
Memorias de un economista entregado a la justicia social
Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, abre una ventana para ingresar a su vida en “Un hogar en el mundo”, relatos que no son cronología ni obvios recodos de la memoria, sino una conversación excelsa sobre las divergencias y las contradicciones.
Por: Diana Castro Benetti
Majlis quiere decir “reunión” en persa y árabe. Es un nombre precioso que se utiliza en todo el Medio Oriente y el Asia para nombrar ese espacio en el que varios se encuentran, conversan y opinan sobre los aprietos del día, los libros leídos o el último evento político. Amartya Sen, Premio Nobel de Economía en 1998, nos abre una ventana a su vida en Un hogar en el mundo, relatos que no son cronología ni obvios recodos de la memoria. Son el aprender con otros, el arte del majlis, esa conversación excelsa, inteligente, en la que nunca se ganan las batallas y suelen predominar el asombro y las divergencias. Ahí, las contradicciones resultan necesarias.
“Uno de los recuerdos más tempranos de mi infancia es el fuerte ulular de un barco que me despierta”, dice Sen. Son los primeros viajes en barcos de vapor a lo largo de los ríos de su Bengala de origen. Antes de los 7 años, recorrió tramos de los afluentes del Ganges: el Padma, el Irawadi y el Daleshwari. Maravillado con los peces voladores, cuenta cómo nació su interés por los asuntos cruciales que marcarían su destino como científico social: la calidad de la educación, el bienestar más allá del crecimiento económico o la elección cuando no se tiene información suficiente. Se reconocen ahí los pasos de un Adam Smith cuando evidencia el nexo entre ríos, mares interiores y desarrollo. Los ríos, como experiencias vitales, son la inspiración de su profundo pensamiento analítico.
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