
‘Sargento Paz’ va más allá de la historia real que recrea
Desde hace casi 20 años, el cineasta Carlos Gaviria quería contar la historia del sargento retirado Édgar Santander Paz, quien tomó rehenes para forzar a que le reconocieran su pensión. Este año logró estrenar la película en el Festival de Cine de Cartagena y muy pronto estará en la pantalla de Señal Colombia.
Por: Eduardo Arias
En mayo de 2008, el sargento retirado Édgar Santander Paz Morales retuvo a 19 personas en una oficina del fondo de pensiones Porvenir y las amenazó con una granada de mano para presionar el reconocimiento de una pensión. Por esa acción fue condenado a 16 años y seis meses de prisión por los delitos de secuestro extorsivo agravado y tráfico y porte de armas de uso privativo de las Fuerzas Militares.
Sargento Paz es una película que se basa en ese episodio. Producida por Inravisión, su director es Carlos Gaviria, quien obtuvo más de 25 premios internacionales por Retratos en un mar de mentiras, entre ellos los de Mejor película en los festivales de Guadalajara y Kerala. En esta producción de Inravisión Cine participan Ramsés Ramos, Marcela Benjumea, Danharry Colorado y Bárbara Perea Arce.
Del noticiero al cine
Gaviria recuerda que cuando sucedió la toma su esposa lo llamó y le dijo que encendiera el televisor. “Lo hice y vi una buena parte de la toma en tiempo real. Inclusive la lectura de la parte de la confesión que él hizo”. Se quedó pensando y se dijo: "Uy, esto sería una película buenísima".
Cuatro o cinco años después consiguió el expediente del juicio. Lo leyó y le pareció que la historia era muy interesante, pero muy difícil de realizar. “El sargento Paz es un asesino y yo no encontraba por dónde coger esa historia. Un día, dándole vueltas, me agarré del asunto de la pensión que es el detonante de la historia”. Se puso a pensar en cómo es la vida de un soldado colombiano que prestó servicio durante 16 años y finalmente le niegan la pensión. “Dándole vuelta a eso logré humanizar el personaje. Y ahí entra la parte que básicamente es ficción”.
En el expediente había ciertos datos acerca de la vida del sargento, pero su historia es muy diferente a la que cuenta la película. “Esa parte de la vida del sargento anterior a la toma es ficción pura. Yo construí la historia de un pensionado al que le niegan la pensión y ve la injusticia de haberle servido a este país durante 16 años y al final prácticamente morirse de hambre. Esa es una historia que sigue siendo muy importante en este país. Hay que hay que tener en cuenta, por ejemplo, que Colombia en este momento tiene 7.000 u 8.000 soldados mercenarios en Ucrania. Y ese fenómeno se da exactamente por lo mismo. Son personas que lo único que saben hacer es combatir. En un momento se quedan sin pensión o con una pensión muy baja y el desespero los lleva a irse de mercenarios o, en el caso del sargento Paz, a tomarse una oficina de pensiones”, dice Gaviria.
Para construir la ficción, Gaviria averiguó cómo es el entrenamiento militar en Colombia, muchas veces hecho con instructores extranjeros. “Básicamente consiste en romper a la persona y convertirla en un ser humano capaz de matar. Si uno ve Full metal jacket, la película de Stanley Kubrick sobre Vietnam, uno podría decir que las partes de la película que muestran el entrenamiento del sargento Paz son una especie de trailer de Full metal jacket porque es básicamente el mismo entrenamiento”.
Gaviria puso en escena parte de la confesión, donde Édgar Santander Paz cuenta cómo Yair Klein lo entrenó y después habla de la fundación del grupo Muerte a Secuestradores, conocido como el MAS. “En la confesión, él cuenta quiénes eran los integrantes del MAS. La Procuraduría hizo una investigación y publicó los nombres de los militares que estaban involucrados en el MAS. Mucho de eso es de conocimiento público. Todos los nombres en la película están cambiados u omitidos. No hay una un señalamiento de alguien. El único nombre real es el de Yair Klein, que se me pasó cambiarlo”, dice.
En cuanto a lo que sucedió en la toma de la oficina, Gaviria reitera que la película es muy cercana a como realmente pasó. “Eso está en el expediente. Además, CitiTv fue el canal de televisión que estuvo más tiempo allá, el que llegó primero y estuvo hasta el final. Yo logré conseguir una copia de todo lo que ellos grabaron y la usé para reconstruir toda la toma de la oficina de pensiones”, recuerda Gaviria. Y agrega que los hechos que se narran después también hacen parte del expediente. “Lo de la cárcel, que fueron a hablar con él, que lo amenazaron, que intentaron matarlo… y la sentencia que le dieron está copiado textualmente del expediente, de pronto un poco resumido”, anota.
