
Las dificultades del centro para posicionarse en tiempos de polarización
Sergio Fajardo, Juan Manuel Galán, Juan Fernando Cristo, David Luna. Fotos: CAMBIO / Colprensa.
A ocho meses de las elecciones presidenciales, los extremos copan la discusión pública en un contexto marcado, además, por la ausencia de información fiable debido a la prohibición de las encuestas, la fragmentación de los partidos y el altísimo número de aspirantes.
Por: Armando Neira
Como en el guion de ciertas películas, la cuestión en el ciberespacio se presenta en blanco y negro entre quienes competirán en la primera vuelta, el domingo 31 de mayo de 2026. En ese territorio hostil todo es binario: Trump sí, Trump no; paz total sí, paz total no; reforma de la salud sí, reforma de la salud no; Maduro sí, Maduro no; minga indígena sí, minga indígena no; ley de sometimiento sí, ley de sometimiento no…
No hay puntos medios. Así las cosas, los usuarios terminan posicionando a quienes eligen una de las dos orillas como si no existieran más opciones.
Eso explica, en parte, las dificultades de los líderes políticos moderados, quienes tienen la convicción de que la realidad está llena de matices e invitan a avanzar por una vía alejada de los extremos.
El problema es que resulta casi imposible vencer a los algoritmos, y sus propuestas tienen poca difusión a pesar de que en la actualidad todos están en las regiones en foros, debates, conferencias, charlas.
A esto se suma la prohibición de encuestas, lo que, ante la ausencia de información fiable, genera la percepción de que la pelea será exclusivamente entre los polos que hoy se aglutinan alrededor del uribismo y del petrismo.
El grado de dificultad aumenta con la enorme cantidad de candidatos: algunos listados ya mencionan cien nombres. Como lo resumió el exembajador en Brasil Guillermo Rivera: “Ya dejó de ser una novedad ver un candidato presidencial”, dijo, al contar que estaba tomándose un café en un Juan Valdez cuando lo abordó un aspirante que él no conocía. “Hay tantos candidatos presidenciales que no sorprende si en cada esquina o en cada café aparece uno o una”.
Un centro, muchos centros
Y, sin embargo, el centro existe. De ahí surge el interrogante: ¿en qué anda el centro? Juan Fernando Cristo, exministro del Interior, plantea en charla con CAMBIO que es necesario ampliar el espectro y preguntar en qué andan los distintos centros.
“Hoy en día no se puede hablar, como en 2022, de un solo centro”, explica el autor de la Ley de Víctimas, y considera incluso que hoy está más dividido que la izquierda y la derecha. Según su diagnóstico, hay una centroizquierda que comparte la visión de la necesidad de reformas sociales y de mayor inclusión que ha venido defendiendo el Gobierno nacional en medio de sus dificultades.

También hay un centro independiente de los partidos, que pueden representar Sergio Fajardo y Claudia López. Además, existe un centro partidista, conformado por partidos que se declararon independientes del Gobierno —La U, el Liberal y el Conservador—, que tienden cada vez más a una centroderecha. Y hay otros centros representados por varios exalcaldes y exgobernadores, enumera Cristo.
Con semejante atomización es natural que la opción de alcanzar el poder sea más lejana. De hecho, a varios de los líderes que se autoproclaman de centro se les ve a diario en distintas regiones del país haciendo campaña en solitario.
Ante un segmento tan amplio resulta urgente establecer principios fijos que definan al centro. De ahí la pregunta: ¿qué defiende realmente este sector? Según el profesor y escritor Mauricio García Villegas, al menos tres cosas: la defensa de los derechos y las libertades públicas; el respeto por las formas del Estado de derecho; y la promoción de políticas de redistribución económica y protección de la naturaleza.
Divide y reinarás
Mal de muchos, consuelo de tontos, dice el refrán y que viene al caso por el testimonio de varios de los asesores de los aspirantes de centro para contar que la atomización de candidatos alcanza todos los espectros.
Eso es cierto. No solo en el centro hay incertidumbre. En conversación con CAMBIO, Humberto de la Calle, exsenador y negociador de paz con las Farc, subraya que todos los partidos y corrientes tienen dificultades y señala, por ejemplo, que el Pacto Histórico, aunque logró un acuerdo serio en su convención, ahora enfrenta trabas legales para consolidarse por las decisiones del Consejo Nacional Electoral.

