
Iván Cepeda en el entretiempo: 72 horas de distancia, una campaña que se reinventa y el dilema de qué hacer con el factor Petro
El candidato lleva tres días sin dar entrevistas y sin anunciar un timonazo claro. Sus aliados han dado la cara con mensajes de calma mientras la campaña construye sobre la marcha una estrategia que no estaba ni siquiera en borrador. El factor Petro sigue siendo el nudo que nadie ha podido desatar, pues en Palacio parece haber una campaña paralela. Además, los diálogos con el centro no han dado frutos. Tiene 17 días.
Por: Mateo Muñoz
"Estamos con el profe Cepeda en el entretiempo”, escribió en X el exsenador y libretista Gustavo Bolívar, una de las voces más crudas que ha tenido el petrismo original. Esa analogía futbolera ha sido la descripción más honesta que ha dado alguien del círculo cercano del candidato Iván Cepeda sobre lo que ha pasado en las últimas 72 horas dentro de la campaña del Pacto Histórico. Entretiempo, no derrota, ni goleada, pero tampoco la victoria que esperaban. Lo dicho por Bolívar revela que el candidato está escribiendo en la pizarra mientras el otro equipo ya calienta en la cancha con el marcador a su favor.
Cepeda lleva tres días prácticamente invisible para el público. Sin entrevistas ni actos masivos y con apenas una rueda de prensa, sus apariciones se han limitado a los pasillos del Congreso, donde fue interceptado por reporteros ávidos de respuestas por parte del candidato del Pacto Histórico. Allí, el senador solo criticó el apoyo de Donald Trump a Abelardo de la Espriella y evitó pronunciarse sobre otros temas, como el reconocimiento de los resultados del 31 de mayo.
La mayor actividad de Cepeda ha ocurrido dentro de su círculo cercano. Reuniones discretas con su equipo de confianza para fijar el nuevo rumbo de una campaña que no estaba preparada para este escenario. La estrategia que tenían diseñada era para ganar en primera vuelta o llegar a la segunda con una ventaja cómoda que les permitiera administrar el resultado. Ninguna de las dos cosas ocurrió y construir un plan nuevo en tres días, con el reloj corriendo, el electorado observando y Abelardo en campaña activa, es tan difícil como suena.
El que calla… desespera
El silencio de Cepeda en estos días no ha sido por indiferencia o ausencia sino por deliberación. Quienes lo conocen dicen que es un político que poco improvisa y que evita a toda costa dejarse llevar por las pasiones. De hecho, es por eso que escribe y lee sus discursos.
“No se le puede pedir que salga y sea otra persona. Que sea impulsivo. No es Petro”, dijo un senador del Pacto que pidió la reserva de su nombre. Quizá, el rostro menos sereno que se ha visto de Cepeda en campaña fue en la noche del 31 de mayo, cuando no reconoció los resultados del preconteo.
En ese sentido, aunque el recogimiento de Cepeda de estas 72 horas es coherente con su estilo, ha sido muy poco retributivo. En una segunda vuelta donde cada día sin mensaje es un día que De la Espriella llena con el suyo, el costo del silencio es muy alto.
Con solo tres días transcurridos después de la primera vuelta, el abogado estuvo en una larga entrevista con la revista Semana, le aceptó el reto del debate a Cepeda pero bajo sus condiciones, se ha dado el lujo de rechazar los apoyos de los partidos, recibió el guiño de Donald Trump y ha criticado a ‘politiqueros’ como Ape Cuello, el clan Calle y Mario Fernández Alcocer, asociados en los últimos años al Gobierno de Petro.
Quienes han dado la cara en estas horas han sido los nombres más cercanos al candidato: Gabriel Becerra, María José Pizarro, María Fernanda Carrascal y el propio Bolívar. El mensaje que todos han transmitido es de calma y de proceso: que la campaña está bien, que el resultado del 31 de mayo era uno de los escenarios previstos, que hay un plan y una dosis de autocrítica.
“Hay que reconocer que las expectativas que teníamos para la primera vuelta no se cumplieron. Nosotros nunca alimentamos una postura triunfalista. Sabíamos que nos enfrentábamos a los intereses tradicionales de las élites económicas y políticas”, le dijo a CAMBIO el coordinador de la campaña Gabriel Becerra.
Las declaraciones públicas de la guardia de Cepeda han sido medidas y sin alarma pero siempre tienen la misma conclusión ante las preguntas de los periodistas: el que decide es el candidato. Por supuesto, eso es lo normal en una aspiración. No obstante, en este caso la figura del presidente Petro es un factor difícil de esconder o minimizar.
¿Dos campañas paralelas?
Según conoció CAMBIO, la campaña de Iván Cepeda no ha tenido la mano directa del presidente. Sin ir más lejos, la elección de Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial no tuvo el visto bueno de Petro, quien habría preferido otra figura con mayor capacidad de tracción en sectores de centro-izquierda. De hecho, los impulsos del mandatario a la campaña del senador fueron motu proprio; la gira por el Caribe, las entrevistas con streamers y la minigira por medios nacionales en la semana previa a la primera vuelta.
Incluso, la decisión de renunciar al cargo sí estuvo sobre la mesa presidencial el primero de junio con los resultados en caliente. Sin embargo, en la campaña no se vio con buenos ojos esta idea y en la práctica era muy difícil de materializar por el peaje necesario del Senado. Aun así, en Palacio no se han quedado quietos en pensar cómo darle el empujón final a la aspiración de Cepeda.
