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"Yo sé que no fui yo": cuatro mujeres denuncian un patrón de abuso sexual contra el abogado Juan Camilo Castilla Ospina
Género

"Yo sé que no fui yo": cuatro mujeres denuncian un patrón de abuso sexual contra el abogado Juan Camilo Castilla Ospina

Ex asesor de la Alcaldía de Cali y abogado Juan Camilo Castilla Ospina. - Crédito: X @JCastillaO

Las víctimas describen un método sistemático: él esperaba a que estuvieran en estado de vulnerabilidad para actuar. Los hechos van de 2013 a 2019. Cuatro denuncias. Un solo nombre.

Por: Cristina Nicholls

Juan Camilo Castilla Ospina es abogado de profesión, egresado de la Universidad Santiago de Cali, y fundador de la firma COEM Abogados. Durante años militó en organizaciones de izquierda —incluyendo el Polo Democrático— y construyó una red de contactos que le permitió moverse con comodidad entre distintos sectores del poder regional. En el gobierno de Gustavo Petro, su firma contrató con la Sociedad de Activos Especiales (SAE) por sumas superiores a los 200 millones de pesos, y al menos seis personas vinculadas a COEM fueron nombradas en esa entidad, según investigaciones del periodista Camilo Chará. Con la llegada del alcalde Alejandro Eder a Cali, Castilla hizo la transición sin mayores explicaciones: el 3 de enero de 2024 fue nombrado asesor de la Alcaldía para coordinar las relaciones interinstitucionales con el Gobierno Nacional. Según La Silla Vacía, buscaba posicionarse como puente entre las dos administraciones. Duró 28 días en el cargo.

El 31 de enero de 2024, el periodista Camilo Chará publicó en X una denuncia penal, radicada ante la Fiscalía en noviembre de 2019 por una mujer que señalaba a Castilla de abuso sexual. Esa misma tarde, Castilla presentó su renuncia. La Alcaldía la aceptó. Castilla declaró a medios que no había sido notificado del proceso, y la noticia duró 48 horas en el ciclo informativo y él continuó su vida pública.

Lo que no se supo entonces es que había más mujeres. Cuatro, para ser exactos. Cuatro testimonios que describen el mismo patrón con una precisión que no puede ser coincidencia: una invitación, un lugar nocturno, alcohol o marihuana, y el momento en que él actúa sobre un cuerpo que no puede resistir o que duerme. Tuvimos acceso a los testimonios completos de las cuatro mujeres, quienes dieron su consentimiento para que sus relatos fueran publicados. Sus nombres completos se reservan a solicitud de ellas; se identifican aquí por sus iniciales.

* * *

MA: "ANOCHE LE TOQUÉ LAS NALGAS Y LE TOQUÉ UNA TETA"

Ma conoció a Juan Camilo Castilla en círculos políticos. Lo consideraba un amigo, alguien con quien compartía espacio aunque no siempre ideas —especialmente cuando hacía "comentarios políticamente incorrectos" sobre "las féminas", que ella prefería pasar por alto. Un día le escribió por WhatsApp: "no soy feminista, pero sí tengo respeto por las demás personas".

Esa noche salieron a tomar unas cervezas. Él andaba en carro, así que decidieron guardarlo en su casa y continuar la fiesta a pie. Terminaron en una discoteca sobre la calle 5 de Cali. Cuando llegó la madrugada, Ma se quedaría a dormir en la casa de él —una práctica habitual, pues vivía al otro lado de la ciudad y el recargo nocturno de los taxis era un lujo que no podía pagar con sus ingresos de estudiante universitaria.

Antes de salir se tomaron unos tragos con la mamá y el padrastro de Castilla en el comedor. En la discoteca, pidieron una botella de ron para los dos. En algún momento en que Ma fue al baño, recibió un mensaje de él que en ese instante le pareció un chiste: "Oe no le reciba cosas a desconocidos que usted es menor de edad".

Cuando llegaron a la casa, el padrastro seguía bebiendo en el comedor. Castilla decidió quedarse con él. Ma se fue directa a la habitación, se quitó los zapatos y le pidió que pusiera su celular a cargar. Se acostó con toda la ropa puesta.

A la mañana siguiente, la despertó la alarma que tenía programada.

"Noté que ya no llevaba puesta la blusa ni el brasier con el que me había quedado dormida. Él estaba a mi lado. Le pregunté dónde estaba mi ropa y él me dijo que no sabía, que yo me la había quitado sola. Pero yo sé que no fui yo."

Ma encontró la ropa en el suelo, se vistió de nuevo y se sintió demasiado mareada para tomar un bus. Le pidió la dirección para llamar un Uber. Él intentó persuadirla de quedarse, le pidió que lo besara, "al menos lo abrazara". Ella se fue.

En el trayecto, Castilla le envió una serie de mensajes. Ma los conserva. En ellos, él escribe:

"Fui muy acosador. Tiene que reprocharme eso. Estuvo re mal. Y no tiene justificación. Pero por eso se lo expliqué. Yo le confesé lo que hice, y se lo dejaré escrito aquí para que el enojo sea mayor. Anoche le toqué las nalgas, y le toqué una teta. Me gustó eso, aunque estuvo muy mal."

