
‘El horizonte de mi existencia’, la novela debut de María José de Bustos sobre la carga del duelo y las crisis
María José de Bustos, una reconocida pianista española radicada desde 2010 en Bogotá, presenta ‘El horizonte de mi existencia’, su primera novela, que narra en primera persona las reflexiones de un arquitecto acerca del derrumbe de su vida, las penas que arrastra y cómo busca su redención.
Por: Eduardo Arias
Diógenes Labrado, a quien todos llaman Dio, es un arquitecto uruguayo que arrastra un duelo por una pérdida irreparable y que intenta reconstruir su vida. En una playa de Viña del Mar, en Chile, reflexiona acerca de su pasado y lo recrea en su memoria para intentar encontrar las posibles causas del derrumbe de una vida confortable y segura pero vacía, que parece resurgir cuando conoce a Víctor, un violonchelista español, con quien viaja a la costa de Asturias. Allí busca encontrarle un nuevo sentido (y rumbo) a su existencia.
María José de Bustos es pianista y gestora cultural. Se ha presentado en numerosos escenarios de todo el mundo, experiencia que le ha permitido conocer diversas culturas. En 2010 se radicó en Colombia por amor. Desde entonces ha desarrollado en el país una gran cantidad de actividades relacionadas con la música, su enseñanza y su fomento. CAMBIO habló con ella acerca de la novela.
CAMBIO: ¿Cómo nació la idea de escribir esta obra?
María José de Bustos: Venía pensando en esa posibilidad desde hace años. La chispa surgió escuchando en algún rincón del planeta una interferencia casual que marcó la vida de la persona que me la narraba. Ese día pasé la noche sin dormir imaginando dónde contaría ese instante del más absoluto absurdo.
CAMBIO: ¿Se basa de alguna forma en algún hecho real?
M. J. dB.: Sí. Viví de cerca varias historias reales relacionadas con el tema central y sentí que debía plasmarlo en una novela. Del cruce de todas ellas nació la existencia de estos protagonistas azuzados o bien por la enfermedad, o bien por los desajustes emocionales propios de los que transitan por su diario vivir.
CAMBIO: ¿Cómo es el reto de escribir desde el lado femenino lo masculino, y no sólo del protagonista sino de varios de los personajes principales?
M. J. dB.: El reto serio estaba en el protagonista. Dio es un padre de familia con una vida personal ordenada y laboralmente satisfactoria. En algunas circunstancias observé, de manera sucinta, los apenas contados hombres que acompañaban a sus hijos en escenarios parecidos a los que experimenta nuestro personaje. Traté de hacer una inmersión en esa psicología tan poco común. Fue un desafío que disfruté por su complejidad, aunque finalmente la historia es profundamente humana y como tal, el abanico de personalidades es infinito, al margen de la mirada de quien lo escriba.

CAMBIO: ¿Por qué decidió que el protagonista fuera uruguayo y que el tiempo presente de la novela suceda en una playa de Viña del Mar?
M. J. dB.: Montevideo, Punta del Este y Viña del Mar son ciudades que, debido a mi trabajo, conocí bien y podía abordarlas narrativamente. Quise dibujar un personaje que no fuese del entorno próximo más confortable. Que fuese un ciudadano del mundo con una conexión ibérica. De alguna manera esta novela es un compendio de personas que me he ido encontrando a lo largo de mi vida profesional y que se abrieron de una forma descarnada. Es un homenaje a esos personajes anónimos, que, sin saberlo, diseñaron una historia única.
CAMBIO: La novela habla de personajes que tienen o buscan raíces a ambos lados el Atlántico. Usted, que lo ha vivido, ¿qué reflexiones le generan estar aquí y allá al mismo tiempo?
M. J. dB.: Mi vida, de forma natural, rompiendo el cascarón de un huevo estanco por las características de mi infancia, se ha desarrollado conscientemente por latitudes variopintas. Por esta razón, cuando el universo quiso regalarme un hogar a este lado del Atlántico estaba lista en la casilla de salida. Me reconozco una ciudadana fascinada gracias al privilegio de convivir con diversas culturas.
CAMBIO: Usted es una reconocida pianista. ¿Por qué decidió que Víctor fuera chelista?
M. J. dB.: Me obligué a buscar un músico que llevase consigo el instrumento, que no es el caso de los pianistas. El violoncello lo he vivido muy de cerca. Uno de mis grandes maestros en la especialidad de música de cámara era cellista, y sigue siendo una referencia expresiva y estética extraordinaria. Fue el claro vencedor de mi búsqueda.
CAMBIO: Da la sensación de que en su prosa muchas veces aparecen, por un lado, la poesía y la letra de una canción, y también el ritmo musical. ¿Esa percepción es correcta?
M. J. dB.: Me sorprende muchísimo su percepción porque para mí es cierta. No tanto por las letras de canciones, ya que en mi caso se pronuncia con más fuerza la instrumentación clásica. Pero sí soy capaz de cambiar la escritura en función del desarrollo armónico. Necesito sentirla musicalmente, como una composición creada a través de una arquitectura sonora que va mutando en la partitura que finalmente se interpreta.
CAMBIO: ¿Tiene previsto seguir adelante como narradora, como literata?
M. J. dB.: Lo que hoy se ha descubierto, ha estado conviviendo conmigo íntimamente. Hasta llegar a Colombia escribía textos cortos relacionados con sentimientos, emociones, o lo que fuese que me sucediera puntualmente, rompiéndolos a los pocos días sin dejar rastro. Viviendo ya en Bogotá, decidí crear episodios de más largo recorrido que ya no destruí. Con esto quiero decir que tengo un par de historias finiquitadas en la retaguardia y una cuarta en fase de reflexión…
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