LA ESTRATEGIA POVEDA

El periodista Rafael Poveda mintió sobre el proceder que emplearon sus colegas Mónica Rodríguez, Laura Palomino y Juanita Gómez al publicar dos denuncias de acoso sexual en su contra. Algunos apartes de la conversación telefónica que sostuvo con ellas y una estrategia para presentarse como víctima en la que escondió hechos lograron volcar a la opinión pública en contra de las víctimas y las comunicadoras. Poveda sí tuvo la oportunidad de presentar su versión de los hechos antes de la publicación y mintió públicamente al respecto.
El día lunes 28 de julio a las 6:14 am la periodista Mónica Rodríguez contactó a Poveda por WhatsApp.

Inicialmente las periodistas le plantearon a Poveda que la publicación saldría sin consultar su versión, pero que él tendría la posibilidad de ofrecerla después. En la llamada que Poveda hizo pública queda claro que después acordaron que le enviarían un cuestionario con preguntas específicas sobre los casos narrados por dos mujeres. Esa propuesta inicial de publicar antes de escuchar su versión fue una estrategia que muestra la buena fe de sus interlocutoras pero fue aprovechada hábilmente por Poveda para acusar a las periodistas como improvisadoras y faltas de rigor.

En todo caso, las periodistas sí le enviaron un cuestionario con preguntas ese mismo lunes a las 2:02 pm. Lo hicieron a la misma cuenta de WhatsApp desde la cual él se había comunicado con ellas. El último mensaje que recibió la periodista Mónica Rodríguez de ese teléfono fue: “Estimados colegas, acuso recibo de su comunicación. Solicito se me informe de qué se trata la denuncia en cuestión con el fin de hacer efectivo mi derecho a la defensa. Expreso mi total disposición para colaborar con ustedes. Considero que es importante se me informe en detalle sobre la acusación y me den el derecho a defenderme”.

Así lo hicieron las periodistas y remitieron un cuestionario cuidadosamente armado, conforme a los casos planteados con 22 preguntas. El documento contenía una advertencia inicial sobre la reserva de la identidad de las fuentes y procedía a preguntas específicas sobre los eventos comprometidos. El documento cerraba con la siguiente frase: “Le solicitamos responder a los puntos anteriores lo más pronto posible, teniendo en cuenta que las publicaciones se harán el día miércoles en YO TE CREO COLEGA, Cordialmente”.

Tres días para contestar sobre los hechos de los que se le acusaba es suficiente tiempo para garantizar el equilibrio informativo, pero no contestó y optó por ejecutar una maniobra que principio le ha dado resultados mediáticos.
Poveda empleó su característica voz, ampliamente conocida por las audiencias colombianas, y salió a vender el cuento de que no le habían ofrecido la posibilidad de dar su versión antes de la publicación. Ello es categóricamente falso. Poveda ofreció una excusa incongruente con pasadas comunicaciones que sostuvo con el grupo de periodistas: “ustedes manifestaron que lo hacían al correo. Lo estuve esperando ahí”.

En ningún momento de la conversación con las periodistas acordaron que se enviaría por correo electrónico y, en todo caso, Poveda sí recibió en su WhatsApp el cuestionario el mismo lunes en que lo contactaron.
Aun así, en dos videos presentó la llamada que sostuvo con las periodistas, y después también ofreció su supuesta respuesta a las acusaciones que ofrecieron dos mujeres en su contra. Poveda se concentró principalmente en que las periodistas publicaron “Sin haber buscado la versión del señalado”. Eso es dolosamente falso. Poveda contó tres días con un nutrido cuestionario sobre los testimonios que le atribuyen actuaciones de acoso sexual. A pesar de eso promovió en redes sociales la versión contraria para presentarse como la víctima de unas periodistas supuestamente carentes de rigor.
A las redes sociales les encantó la versión de Poveda: siempre que sea posible dudar de una mujer, su dicho y su trabajo, las hordas lo harán con gusto. Las periodistas recibieron clases de periodismo de todo el mundo, incluyendo mujeres, como yo, que resaltamos la necesidad de cumplir con la verificación y contraste antes de publicar. Nos equivocamos todos, porque ellas sí cumplieron con su deber.
La tentación de apedrear a las mujeres involucradas fue superior a averiguar qué había ocurrido. La víctima que acusó con su nombre a Poveda ha recibido amenazas de muerte en su celular.



EEn este contexto el relato de Sofía Vela fue cuestionado dura e injustamente. Se ignoró el alcance de las desigualdades en las relaciones de poder y las maneras en que se ejercen presiones sin forzarse físicamente sobre alguien.
Como lo hizo en su programa Testigo directo, Poveda resultó un hábil moldeador de la opinión pública que supo emplear una llamada desafortunada por teléfono para evitar contestar las acusaciones concretas y enlodar a las mujeres que lo acusaron con suficientes evidencias. Después dijo que no comentaría las acusaciones públicamente y se pondría a disposición de las autoridades. Fue una estrategia redonda: no fue honesto sobre el cuestionario que le enviaron a tiempo las periodistas, las sumió a ellas y a las denunciantes en una avalancha de odio y ataques y aún no contesta nada sobre las alegaciones de acoso en su contra. Hay otras mujeres que acusan a Poveda de patrones similares y ahora dudan sobre la posibilidad de compartir su historia.
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