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Medio ambiente

Retamo espinoso, la re-mata que mata

A propósito de los incendios que asolan los bosques del país gracias al calentamiento global y al fenómeno del Niño, se ha estigmatizado tanto al pino como al indestructible retamo espinoso en términos de especies malignas y culpables. También se habla de manos criminales: las que los sembraron. Sin embargo, hay una manera sencilla de controlarlo: el sombrío.

Por Carlos Mauricio Vega (*)

Especial para CAMBIO
No hay especies dañinas. Ni el pino, ni el eucalipto, ni el retamo espinoso, ni los sapos gigantes, ni las abejas asesinas, ni la sagrada hoja de coca merecen clasificarse así. Ni siquiera la especie humana, mal llamada sapiens. Todas ellas se adaptan al lugar a donde llegan, o a donde las llevan, y modifican su entorno.

Pero hay un método, mucho más sutil y eficiente que la fuerza. Y es el sombrío. En efecto, el retamo sólo se reproduce en espacios abiertos. Si se le hace convivir con especies de porte más alto que sus escasos 1.80 metros de altura, desaparece, porque no puede sobrevivir en competencia por la luz como las especies nativas.

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