Fleetwood Mac; unas series de Netflix le dan un nuevo aire al pop inglés de los 80; tres multinacionales disqueras adquieren catálogos históricos para exprimirles hasta el último demo; una decena de bandas icónicas conmemorarán medio siglo de vida de sus obras con reediciones; a una gran generación de melómanos les emociona más un nuevo álbum de Paul McCartney que una novedad de una banda independiente californiana. El rock vive en y del pasado, las multinacionales cuidan su catálogo como un gran tesoro y poco le apuestan a las novedades.
Por Jacobo Celnik
Una imagen de un poco más de un minuto, a finales de septiembre de 2020: Nathan Apodaca, un tipo común y corriente, revive un clásico del rock. Su carro se queda sin batería cuando sale a trabajar. Angustiado, toma su patineta, un jugo de arándanos, se pone un hoodie gris y mientras anda por las calles de Idaho Falls decide hacer un video para TikTok. Usa la canción Dreams, de Fleetwood Mac, mientras disfruta del “ride”, unos sorbos de jugo y canta un fragmento de la canción. Se le ve feliz en su aventura. En pocos días un milagro sucede: 60 millones de reproducciones y 10 millones de “me gusta” para su performance. Un par de semanas después, el álbum Rumours (1977) de Fleetwood Mac, donde aparece ese himno del rock, vuelve a escalar en las listas de Billboard y llega al top 10. Se convierte en tendencia en Spotify y la canción es una de las más reproducidas del año. La cantante Stevie Nicks y el baterista Mick Fleetwood no solo aplaudieron a Apodaca, sino que emularon su gesta. Un inocente video para una red social puso de moda, nuevamente, a una de las bandas más grandes de la historia del rock, siendo además conocida y reconocida para una generación, descrita entre los millennials y los Z, que de otra manera jamás hubieran llegado a ella. Un año más tarde, Apodaca recogió suficiente dinero para comprar una casa propia y es toda una celebridad de TikTok.
Varias imágenes del mundo de la ficción: una dama adolescente y deprimida, conocida como Hannah, está a punto de suicidarse. De fondo suena The Killing Moon, en la versión de Roman Remains. A los pocos días, Echo and the Bunnymen, compositores de ese clásico de 1984, son tendencia en Spotify gracias a 13 Reasons Why; una pareja de adolescentes irrumpen en una casa llena de objetos fascinantes. Se dirigen al tocadiscos, toman un LP de un mueble y ponen a sonar I’m Sorry, de Brenda Lee. La canción renace de sus cenizas de 1960 gracias a The End of the Fucking World; un muchacho recostado en la parte baja de un camarote se despierta por una canción que suena desde un televisor. Lentamente, tapándose los oídos con sus manos, se da vuelta para entender qué es ese ruido insoportable que no lo deja dormir. La cámara hace un paneo de un cuarto tapizado de azul con imágenes de osos y ardillas, nos muestra una silla de madera con un oso de peluche encima, una bandeja con un plato y un vaso de leche sobre una mesa azul y una extraña silla de acero en el centro del cuarto. La cámara se dirige hacia el televisor y vemos la imagen del cantante Pete Burns, de la banda Dead Or Alive coreando You spin me around (Like a Record). La canción de 1986 se convierte en tendencia gracias a la serie Dark y su videoclip en YouTube alcanza a la fecha más 210 millones de reproducciones.

El pasado 7 de junio otro hito en la historia del pop sucedió por cortesía de una serie de Netflix. Kate Bush obtuvo su primer top 10 en Billboard con la canción Running up that hill (original de 1985 del álbum ‘Hounds of love’), gracias a que fue incluida en una impactante escena de la cuarta temporada de Stranger things, siendo además la segunda vez que el tema se usa en una producción audiovisual. A inicios de 2021 la canción apareció en It´s a sin, de la BBC. El impacto de la escena y la canción generó una avalancha de reproducciones en los diversos servicios de streaming de música en el mundo, generando que la artista británica finalmente tocara las puertas del éxito en el mercado de los Estados Unidos. Cuando Running up that hill se lanzó como segundo sencillo del álbum solo llegó al intrascendente puesto 30 de las listas norteamericanas. Kate Bush, con una larga y prolífica carrera desde finales de los años 70, apadrinada por David Gilmour, muy reconocida en el Reino Unido y no tanto en Estados Unidos y otras latitudes, considerada la mujer más influyente del pop británico, está en boca de toda una generación de jóvenes seguidores de esa serie. El poder de una escena bien ambientada al servicio del catálogo del rock.
Sobre este fenómeno y el impacto de la canción en las generaciones más jóvenes, el productor de radio y periodista Óscar 'Tito' López señala: “Tiene sentido que una generación más joven encuentre tanto consuelo en esa canción, porque trata acerca de la empatía y esa necesidad es atemporal. Por otro lado, hay que mirar lo que sucede con la música de hoy: casi no hay álbumes. Los artistas van lanzando sencillos de manera digital, apoyados por todas las plataformas de streaming y redes sociales. Esos sencillos son cortos, de tres minutos. No tienen intro ni una sección instrumental en el medio. Están hechos para que la gente las escuche por unos días y los deseche. Ya no se hacen canciones memorables. Por eso no contienen músicos virtuosos. No se oye un solo de guitarra, de teclado o de saxofón. Solo una base rítmica, un coro repetitivo y una letra sugestiva sin mucho fondo. Eso puede explicar el impacto de la canción entre los jóvenes”.
Si el caso de Kate Bush fuera único entre una tendencia cada vez más frecuente, nos sorprenderíamos. De hecho, series de televisión como CSI, o Misión del deber en los años ochenta, revivieron clásicos de The Who y los Rolling Stones; y el cine, desde hace varias décadas también mantiene con vida el catálogo del rock. Ejemplos hay de sobra: Casino, Dead Man Walking, Mean Streets, Good Fellas, American Graffiti, American Beauty, Forrest Gump, Trainspotting, Full Monty, Reality Bites, y tantas otras películas con bandas sonoras memorables. Sin embargo, no deja de sorprender que una canción con más de treinta y siete años de vida vuelva a entrar en el top 10 de Estados Unidos. La última vez que algo similar sucedió fue con Bohemian rhapsody, de Queen, que alcanzó el número 2 en 1992 después de que se incluyera en la película Wayne's world, aunque Fleetwood Mac llegó al Top 10 con Dreams en 2020 cortesía del señor Apodaca.
Los casos de las series antes citadas nos muestran el alcance masivo e inmediatista que tiene la música para una generación en particular como la Z o centennials, "habitués" de YouTube, Spotify y Deezer, entre otras plataformas digitales, quienes están descubriendo un mundo oculto y mucho más fascinante en la música que el que ofrecen, en mi opinión, Karol G, los Balvin, Malumas, entre otros exponentes de un género que se niega a desaparecer como el urbano-reguetón y cuya calidad es muy discutible. El oído no miente, más allá de que la apreciación de la música es un tema de gustos.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios









