
La difícil travesía de Colombia para evitar la descertificación
Los presidentes de Colombia, Gustavo Petro; y de Estados Unidos, Donald Trump.
Todos los factores juegan en contra: incremento de los cultivos ilícitos, expansión acelerada de la producción de cocaína y un Trump decidido a castigar a quienes no se le someten. El embajador en Washington, Daniel García-Peña, recuerda que ningún otro país ha hecho “tantos sacrificios” en la guerra contra las drogas.
Por: Armando Neira
Esta historia comenzó de forma brutal. El 8 de febrero de 1985, Enrique ‘Kiki’ Camarena Salazar, de 38 años, un agente encubierto mexicano-estadounidense de la Administración para el Control de Drogas (DEA), fue secuestrado a plena luz del día en Guadalajara, Jalisco, cuando iba a comer con su joven esposa, Mika.
Lo llevaron a un lugar donde lo torturaron durante 36 horas continuas. Le rompieron los huesos, le fracturaron todos los dientes, lo quemaron y lo empalaron, siempre con la ayuda de un médico que supervisaba que no muriera. Al final, según la autopsia del patólogo forense Jerry Douglas Spencer, le “atravesaron un destornillador en la cabeza”.
El crimen fue ordenado por Rafael Caro Quintero, apodado el “narco de narcos”, quien fue extraditado hace unos días a Estados Unidos junto con otros 28 capos, tras las amenazas del presidente Donald Trump de imponer aranceles a las importaciones de México con la acusación de que Claudia Sheinbaum no enfrenta el tráfico de drogas y la migración masiva.
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