El largo camino de Sargento Paz
Han pasado casi 20 años desde que nació la idea de realizar esta película, un tiempo que se explica por las grandes dificultades que pasó Carlos Gaviria para poder rodarla y editarla. Desde un comienzo Gaviria sabía que era un proyecto muy difícil de llevar a cabo. Pero siguió adelante.
Le tomó varios años escribir el guion y la primera versión la tuvo lista hacia 2016. Lo envió a diversos concursos de guiones. En uno de ellos, realizado en La Habana, ganó mención del jurado. Luego descubrió un concurso de guiones en el Blood Window, de Ventana Sur, y ganó el primer premio. “Luego lo mandé a un laboratorio de guion de la embajada francesa y también quedó. Pensé que llegaba a las convocatorias mucho más fuerte”. Pero no, durante seis o siete años no lograba clasificar. “Lo envié al foro de coproducción del Festival de Málaga y ahí lo aceptaron, pero con tan mala suerte que íbamos a ir el día en que empezó la pandemia. Por minutos no nos montamos al avión. Si no, nos habríamos quedado uno o dos años encerrados en España”, dice Gaviria.
De seis o siete veces que lo presentó, la única vez que pasó para que lo evaluara un jurado fue en la convocatoria de cine del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico. “Me fue muy bien en la conversación con el jurado. Sin embargo, no lo logré. Pregunté y me dijeron que uno de los jurados, el colombiano, se opuso rotundamente a que me dieran el premio. Yo realmente me aburrí y lo guardé”.
Sin embargo, el año pasado, Holman Morris, gerente de Inravisión, le propuso realizar una serie sobre el Parqueadero Padilla, pero no había suficiente plata para hacerla en ese momento. “Me dijo que le gustaría abrir un departamento de cine en RTVC y hacer películas. Entonces yo le conté acerca de la historia y los premios que había ganado el guion. Morris le dijo que contaba con 2.000 millones de pesos para realizarla. “El último presupuesto que le había pasado a Proimágenes era por 2.700 millones de pesos. Sin embargo, yo me dije que otra oportunidad como esta no iba a haber a haber y le dije que sí. Eso fue a comienzos de octubre y había que terminar la filmación de la película antes de que acabara el año, porque era plata del presupuesto del 2025. Y bueno, logramos hacerlo, Hubo una gran voluntad dentro de RTVC por sacar adelante el proyecto. Gracias a eso el 31 de diciembre había un corte ya cerrado del de la película”, señala.
Gaviria destaca además que nunca había hecho un proyecto con tanta libertad. “Nadie leyó el guion, nadie me dijo nada de la película. Incluso cuando la tuve editada y casi terminada intenté mostrársela a Morris, a la Subgerencia de Televisión, a Ana María Montaña, la directora de Señal Colombia y la respuesta que me dieron es que ellos confiaban en mí y que terminara la película como yo creía que debería ser. Eso me parece importante porque para mí ha sido inusitado lograr tanta libertad para hacer una película”.
Lecciones y reflexiones
“Las reflexiones que me deja como artista y como colombiano es que, teniendo en cuenta todo lo que ha pasado en Colombia, al menos en mi caso uno tiene una obligación moral de contar la historia de este país, porque esta ha estado contada por unas personas que tienen unos intereses de esconder lo que sucedió”, dice Gaviria. Y agrega: “Paz no va a haber hasta que la gente realmente sepa la verdad. Es un proceso por el cual han pasado casi todos los países, donde además las películas que han contado lo que sucedió han sido tremendamente exitosas. Por ejemplo, en Argentina y Chile han hecho cintas sobre lo que pasó en épocas aciagas. Han sido muy exitosas porque la gente sabe o intuye lo que pasó, pero no tiene la posibilidad nunca de verlo”, dice.
Gaviria considera que, al mismo tiempo, hay una censura social y económica contra este tipo de historias. “Muchas veces, no cuando prohíben algo ya realizado sino cuando sencillamente no lo dejan hacer la censura es mucho más efectiva. Esta historia yo la tenía guardada entre una gaveta porque era imposible conseguir financiación. El Fondo de Cine la rechazó como seis o siete veces. Entonces para mí es importante porque tenemos que romper la barrera del silencio y poder contar este tipo de historias”.
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