
Como sucede con las rumbosas damas que asisten a bulliciosas fiestas hasta altas horas de la madrugada que, al regresar a casa, deben emprender la penosa tarea del ‘desmaquillaje’, así sucede con las cifras fiscales del país.
La fiesta terminó, y debe emprenderse la penosa limpieza del maquillaje. En este caso hay dos capas que se deben remover.
La primera es la que se aplicó al presupuesto en curso, el de 2026. El ministro de Hacienda ha dicho que el disolvente que utilizará es un recorte de 21,9 billones de pesos en la actual vigencia.
Pero será necesario, en seguida, disolver una segunda capa de espeso maquillaje: la del presupuesto del 2027.
Dijo el ministro de Hacienda en Cartagena, en el marco de la asamblea de la Asociación Bancaria, que no utilizará para disolver esta espesa capa el disolvente llamado “más impuestos” ni el que se conoce como “más deuda”, sino otro —más fuerte— denominado “racionalización y austeridad en el gasto público”, cuyos detalles se conocerán con la presentación de la llamada “ley rescate” o de reconstrucción fiscal” que se radicará próximamente.
El costo de este disolvente de la segunda capa de maquillaje es alto y áspero, pues tendrá que limpiar una capa llena de incógnitas y de trampas; de pasivos ocultos que se habían metido debajo del tapete; y de la primera cuota para atender los gastos de reconstrucción del terremoto del 10 de agosto.
El costo de este segundo disolvente será alto: cerca de 40,2 billones de pesos (un poco más de dos puntos del PIB).
Al final del proceso de limpieza surgirá un rostro más lavado, pero más creíble: el rostro verdadero de la rumbosa dama de la víspera.
La demora en desmaquillarse ha generado desconcierto en los mercados internacionales. Los valores de la deuda colombiana han caído en las últimas semanas. Mal síntoma. Los mercados se preguntan ¿cuándo empezará el desmaquillaje?
El recorte para el año 2026 por 21,9 billones de pesos apenas se han anunciado. Hay que llevarlo pronto a la práctica. No es fácil. Pero la primera capa del desmaquillaje hay que removerla pronto. De no ser así, el plan de ajuste empezaría a perder credibilidad.
Tampoco se ha pasado hasta el momento de los anuncios en lo referente a la ley fiscal o ley de reconstrucción, de la que se habla mucho pero que aparentemente ni siquiera la tiene redactada el Gobierno. Esta ley es la espina dorsal del programa de reconstrucción fiscal y debe generar economías y racionalizaciones en el gasto público del orden de 40,4 billones de pesos. Es quizás el hueso más duro de roer. Pero hay que proseguir con el empeño. ¿Ya está redactado este proyecto de ley que es trascendental? Una racionalización del gasto público de esta magnitud (2,2 por ciento del PIB) debe ocupar lugar de primera importancia en la agenda gubernamental en el Congreso.
Mientras estas dos medidas no pasen de los anuncios a la práctica, la credibilidad del plan del ajuste fiscal (ante el caos en las finanzas públicas que entregó la administración Petro), seguirá coja.
La fiesta ya terminó. Pero el ‘desmaquillaje’ no ha comenzado.
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