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'La última luz'
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'La última luz': teatro y pensamiento crítico para honrar a las víctimas de la violencia

El 10 de junio a las seis de la tarde, en el Centro de la Felicidad (Cefe) Chapinero de Bogotá, la Fundación Carlos Urán – Memoria para la Democracia presentará una función especial de 'La última luz', seguida de un conversatorio sobre el papel del arte y las emociones en la construcción de la democracia.

Por: Redacción Cambio

Diego, un director de teatro colombiano refugiado en Berlín, trata de escribir una obra sobre el asesinato de sus padres, activistas asesinados en Colombia en los años noventa. Mientras reconstruye esa historia descubre que una serie de vacíos, contradicciones y recuerdos fragmentados le impiden comprender plenamente el pasado. Además cae en cuenta de que la violencia sigue afectando a quienes la han sufrido por la falta de orientación y educación en emociones dentro de la sociedad.

Este es el argumento de La última luz, una obra de teatro independiente escrita por el dramaturgo colombiano Camilo Vergara y dirigida por Carlos Carvajal. Sus protagonistas son Leonardo Martínez y Camila Valenzuela. La obra recibió el Reconocimiento de Dramaturgia Teatral del Ministerio de Cultura, el primer lugar en el International Radio Playwriting Competition de la BBC de las Américas, y su selección en el programa Cimientos del Teatro Lati de Nueva York.

El 10 de junio se presentará por la Fundación Carlos Urán – Memoria para la Democracia en el Cefe Chapinero, en una jornada que conjuga teatro y pensamiento crítico. Al terminar la función Mauricio García Villegas, abogado, sociólogo y autor de los libros El país de las emociones tristes y Antes de perder el juicio (dos de sus más recientes publicaciones), conversará con Lucas Ospina, artista y profesor de la Universidad de los Andes, y con Helena Urán sobre arte, emociones, memoria y política. Desde sus campos de pensamiento y acción reflexionarán sobre el papel de las emociones y el arte en la construcción de la vida pública, la memoria colectiva y la comprensión de los ciclos de violencia que han marcado la historia del país. 

El diálogo girará en torno a preguntas como: ¿qué papel cumplen las emociones heredadas en la reproducción de los ciclos de violencia? ¿Puede el arte interrumpir esa transmisión y abrir algo nuevo? ¿Qué significa educar emocionalmente para la democracia?

El papel del arte en la construcción de la democracia

La experiencia en diversos países del mundo ha demostrado que las sociedades no superan los traumas que dejan la violencia y la fractura democrática únicamente a través de la justicia o las instituciones. En Alemania, la construcción de memoria sobre los crímenes del nazismo han utilizado herramientas tales como museos, memoriales y expresiones culturales que invitan a reflexionar sobre las consecuencias de los crímenes del nazismo. En Argentina, el arte y la literatura han sido fundamentales para mantener viva la memoria de las víctimas de la dictadura y estimular conversaciones ciudadanas sobre verdad y no repetición. En Colombia, la Fundación Carlos Urán – Memoria para la Democracia busca educar a la ciudadanía en que la no repetición de las violencias exige también una transformación cultural y emocional, no solo tomar medidas jurídicas o institucionales.

"La memoria no vive solamente en los archivos o en las instituciones. También vive en las familias, en los silencios, en los afectos, en las preguntas que una generación hereda de otra. El arte tiene la capacidad de acercarnos a esas experiencias y ayudarnos a construir una comprensión más humana de nuestro pasado en el que las emociones como el miedo, el odio, el ocultamiento, el resentimiento puedan transitar hacia otros como la empatía, la solidaridad, la transparencia ", dice Helena Urán Bidegain, directora de la Fundación, que parte de una convicción que comparte con pensadores como Martha Nussbaum y el propio Mauricio García Villegas: la democracia no se construye solo con las normas e instituciones la sostienen. La empatía, la capacidad de reconocer el dolor del otro, la imaginación para ponerse en el lugar de quien ha sufrido son emociones que también son el cimiento de la democracia. 

El arte no debe verse como es un adorno de la vida política sino una herramienta pedagógica esencial. Una obra de teatro sobre el duelo y la memoria sacude emociones, genera preguntas incómodas, crea espacios de reconocimiento mutuo entre personas que de otra forma no se encontrarían. Esto es algo que una sentencia judicial no puede lograr. "Nos interesa abrir nuevas conversaciones sobre la memoria. Creemos que la construcción de una sociedad democrática no depende únicamente de las instituciones o de los procesos judiciales. También requiere transformaciones culturales que nos permitan comprender las consecuencias de la violencia, fortalecer la empatía y construir una ciudadanía más consciente", dice Helena Urán.

La fundación que ella dirige promueve la memoria democrática como herramienta para fortalecer la ciudadanía, los derechos humanos, la participación y la construcción de una sociedad comprometida con la no repetición, la violencia y la guerra. Parte de la convicción de que la educación democrática debe reconocer las emociones colectivas, elaborar el duelo, cultivar la empatía y la imaginación como condiciones para construir una democracia real.

La última luz
Centro de la Felicidad (CEFE) Chapinero de Bogotá
10 de junio. seis de la tarde.

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