Ma lo bloqueó. Se lo contó a una amiga, quien le dijo que eso era un delito. Después le contó a quien en ese momento ya era su expareja, precisamente quien la había presentado a Castilla. Él le confirmó que tenía información de que había otra mujer que evitaba los espacios donde estuviera Castilla porque le había ocurrido algo similar. La pusieron en contacto. No era la única.

* * *

LA: "AMENACÉ CON GRITAR. ENTONCES ME SOLTÓ"

La conocía a Juan Camilo Castilla desde hacía tiempo. Había mucha confianza con su familia —sus papás, su hermano. En una ocasión, cuando ellos se fueron de viaje, ella se quedó cuidando la casa y al perro.

Esa noche lo acompañó al parque cercano a su casa para que se fumara un porro. Después volvieron. Como ella vivía en una vereda, irse a esa hora no era una opción. Se quedó. Todo transcurrió con normalidad: charlaron hasta tarde, él le pasó sábanas para dormir en la sala. Ella acomodó todo, cerró la puerta, se quitó el pantalón para estar más cómoda y se acostó en el sofá.

Unos minutos después, Juan Camilo entró a la sala. Solo llevaba un bóxer.

"Intentó besarme. Yo me resistí y le pregunté que qué le pasaba. Él me respondió que él sabía que yo quería. Forcejeamos; yo le insistía que no quería, que él no me gustaba, y él me respondió que cómo sabía que no me gustaba si no lo había probado. Intentó quitarse el bóxer con una mano mientras que con la otra me inmovilizaba."

La lo amenazó con gritar. Los padres y el hermano de Castilla estaban en la misma casa. Algo pasó por la cabeza de él. La soltó y se fue a su cuarto. Ella le echó seguro a la puerta de la sala. No durmió. Muy temprano abrió la puerta, tomó su bolso y se fue sin despedirse.

Él le escribió preguntando por qué se había ido. Ella le dijo que no le volviera a hablar en su vida. Él preguntó si era por lo que había pasado la noche anterior. Ella le dijo que sí. Castilla le preguntó qué haría si se encontraban en un mismo espacio. La respuesta de ella fue clara: que la ignorara por completo, que hiciera de cuenta que no existía.

Tres años después, La se encontró con un amigo y fueron a comer. Llegaron personas de un círculo común con Castilla. Ella le advirtió a su amigo: si él llega, yo me voy. Llegó. Ella se fue. Días después, ese amigo la llamó para preguntarle si podía compartir su número con una chica que había vivido algo similar. Ella dijo que sí. La contactó Ma. Meses más tarde apareció Li. Se citaron, hablaron, conocieron sus historias.

"Yo no quería hacer la denuncia. No quería pasar por el desgaste, no quería sentirme revictimizada. Pero ellas me inyectaron esa valentía que se necesita para pasar por este proceso tan denigrante con las víctimas."

La radicó su denuncia en 2024.

* * *

LU: "DESPERTÉ EN SU CAMA. SENTÍA UN DOLOR MUY FUERTE EN LA VAGINA"

Lu conoció a Juan Camilo Castilla en el 2018. Él le envió una solicitud de amistad en redes sociales y comenzó a escribirle para invitarla a salir. Tenían varios contactos en común que ella consideraba de confianza. Salieron en varias ocasiones. Era inteligente, usaba todos sus recursos para hacerla sentir bien. Sin embargo, aunque se dieron algunos besos, ella nunca estuvo segura de querer acostarse con él y se lo dijo varias veces.

Después de una temporada larga sin saber de él, Castilla reapareció. Quería verla. Acordaron salir un viernes por la tarde a comer. Fueron a un lugar que eligió ella, donde vendían comida y licor. Lu le huye al alcohol —quienes la conocen lo saben. Cuando él propuso que tomaran, ella dijo que no. Ante la insistencia de Castilla, terminó cediendo.

"Pensé que, dado el tiempo que llevábamos saliendo, podría poner límites y que nada pasaría más allá de lo que yo permitiera."

Lo único que recuerda después es que subieron al carro de él.

Despertó en la cama de Castilla. Él estaba desnudo. Ella tenía la ropa puesta, pero sentía un dolor muy fuerte en la vagina. Todo fue confuso. Lo único que pudo hacer fue pedir un transporte y regresar a su casa.

Al día siguiente, él la llamó para disculparse. Pero se justificó: dijo que le había preguntado muchas veces y que ella había dicho que sí quería. Lu le respondió que no pasaba nada, que todo quedaba ahí, pero que no quería volver a saber de él.  

No pudo.

"Lloraba de manera inconsolable. Al principio no quise contarle nada a nadie, ni siquiera a mis amigas. Fueron ellas quienes me sostuvieron y quienes le dieron nombre a lo que había vivido: él me violó. Yo no quería aceptar que algo así me hubiera pasado a mí; siendo una mujer que se reconoce como feminista y que analiza las violencias de género en su día a día, me costaba asumir que yo era la víctima."