Y también, por supuesto, las diferencias abismales tanto en sus propuestas como en sus condiciones personales. Un ejemplo reciente fue la discusión interna en la que Daniel Quintero se enfrentó con otros aspirantes del Pacto, grabada en video y que se regó como pólvora en las redes, mostrándose como una rueda suelta frente al llamado de sus copartidarios para mantener unas reglas mínimas.
En la derecha, las tensiones tampoco son marginales. Los señalamientos de María Claudia Tarazona, esposa del excongresista asesinado Miguel Uribe Turbay y nuera de Miguel Uribe Londoño —aspirante presidencial—, contra la senadora y también candidata María Fernanda Cabal, tienen al Centro Democrático ardiendo en llamas.
De la Calle pone la lupa en el centro y advierte que, en contraste con los extremos, este bloque carece de organización y padece de un problema de identidad: ¿quiénes son reconocidos como centro y quiénes no?
Cristo coincide en que, aunque existen varios centros, no hay un eje unificador ni un procedimiento claro para lograr la unidad en la primera vuelta. “La única propuesta del centro no puede ser simplemente estar contra Petro o contra Uribe, ni limitarse a rechazar los extremos”, señala.
El exministro pide a sus colegas poner sus propuestas sobre la mesa para seducir al electorado. En este sentido, se muestra autocrítico: “Hasta el momento, el centro no ha presentado al país una propuesta clara de lo que queremos hacer con Colombia más allá del Gobierno de Gustavo Petro, a partir del 7 de agosto de 2026”.
El cansancio con los extremos
Luis Gilberto Murillo, excanciller y exembajador en Washington, le asegura a CAMBIO que la gente está cansada de “la confrontación eterna entre los extremos de los polos políticos”, hoy protagonizada por petrismo y uribismo. El lío es que alternativa sólida ofrecerle a esa ciudadanía.

Y por eso pide fijarse en lo importante. Para él, más que una polarización ideológica, lo que existe es un profundo descontento con las élites políticas y económicas, tanto actuales como pasadas. Y advierte que ese malestar abre espacio a mensajes antiélite y antipolítica que, en ocasiones, incluso irrespetan la Constitución y las leyes.
Murillo sentencia que la polarización, y peor aún la radicalización, son rentables electoralmente, pero profundamente irresponsables en un país con una historia de violencia política.
De hecho, se percibe una fractura entre los líderes políticos y la ciudadanía que se preocupa más por lo cotidiano: empleo, costo de vida, educación, salud, desigualdades regionales y oportunidades para la juventud.
Ahí, sostiene Murillo, el llamado “centro” —o, como él lo denomina, “sector independiente”— puede marcar la diferencia si se conecta con esos problemas reales. Pero advierte: “Ese sector debe ser auténtico y acercarse a los nuevos actores que llegaron al juego democrático para quedarse. No basta con seguir apelando solo a ciudadanías académicas y urbanas de clase media y alta. Es necesario sumar a los sectores populares”.
¿La hora de Fajardo?
Pedro Viveros, analista político, añade que, frente a la incertidumbre de los extremos, que aún no definen candidatos viables, el centro tiene en la percepción de muchos ciudadanos un solo referente: Sergio Fajardo.

Sin encuestas que lo confirmen, Viveros asegura que la recordación de Fajardo —tres veces candidato, exalcalde y exgobernador— lo posiciona como opción para quienes buscan un camino más esperanzador y menos polarizante. “Falta ver, dice, qué arrojarán las mediciones de noviembre, que permitirán constatar si esa percepción tiene sustento cuantitativo”, asegura este experto.
En este escenario, un sector del centro aparece gravemente golpeado, paradójicamente, por una de sus principales banderas: la lucha anticorrupción. El de los verdes.
Carlos Ramón González, máximo líder del Partido Verde, exdirector del Departamento Administrativo de la Presidencia (DAPRE) y de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), y cercano a Petro desde hace años, se encuentra prófugo de la justicia. A la vez, Iván Name, también militante de ese partido y expresidente del Senado, está en la cárcel por el escándalo de la Unidad de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
David Luna, por su parte, cree que hay que poner la mirada en las propuestas más que en los sellos que justa o injustamente suelen achacarles a los aspirantes. “La ideología no lo resuelve todo. Yo pregunto a los colombianos, ¿a ustedes les paga el agua la izquierda, o les paga la luz la derecha, o les paga los alimentos el centro? No, lo pagan ustedes con el sudor de su frente. Yo creo que la ideologización solo le conviene a quienes están liderando estas dos tendencias. A la gente le interesa son las soluciones”, dice el exsenador de Cambio Radical.
Mientras tanto, se anuncia que las colectividades de derecha —incluido el Centro Democrático— irán a una consulta para elegir un candidato único, y la izquierda trabaja en un Frente Amplio, los múltiples aspirantes del centro —o de los “centros”, como los llama Cristo— navegan cada uno por su lado.
Esa puede ser una de las razones por las que hacen tan poco ruido.
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