
‘Tras la derrota en la guerra con Prusia en Francia se generó la búsqueda de una voz nacional’: Philipp Blom, historiador
Exposición Universal de París de 1900
La Belle Époque, demarcada por la guerra francoprusiana de 1870 y 1871 y el comienzo de la Primera Guerra Mundial es el tema del sexto Festival Internacional de Música Clásica que se llevará a cabo en Bogotá entre el 5 y el 8 de abril. El historiador alemán Philipp Blom es uno de los invitados al evento y habló con CAMBIO.
Por: Eduardo Arias
Uno de los componentes del Festival Internacional de Música Clásica que se llevará a cabo en diversos escenarios de Bogotá entre el 5 y el 8 de abril son las conversaciones entre expertos en la música francesa de la llamada Belle Époque, que es el tema de esta sexta edición. Uno de los invitados a dos de estos encuentros es Philipp Blom, historiador, novelista y traductor alemán que nació en Hamburgo en 1970.
Es doctor en Historia Moderna de la Universidad de Oxford. Trabajó en Oxford, Londres y París y ahora vive en Viena. Sus obras históricas, ensayos y novelas han sido traducidas a 16 idiomas y han recibido numerosos premios. Entre ellas se destacan El coleccionista apasionado, *Encyclopédie, una historia de la Encyclopaedia de Diderot y D’Alembert que hizo posible la Ilustración francesa; Años de vértigo, donde sostiene que la ruptura con el pasado que a menudo se asocia con el trauma de la Primera Guerra Mundial en realidad tuvo sus raíces en los años previos, y Fractura*, una historia cultural de los años de entreguerras.
En una conversación con CAMBIO, Bloom presentó el contexto histórico, político, social y cultural en que se desarrolló la rica y muy variada música francesa de finales del siglo XIX y comienzos del XX.

CAMBIO: ¿Cómo se explica la diversidad musical que se vivió en Francia a finales del siglo XIX y comienzos del 20?
Philipp Blom: Es curioso pero tiene mucho que ver con la música alemana. La revolución romántica del siglo XIX fue básicamente un asunto alemán, y Bach, Beethoven y cada vez más Wagner fueron estrellas en el firmamento musical que brilló de manera particular en París, donde tras la traumática derrota de Francia en la guerra con Prusia en 1871 se generó una poderosa búsqueda de una voz nacional. Pero también había otra tendencia muy diferente. Un afán por modernizar, la expansión colonial, nuevas industrias, automóviles y cine, velocidad y consumo de masas. Ese mundo también pedía su propia voz, un lenguaje musical y cromático profundamente influenciado por Wagner, con ejemplos como Débussy y Ravel, o en los contrapuntos y las fantasías orientales de Saint Saëns. Esas obras por un lado están fascinadas por la tecnología y el ritmo de las máquinas, y por el otro lado son profundamente nostálgicas de un mundo que se desvanece y comparten con los pintores impresionistas un agudo interés en la percepción sensorial, el color y la textura.
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