
A todas las empresas les llega el momento de relevar a quien las ha dirigido en el último tiempo. Y cuando ese momento llega, quedan abocadas a decidir quién será la persona indicada para continuar liderándolas. Entonces surgen dos clases de candidatos: los que pueden heredar el mando y los que son capaces de ganárselo con sus propios méritos. Pero una cosa es ser heredero, y otra cosa muy distinta es ser sucesor. La diferencia radica en la actitud que cada uno tiene frente a la vida.
El heredero es aquel que está acostumbrado a merecerlo todo y que sus necesidades sean suplidas rápidamente sin dar nada a cambio. Eso hace que permanezca dentro de una burbuja, alejado de la realidad, habituado a que lo sirva la gente que lo rodea. Se trata de un merecido sin empatía ni sensibilidad social, que siempre ha estado convencido de que no hay necesidad de meter sus pies en el barro para surgir, pues cree que se merece todas las comodidades por obra y gracia divina.
El sucesor es el que pese a recibir poco o mucho es humilde, construye paso a paso, con las uñas, trabajando duro y teniendo calle; comprendiendo que la única forma de salir adelante es rompiendo la burbuja para dejar atrás los privilegios y entender que nada en la vida es regalado; que para triunfar hay que caerse mil veces, levantarse y seguir luchando, y que para lograr que un grupo de personas confluyan y empujen hacia el mismo lado, primero hay que entender y valorar al ser humano.
No me cabe la menor duda que las empresas necesitan más sucesores que herederos. Personas que no crean que el mundo está en deuda con ellas. Gente que se haya hecho a pulso, que esté dispuesta a luchar y no a pasar de agache. Líderes que entiendan que una compañía es algo más profundo y más complejo que tener máquinas funcionando las 24 horas del día, y que la prosperidad no se consigue sacándole provecho al trabajador sino valorando al trabajador para sacarle el éxito. Individuos que, definitivamente, no sean unos merecidos.
Lea Los merecidos, parte I, aquí: https://cambiocolombia.com/puntos-de-vista/articulo/2026/5/los-merecidos.
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