
Violencia económica contra la mujer: algo muy común de lo que poco se habla
Las mujeres que se dedican al cuidado del hogar o de la familia u otras personas son más vulnerables a sufrir maltrato solo por no tener autonomía sobre sus ingresos.
Después de terminar el bachillerato, Alicia se dedicó al cuidado del hogar y quedó viuda a los 40 años, cuando su hijo menor tenía 15 años; así que tuvo que trabajar como secretaria y lavando ropa para terminar de pagarle la educación. Como el hijo logró una mejor vida profesional que sus hermanos, terminó a cargo de todos los gastos de su mamá, pero de vez en cuando le reclama a Alicia que sus hermanos no aporten económicamente –aunque se encarguen de labores domésticas–, o que sus costos médicos son altos. Casi a sus 70 años, Alicia es víctima de violencia económica.
Las mujeres que dedican su vida a labores de cuidado son mucho más vulnerables a violencia económica, pues no tienen autonomía sobre sus ingresos, ni tampoco aseguradas vivienda, atención en salud y alimentación. Según el observatorio de la Consejería Presidencial para la Mujer, en 2020 el 39,1 por ciento de las mujeres del país no contaba con un ingreso propio, en contraste con el 16,7 por ciento de los hombres en esa misma situación.
En las zonas rurales la brecha es más amplia. Allí, 51,8 por ciento de las mujeres no tiene ingresos propios, versus el 11,3 por ciento de los hombres. En las ciudades, la proporción de mujeres sin ingresos propios es de 36 por ciento; la de hombres, 18,4 por ciento.
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