
Los retos del gran acuerdo nacional
El pacto que propone Gustavo Petro no debería ser exclusivamente un diálogo alrededor del programa de gobierno, sino sobre los mínimos vitales que se requieren para la gestión de la paz, la justicia social y la justicia ecológica.
Por Gustavo Mutis
En 1977 España estaba cerca de una catástrofe económica y social. Era imperativo adoptar medidas de urgencia para evitar un escenario de hiperinflación que arrasara con la incipiente y frágil democracia que se instauraba tras cuatro largas décadas de dictadura. El mayor problema, sin embargo, no era económico sino político. Era que el país estaba profundamente dividido, los rencores estaban en carne viva y no había un proyecto conjunto de futuro, sino varios grupos de interés que pujaban por su propio beneficio.
La medida más urgente que se imponía para prevenir la crisis era la de llegar a un acuerdo con los sindicatos en materia de aumentos salariales, evitando así que se desbordara la inflación. El pacto fácilmente se hubiera podido quedar en eso. Pero a los líderes de entonces se les ocurrió que no bastaba con tomar medidas coyunturales a corto plazo; que el propósito de la democracia recién estrenada tenía que ser algo más que la simple disputa por el poder. Era el momento de un gran pacto que vinculara a todos los partidos y a todos los sectores sociales y empresariales. Era el momento de pensar en un futuro compartido, en un proceso vinculante.
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