Recordó entonces que, en su momento, Castilla le había mencionado que tuvo un "problema" con otra mujer. Le dijo que habían peleado por una "confusión" una noche que salieron. Lu la buscó en redes sociales. Esa mujer asistió a la reunión con mucho miedo, pensando que podría ser una trampa de él. Lograron hablar. Sabían que habría más víctimas: él seguía un patrón claro.

"Busca mujeres, las invita a tomar o fumar, y cuando están en estado de indefensión, las vulnera."

Lu fue a la Fiscalía a denunciar. Ese fue el primer paso.

* * *

AA: "FUE ETERNO. ETERNO"

Aa era menor de edad cuando conoció a Juan Camilo Castilla. No había cumplido los diecisiete años. No tenía cédula. Nunca había tenido novio. Él ya era adulto y cursaba Derecho en la Universidad Santiago de Cali.

Se conocieron en una campaña política del Polo Democrático, pegando afiches por las noches. Castilla fue amable, se hicieron amigos, luego la invitó a salir. Después de algunas salidas, le pidió que fuera su novia. Aa aceptó. Era su primera relación.

Lo que vino fue un ciclo de violencia psicológica sostenida. Castilla se refería con calificativos despectivos a los padres de Aa —los llamaba "arribistas"—, criticaba que sus padres le preguntaran adónde iba, la comparaba con exparejas diciéndole que ellas eran más bonitas, incluso mostrándole fotos. La dejaba esperándolo horas para almorzar y nunca llegaba. Cuando salía a tomar con amigos de la universidad, ponía a otras mujeres a decirle por teléfono "mi amor, ya me voy a vestir". En el cumpleaños de ella, llegó sin ser invitado y empujó al mejor amigo de Aa por bailar una canción con ella.

Aa nunca había estado sexualmente con ningún hombre. Lo sabía Castilla. La presionó durante bastante tiempo. Su madre no le daba permiso de ir a casa de él a menos que los padres estuvieran presentes. Un día la invitó a almorzar allá. Cuando llegó, los padres no estaban, a pesar de lo que él le había dicho.

"Me propuso que no me insistiría más con el tema si permitía el roce de sus genitales contra los míos, sin que pasara absolutamente nada más. Yo solo quería terminar con el tema y por eso accedí a esto."

Lo que ocurrió después está descrito en el testimonio de Aa con una precisión que no deja espacio para interpretaciones:

"De un momento a otro empezó a penetrarme sin mi consentimiento a pesar de decirle que no quería esto. Sentí un dolor en mi parte genital que no había sentido antes. Yo no entendía qué estaba pasando, estaba paralizada y no lograba quitármelo de encima, pues él era una persona mucho más grande que yo y obesa. Fue eterno, eterno. A pesar de que me quejaba de dolor, no importó."

Aa tomó el MIO de regreso a su casa llorando todo el camino. Esa misma noche, Castilla le escribió por Facebook. Sus palabras, según el testimonio de Aa, fueron: que se sentía mal porque sentía que la había forzado, que la había violado.

Ella no quiso hablar del tema. Le respondió que todo estaba bien, que "eso era lo que tenían que hacer las parejas" —el argumento que él mismo usaba para presionarla. Nunca le contó a nadie. Se sintió avergonzada y culpable. Después de más maltrato, terminó la relación. Él llegó hasta la mamá de Aa para convencerla de que no lo dejara.

Tiempo después, Castilla la buscó de nuevo para ser "amigos". Ella dijo que no le interesaba nada de su parte. Él respondió de forma burlesca: "igual yo fui el primero".

Aa borró todo rastro de él: conversaciones, fotos, redes. Su cerebro reprimió lo ocurrido durante más de una década. Hasta que un día, a sus treinta años, vio en Instagram el titular: "Asesor de Eder en escándalo por denuncias de presunto abuso sexual". Vio su foto.

"Sentí que se me revolvía el mundo. Me sentí culpable de que se hubieran presentado otros abusos por no haber denunciado esto."

Aa radicó su denuncia. Fue la primera vez en más de quince años que se atrevió a relatar lo que ocurrió.

* * *

Las denuncias ante la Fiscalía llevan años en curso sin que se haya producido una imputación formal. Una de las víctimas radicó su denuncia en 2019; cinco años después, según su testimonio, el proceso no había avanzado de manera visible. El desgaste institucional es, para las cuatro mujeres, parte activa del daño. Mientras tanto, Castilla continuó su trayectoria pública.  

Las cuatro mujeres que sostienen este reportaje saben lo que les espera. Aa lo dice con claridad al final de su testimonio:

"Este sistema me ha hecho entender el desgaste, las situaciones hirientes, dolorosas y frías a las que una mujer se ve expuesta en estos contextos, y por las cuales otras decenas de mujeres no denuncian. Estas chicas me han dado valor para no desistir del proceso, para no tirar la toalla, y así evitar que sujetos como este sigan teniendo acceso a posiciones de poder con las que puedan seguir haciendo daño."

 

 

Cambio se reserva los nombres completos de las cuatro víctimas. Sus testimonios reposan en poder de la redacción. Los procesos penales se encuentran activos ante la Fiscalía General de la Nación. 

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