
La hora de la sucesora en México
A menos de que algo extraordinario ocurra durante las próximas horas, este domingo México elegirá por primera vez a una presidenta. ¿Qué significa este cambio para uno de los países más grandes de la región?
Durante los últimos meses se viene repitiendo un lugar común cada vez que se habla de las próximas elecciones en México. La gente se pregunta qué significa que una mujer llegue por primera vez a la presidencia de un país que tiene fama de machista. Claudia Sheinbaum o Xóchitl Gálvez, las dos principales candidatas, definirán una elección que, hace apenas unos años, parecía impensable. Muy pocas veces en la historia democrática de México, una mujer --Josefina Vázquez Mota o Margarita Zavala, quizás-- había tenido una oportunidad real de ocupar la jefatura del estado. Más allá del supuesto machismo mexicano, esta contienda podría marcar un punto de inflexión para una sociedad muy apegada, en general, a sus tradiciones. Sin embargo, a la luz de lo que ha sido la campaña, ninguna de las dos candidatas parece representar un cambio profundo.
Sheinbaum, la líder en todas las encuestas, es la candidata del oficialismo. En 2018, fue elegida jefa de Gobierno de Ciudad de México, es decir, la alcaldesa de la capital del país. Este es un cargo de enorme responsabilidad si se tiene en cuenta que la ciudad tiene la población y el presupuesto de un país pequeño. Su labor no fue particularmente destacada y tuvo que afrontar duras crisis de seguridad, transporte y escasez de agua. También, fue muy criticada por el manejo de los nómadas digitales que han llegado a CDMX desde la pandemia. Una de las principales labores de la alcaldesa fue defender las posturas de su jefe político directo: Andrés Manuel López Obrador. Desde la jefatura de la ciudad, Sheinbaum se dedicó a respaldar todas las decisiones de AMLO y se convirtió en una figura con proyección nacional. Los demás contendores de Morena, el partido oficialista, palidecieron frente a su disciplina. Su rival más obvio, el excanciller Marcelo Ebrard, era el candidato natural por su trayectoria. No obstante, Sheinbaum supo hacer la campaña correcta. Cuando llegó el momento de elegir, las diferencias entre Ebrard y AMLO se hicieron evidentes: y la beneficiada fue la jefa de gobierno de CDMX.
Por el lado de la oposición, el terreno también era complicado. Durante meses, los principales partidos --el PAN, el PRI y el PRD-- buscaron una figura capaz de enfrentar la enorme maquinaria de Morena. De hecho, la disputa empezó casi desde que los dos candidatos que enfrentaron a AMLO en 2018, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, se retiraron de la contienda. La búsqueda parecía entonces infructuosa: para cualquiera era un suicidio político enfrentarse a Morena y López Obrador, quizás el personaje político más popular en los últimos veinte años en México. Después de una consulta interna entre candidatos disimiles, la afortunada fue Xóchitl Gálvez.
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