
¿Quién mató al general Mataperros?
Arte, periodismo comprometido y el mundillo de los políticos corruptos aliados de hacendados y militares son los elementos que le sirven de telón de fondo a Doris y Renzo: el canto de las moscas, la nueva novela de Miguel Ángel Manrique.
Doris y Renzo: el canto de las moscas, de Miguel Ángel Manrique, es una novela que llegó para alimentar el escaso, y siempre bien recibido mundo del nuevo Noir en Colombia. Y digo escaso porque para este país del crimen resultan pocas las novelas que retratan con la cuchilla literaria tanto bajo mundo, tanto político mafioso, tanto matón de poca monta, tanto malestar.
En Doris y Renzo todo sucede a finales de los años 80 en Colombia. Y el universo elegido por el autor es al arte, el periodismo comprometido y los políticos amangualados con hacendados y militares que manipularon a su antojo la realidad; y entonces... masacres por doquier y fosas comunes y jóvenes asesinados, disfrazados de guerrilleros que mostraron en su tiempo resultados alentadores para la opinión pública. Ese es el gran mundo, que podría ser un titular de ocho columnas en los periódicos de entonces. La intimidad de ese mundo nos estrella de pronto con una época que quisimos olvidar. La del delirio y la muerte, la del humor negro y las conversaciones cansadas, la que tal vez recordemos en blanco y negro, realidad lluviosa y triste, llena de sonidos y oficios que se fueron para siempre con el siglo XX, como las muchas bombas que estallaron entonces, el timbre de los teléfonos fijos y los pregones de emboladores de esquina.

Doris Mateus es agente de homicidios, no cree en la justicia, pero cree en su trabajo: es realista, pragmática y diligente; de alguna manera me recuerda a Mike Hoolihan, la detective creada por Martin Amis para su novela Tren nocturno. Renzo Ramírez es periodista de la revista Justicia, especialista en crónica roja y periodismo investigativo, descreído, solitario, casi alcohólico; cínico y delirante: habla por teléfono con sus padres muertos y sostiene un amor platónico y obsesivo con la Nicole Kidman de la serie Vietnam, estrenada por ese entonces. Doris y Renzo están unidos por los crímenes y sus métodos, y por algo más que se teje entre las páginas con sutileza, una especie de amor que parece venir del “ya que estamos tan solos y no habiendo más”.
Por supuesto hay un asesinato que se delata al comienzo, pero la forma en que Manrique decide desenvolver el entuerto, quizá sea una de sus artimañas más originales. Las páginas que vienen después de que se descubre el cadáver del general Mataperros reconstruyen los días previos al crimen: un montón de intrigas de gente de clase alta, militares corruptos, de gustos excesivos, como dictadores garciamarquianos, una serie de instalaciones artísticas macabras que van apareciendo en distintos puntos de Bogotá y que llaman, obviamente, el interés de la policía, de la prensa y de la opinión pública.
Todos los personajes principales y segundarios que construyen el thriller parecen ser sospechosos de algo. Yoko, artista conceptual, polémica por humillar animalitos en escena para acentuar un contradictorio discurso ecologista; Alison Pombo, fotógrafa de la revista Mundo exesposa de John Paneso, a su vez dueño y director de la revista Justicia; Rebeca Soto, crítica de arte, quizá desprovista de moral, cínica y oportunista; David Mutzmajer, multimillonario judío que le encarga a Renzo seguir los pasos del coronel Mataperros para encontrar una forma de cobrar una vieja deuda, metido hasta el cuello subrepticiamente en masacres y componendas políticas.
Manrique juega con esos personajes de tal manera que nos entrega pequeñas pistas de ese mundo enfermo para que seamos nosotros, los lectores, los que oficiemos de detectives y encontremos al culpable de un crimen: a la postre la punta del iceberg de la descomposición social que subyace como tema de fondo, a la postre piedra fundacional de nuestra guerra sempiterna, a la postre los muertos que hay entre las letras de la palabra Colombia.
No queda menos que invitarlos a visitar sus páginas, y hacerlo como un voceador de titulares en la Jiménez con Séptima:
“¡¿Quién mató al general Mataperros?!”
No se pierdan los detalles, las pistas, las intrigas en Doris y Renzo, el canto de las moscas.
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