
Los paisajes intangibles de Lorenza Panero
En ‘Evanescente’, la exposición en la que comparte la sala de la Galería La Balsa con Natalia Mendieta, la pintora Lorenza Panero presenta una nuebva etapa de su obra, siempre consagrada a indagar sobre la naturaleza y su relación con los seres humanos.
Por: Eduardo Arias
Cuando se habla de un artista que pinta la naturaleza se piensa en montañas, bosques, flores, aminales. Pero también es posible pintar la naturaleza desde las atmósferas que esta genera y las sensaciones que provoca la observación de un paisaje.
En los cuadros que Lorenza Panero expone en la galería La Balsa la naturaleza está apenas insinuada por líneas, manchas, colores, espacios vacíos. Son cuadros que invitan al espectador a encontrar ellos mismos ese paisaje apenas sugerido, a completarlo. Donde alguien puede ver el fósil de un reptil de hace 300 millones de años, otra persona de pronto imagina un río donde nada un pez. En las pinturas de pequeño formato su manejo de la línea es más descriptivo. En otra serie de pinturas que realizó en lienzos circulares la evocación recuerda la vida microscópica tal como se ve en el microscopio.
En algunos de los cuadros se expresa lo tridimensional, un trabajo del espacio que contrasta con las piezas más planas que insinúan atmósferas. Una columna de humo o una nube. Una forma que invita a pensar en el cuerpo de una persona.

Su obra está expuesta junto con la de Natalia Mendieta bajo el nombre de ‘Evanescente’. Ambas propuestas entablan un diálogo que enriquece las miradas de las dos artistas, quienes parten de una idea común que cada una de ellas resuelve de una manera muy diferente. “Ninguna imagen en esta muestra está completamente resuelta. El recorrido funciona casi como un poema: el sentido descansa en la relación entre las piezas, en lo que resuena de una obra a otra, en los silencios entre una pared y la siguiente. No vemos un paisaje, sino cualidades. Esas cualidades convocan elementos, y los elementos, a su vez, despiertan la imaginación. El resto lo hace quien mira: es esa imaginación la que termina por recomponer el paisaje”, escribió Ana Lucía Arbeláez, curadora de la exposición.
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Nieta por línea materna del poeta mexicano Gilberto Owen, la poesía se ha infiltrado en la obra de Lorenza Panero obra de muchas maneras. Una de ellas es su interés por recrear la naturaleza desde formas y atmósferas mucho más cercanas a las sensaciones, las insinuaciones, a la misma abstracción. Ella busca "hacer tangible lo invisible". Su arte busca evocar la evanescencia, la musicalidad y la poesía, transformando las palabras y emociones humanas en paisajes abstractos y texturas visuales.

Una vida para el arte
Lorenza Panero nació en Nueva York en 1959 y desde muy niña se interesó por dibujar y pintar. Ya a los 14 años de edad participaba en eventos artísticos y esas inquietudes de su infancia y temprana juventud la llevaron a dedicarle su vida a las artes plásticas. Al graduarse del colegio se trasladó a Estados Unidos. Estudió en el Rhode Island School of Design y posteriormente obtuvo una maestría en pintura, arte público e instalación en Hunter College en Nueva York.
Desde entonces ha navegado en las aguas de la pintura, la escultura, la instalación y la fotografía experimental, que la llevó a desarrollar la luminografía, una compleja técnica fotográfica en el cuarto oscuro donde ella captura el movimiento de luces de colores que pasan por prismas o caen directamente en el papel fotográfico, que luego ella trata con un meticuloso proceso en el que combina diversas emulsiones químicas. Durante mucho tiempo trabajó tanto en Bogotá como en Nueva York. A esta última ciudad viaja con frecuencia para visitar a su madre y a su hermana, pero ya cerró su taller allí y en la actualidad trabaja sus obras en su estudio en Bogotá.

Los colores y la luz
Para llegar al presente de los cuadros que exhibe en La Balsa tuvo que transitar un largo camino. “Antes de empezar a hacer la luminografía, yo estaba pintando capas muy gruesas de pintura y los cuadros no llegaban a donde yo quería ni resultaban agradables o fáciles de apreciar. No sé si sean los términos, el hecho es que no funcionaban”, dice ella.
En ese momento guardó los pinceles y, sin saberlo, le dio nacimiento a las luminografías. Ella estaba trabajando en una oficina y comenzó a experimentar con lo que tenía a la mano. Es decir, una fotocopiadora. “Así surgió esa idea de cómo plasmar una imagen con luz”. Para ella era una manera de romper las reglas, de no hacer las cosas como le decían que deben ser. “Eso me abrió un camino completamente diferente que resultó en la obra de luminografía. Jamás pensé que llegara a tener ese potencial”.
También le enseñó mucho acerca de la química del color y de su significado emotivo. En Bogotá y Nueva York le prestaban cuartos oscuros lo que le permitía trabajar sus obras sin importar dónde estaba. “Lo más importante de esa experiencia es la enseñanza del comportamiento de la luz y aprender que la luz es color. En pintura, todos los colores al unirse tienden al negro. Cuando tú juegas con la luz, todos los colores te llevan al blanco”.
Esa dicotomía la obsesionó y al volver a los pinceles si principal reto fue cómo mantener esa luminosidad, no regresar a su pasado en el que sus cuadros eran pesados, con unos colores encima de los otros. Con eso en mente empezó de nuevo a pintar preguntándose: “¿Qué es azul? ¿Qué es rojo? ¿Qué puedes hacer si piensas en la luminosidad y en la identidad de esos colores que son elementos?”.

En esta nueva etapa ella busca la insinuación más que el rasgo. Por ejemplo, cómo opacar la fuerza de algún color agregándole blanco. También expresa que los colores se comportan de manera muy diferente de acuerdo con el fondo que tengan. Una pintura hecha sobre una tela blanca un lienzo blanco resalta mucho más los colores que una hecha sobre una tela o un lino opaco.
Por esa razón en sus últimos cuadros ella se vale de lo mínimo necesario para expresar esa relación que siempre ha buscado entre la naturaleza y lo humano. “Es la pregunta que siempre me hago. ¿Qué tanta información necesitas para describir una realidad?”.
En algunas obras, luego de un par de días de trabajo, para y la observa varias veces durante semanas, incluso meses. Hasta que ella misma se dice: "No sea cobarde, déjela como está”, Y agrega ella: “Ir rellenando es una especie de cobardía”.

Una amplia muestra de la obra de Lorenza Panero se exhibirá a partir del 9 de septiembre en una sede de la Cámara de Comercio de Bogotá, y luego esta exposición se llevará a un espacio que tiene la Cámara en Fusagasugá. Varias de esas obras se exhibirán al público por primera vez en esas dos exposiciones. Además se expondrán instalaciones y luminografías.
Evanescente
Natalia Mendieta y Lorenza Panero
Galería La Balsa
Carrera 9 No. 73-44 Local 2B
Abierta el público hasta el 4 de septiembre
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