TONTOS Y TERREMOTOS

El profesor Pompilio Iriarte adelanta exploraciones sobre las relaciones entre el tonto y la sismología. Los estudios preliminares del gran científico nacido en Neiva permiten llegar a la conclusión de que la memez equivale a un fenómeno telúrico de la personalidad. Se puede estar o no de acuerdo con esta tesis, pero es indudable que Neiva es la capital del Huila.
Del temblor al terremoto
Temblorcito de sí mismo
con derrumbes y alboroto
suele ser el terremoto
del odioso narcisismo.
El ego produce un sismo
con lesiones y secuelas;
nos va dejando su estela
de muerte, dolor y guerra,
como ese temblor de tierra
en Colombia y Venezuela.
Hablando de orejas...
Con patriotismo cazurro
dos pueblos en el Quijote
por poco se dan garrote
por el rebuzno de un burro.
Que el ejemplo al que recurro
con su fuerza me respalde;
solo el necio lucha en balde
contra el tonto del lugar
cuando empieza a rebuznar
como el burro del alcalde.
Del muy gracioso Gracián
El tonto está convencido
de que todos son idiotas
menos él, como se nota
en su talante engreído.
El tonto está pervertido
por sus propias opiniones.
Con razón, sus sinrazones
le prestan flaco servicio.
Cuanto más flojo es el juicio,
más firmes sus convicciones.
De Paul Tabori
Guardo un libro —qué delicia—
de Paul Tabori, de Hungría,
que muestra la tontería
de la gente, su estulticia.
Con muy notable pericia,
risueño, de buena gana
se asoma a la gran ventana
del mundo y su trayectoria
y nos relata la Historia
de la estupidez humana.
De Carlo Maria Cipolla
El imbécil, por igual,
daña a otros y se daña;
engañándonos se engaña
con su yo descomunal.
«Egosarcoma» letal
que hace metástasis pronto,
estúpido y culipronto,
no hay quién lo eduque y corrija.
¡Ay de aquel pueblo que elija
como su líder a un tonto!
El burro delante
Yo y Descartes opinamos
—Descartes en su Discurso,
yo en mi digital recurso—
que la verdad encarnamos.
Yo y Descartes afirmamos
que ese «Pienso, luego existo»
que muy pocos hemos visto
desde el sentido común,
más que el «Cogito, ergo sum»,
es puro «Ego, luego insisto».
El ego de mi PC
El sistema operativo
del te quiero y yo te adoro
entre Samantha y Theodoro
me ha dejado pensativo.
Mi sexo virtual activo
—o eso piensa mi doctora—
sin duda alguna mejora
con condones digitales,
pues no es bueno en casos tales
preñar la computadora.
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