
El cuerpo, la paleontología del futuro y Tintín en las tres exposiciones de la Galería el Museo
En la Galería El Museo se exhiben, hasta el 6 de junio, las exposiciones 'Cartografías del cuerpo' de Aurora Lario, 'Negro humo' de Fredy Alzate, y 'Tintín y Milú en Macondo' de Gabriel Ortega.
Por: Eduardo Arias
Cartografías del cuerpo de Aurora Lario
En la obra de la pintora española Aurora Lario siempre ha estado presente la tradición pictórica. Bodegones, paisajes, anatomía humana… “Siempre me han interesado todos los todos los momentos de la pintura, o sea, tanto el bodegón como el desnudo, el paisaje, hay cuna influencia de la tradición pictórica en mi trabajo”, dice.
Nació en Madrid en 1967 y desde niña se familiarizó con los museos de su ciudad, entre ellos El Prado así como el Museo de Artes y Tradiciones Populares. Estudió Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, donde se gestó su interés por explorar el cuerpo humano. Después de 33 años de trabajar más que todo con acrílico y acuarela, en Cartografías del cuerpo Aurora Lario aborda la feminidad, el erotismo, el amor, la maternidad, la violencia, el exceso, la vejez y la muerte. Para ello utiliza el óleo en piezas de gran formato en las que lo figurativo y lo abstracto se unen ya sea para delinear o para apenas sugerir las formas de los cuerpos desnudos. Como ella comenta, en esta exposición retoma diferentes escenas de maestros de la pintura. “Aunque no son absolutamente fieles, hay parte de una apropiación, hay mezclas como un brazo o una mano que les pertenecen a otros cuerpos. Hay un juego, pero siempre a partir de alguna imagen concreta donde la presencia de piel es contundente”.
La paleta de colores que utiliza le da unidad a la serie, en que las formas y los gestos se manifiestan de manera muy variada.
Con un hilo conductor cromático, las atmósferas se relacionan y se funden con las figuras. Según explica ella, el conjunto cromático de todos los cuadros es “muy de piel. Pieles rosadas, a veces más amarillentas, más cetrinas”, dice mientras muestra un cuadro de un cadáver que está flotante, en el que la piel ya está muy adherida a los músculos.
En algunas telas se refiere a la relación sexual. “Nunca son datos muy definidos, y las imágenes son más bien insinuantes. Me apetecía trabajar con el cuerpo humano porque siempre ha estado dentro de la tradición. Yo me alimento mucho de toda esa tradición pictórica, de lo que he visto a través de todos estos años. En mi familia la idea de ir a los museos es una cosa permanente. Entonces, yo creo que eso se va quedando en el subconsciente y va apareciendo en cada momento, en cada exposición”.
Esta obra comenzó a crearla en 2020 y 2021. La guardó porque no estaba lista para continuar con ella. Hace dos años expuso en esa misma sala de la galería El Museo Paisaje animal. Por esa razón, algunos de los cuadros tuvieron una evolución, a lo mejor una un poco más tardía.
Complementan estas telas sus esculturas de cabezas, pies y manos en porcelana y arcilla con esmaltes y pinceladas de color.
Negro humo de Fredy Alzate
Las piezas que componen esta exposición están hechas de fragmentos de caucho recuperado de maquinaria pesada de la mina del Cerrejón, tales como fragmentos de llantas en desuso, neopreno, repuestos de automóviles y resina pigmentada con negro de humo. Es decir, carbono puro, el pigmento más antiguo de la humanidad y, al mismo tiempo, el aditivo que da a cada neumático del mundo su color negro y su resistencia.
Mediante procesos de corte, talla y moldeado, Fredy Alzate, quien nació en Rionegro (Antioquia) en 1975, les da formas a sus obras que evocan registro fósil: amonitas u organismos marinos extintos hace cientos de millones de años.
Como dice Alzate, el negro de humo que le da nombre la exposición se refiere a expresiones primigenias, como cuando el negro de humo sirvió para hacer pinturas rupestres en las cuevas de Lascaux. Pero también evoca su uso como pigmento en el Renacimiento y la manera como en la actualidad está muy presente en derivados del petróleo relacionados con la industria automotriz. Todo lo que tiene que ver con neopreno, llantas, cauchos. Es una reflexión entre la materia, su uso industrial y los hasta 1.000 años que pueden demorarse en degradarse. Entonces, es un ejercicio especulativo sobre unos fósiles futuros”.
La materia y objetos en desuso ha estado muy presente en sus esculturas. A Alzate le interesa la materia de segunda mano que, dice él, tiene memoria, pero ya no cumple con una función específica. “Yo hago elaboraciones en el ámbito escultórico donde ellas siguen conectando los contextos de origen o de uso, pero yo hago especulaciones narrativas de otro orden”.
En algunos de sus los proyectos anteriores había utilizado de diversas maneras el caucho, el neumático e incluso las llantas. “En esta ya lo hago de manera más decidida, en un juego que propone una narrativa como si yo fuese un naturalista que está entendiendo las evidencias geológicas o de vestigios paleontológicos” dice. “Hago una apuesta por un museo futuro donde, sin tomar una postura crítica, invito a la reflexión sobre el antropoceno, sobre lo que estamos generando en el mundo y cómo esto va a ser leído en un futuro”.

Tintín y Milú en Macondo, de Gabriel Ortega
Gabriel Ortega, quien nació en Medellín en 1969, es fanático del personaje Tintín desde que era niño, y decidió traerlo a Macondo, más exactamente a los lugares de Cien años de soledad en la versión de Netflix. El Tintín que aparece en sus cuadros es en realidad un autorretrato suyo. “En el colegio me decían Tintín porque mi madre me peinaba con un copete. En gran parte de las obras el personaje son autorretratos míos cuando tenía nueve años”, dice.
Víctor de Luque, curador de la exposición, afirma en el texto de sala que “Gabriel Ortega no se acerca a Gabriel García Márquez desde la cita ni desde la nostalgia. Lo recorre. Lo escucha. Entra en Macondo con los ojos atentos de quien todavía sabe asombrarse, de quien reconoce que el hielo puede inaugurar una mirada, que una mariposa puede anunciar el amor y que un árbol puede guardar la locura, la memoria y el destino”.
En las obras aparecen siempre Tintín y Milú asombrados por el colorido de los paisajes silvestres tropicales. Este es un reflejo del gran interés que el cómic ha despertado en él y que se manifiesta en la paleta de colores de sus obras. Llevarlos a Macondo obedece a la pasión que siempre ha sentido Ortega por el universo de Cien años de soledad y Macondo. “Yo siempre he jugado mucho con la fantasía. He metido a Tintín en varias historias y hace unos años lo hice en el Renacimiento. Para mí, Colombia es toda una fantasía: el paisaje, la biodiversidad, todas esas historias fantásticas de los abuelos… entonces tenía que meter a Tintín en Macondo”.
Dos obras de la muestra son en colaboración. En una de ellas, las mariposas amarillas las pintó Pedro Ruiz y en la otra tenemos a Juanma, uno de los 250 fotógrafos más importantes a nivel internacional.
Galería El Museo
Calle 80 No. 11 - 42
Lunes a viernes: 9:30 de la mañana - 6:30 de la tarde.
Sábados: 11 de la mañana - 6:30 de la tarde.
Abierta hasta el 6 de junio

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