El pasado 2 de junio hubo una reunión de alto nivel en la que estuvieron presentes el presidente Petro y el ministro Armando Benedetti. En ese comité de campaña paralelo se discutió la posibilidad de la renuncia de varios ministros para meterse de lleno en la campaña. Dentro del Pacto Histórico ha sonado la idea de que Antonio Sanguino, Daniel Rojas y Felipe Harman se ‘pongan los cortos’ y salten a la cancha. La idea sigue en consideración y debe coordinarse con la campaña.
A pesar de ello, ya hubo un primer movimiento concreto que marca la dirección: Andrés López, viceministro de las TIC, presentó su renuncia al cargo para asumir como estratega digital de la campaña. Es una señal de que el Gobierno de Petro está dispuesto a involucrar sus recursos institucionales y humanos de manera más directa en la segunda vuelta. CAMBIO también conoció que Harman, director de la Agencia Nacional de Tierras, también está a punto de dejar su cargo para integrarse a la aspiración de Cepeda.
El nerviosismo ha llegado a tal punto que se ha pedido incorporar a Armando Benedetti. “La bella está preocupada por si sueltan a la bestia”, escribió el ministro, una figura resistida en el círculo cercano de Cepeda por las evidentes sombras que lo persiguen.
Aunque en el petrismo hay posturas que creen ciegamente en la habilidad política de Benedetti, hay otras que son escépticas. “Iván debe distanciarse de Petro y obviamente de su gabinete. Traen mucho desgaste”, dijo un asesor de la campaña.
Justamente, la lógica estratégica es simple: para llegar al centro, Cepeda necesita distancia del Gobierno de Petro. Requiere que el electorado moderado que votó por Fajardo, Claudia López, Juan Daniel Oviedo y Roy Barreras –o que simplemente se abstuvo– vea en él una propuesta diferente a la continuidad del mandato que termina.
Eso implica para Iván Cepeda tomar distancia de los episodios del Gobierno que más han incomodado a ese electorado: la constituyente, las declaraciones de fraude, los decretos de emergencia que la Corte tumbó uno tras otro, la relación conflictiva con la institucionalidad.
Cada pronunciamiento desafiante a la institucionalidad que salga de la Casa de Nariño en las próximas semanas va a costarle votos de centro a Cepeda. Votos que no tiene margen para perder en una segunda vuelta que se perfila muy reñida. Las pruebas están a la orden del día: De la Espriella ya ha empezado a explotar cada declaración o trino de Petro. El abogado ha intensificado el temor a que el presidente quiere ‘robarse las elecciones’ y ‘no entregar el poder’. Sabe que eso puede movilizar a un voto urbano, clave para ganar el 21 de junio.
Café amargo
En ese contexto, los diálogos con las figuras que representan el centro que la campaña necesita conquistar no han avanzado con la fluidez que el equipo esperaba. Juan Daniel Oviedo, la fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia que traía consigo un electorado de ciudad y moderado, se bajó de la posibilidad de apoyar a Cepeda y a De la Espriella.
"Mi causa es estar aquí el 22 de junio para defender los resultados, la estabilidad del país y los derechos de todos los colombianos", dijo Oviedo.
Minutos después, Sergio Fajardo presentó su Decálogo del Millón de Votos, un documento con diez condiciones que en el papel son para los dos candidatos, pero en la práctica y en la realidad política son dirigidos a Iván Cepeda. Las exigencias van desde el rechazo explícito a la constituyente hasta el fin de la paz total, pasando por una rendición de cuentas rigurosa al Gobierno de Petro y el respeto irrestricto a la Constitución del 91.
A pesar de que el círculo de Cepeda ha insistido que los diálogos con voces de centro ‘van por buen camino’, los movimientos de Fajardo y Oviedo revelan que las conversaciones no han sido particularmente fluidas. Además, en el caso del exalcalde de Medellín, ya hay un ultimátum que no deja mucho margen para negociar con una taza de café en la mano.
Fuentes cercanas al movimiento de Fajardo le dijeron a CAMBIO que las condiciones publicadas solo pueden ser asumidas directamente por el candidato del Pacto Histórico y no aceptarán mensajes de emisarios.
La sensación de que Cepeda no está asumiendo directamente las negociaciones se ha extendido a otros sectores como el de Claudia López y el de Roy Barreras. La senadora Angélica Lozano, quien ha respondido con ironía en redes sociales a la necesidad del petrismo de acercarse al centro, le contó a este medio que solo ha tenido saludos normales en los pasillos del Congreso con militantes del Pacto pero nada más.
Por el lado de Claudia, también ha evitado cantar su apoyo por Cepeda. La postura de la exalcaldesa se resume en una frase que ella misma entregó: "Por el peligro de Abelardo de la Espriella no voy a votar por Iván Cepeda". López también se refirió a las heridas abiertas desde 2018: 'El petrismo puro y duro me ha hecho sicariato moral sistemático. Ahora sí soy Claudia la demócrata [...] Ya no tengo más mejillas para poner'.
El problema para Cepeda es que asumir las condiciones del centro sin matices implicaría asumir compromisos que rozan con el corazón del proyecto político que lo trajo hasta aquí.
Iván Cepeda tiene 17 días para cumplir con varias tareas simultáneas: reaparecer con un mensaje que le diga a la Colombia que no lo votó por qué debería hacerlo ahora. Gestionar a Petro sin romper con él y sin que sus pronunciamientos sigan alimentando el miedo que De la Espriella explota cada que puede. Y conseguir respaldos de centro que todavía no están comprometidos.
El segundo tiempo no perdona los mismos errores que el primero. Y el árbitro ya está a punto de pitar.
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