
Hacienda Guacharacas: el despojo que amenaza con convertirse en símbolo de la injusticia agraria en Colombia
Colombia arrastra una deuda histórica con sus campesinos. En un país que ha visto cómo la violencia y el despojo han arrebatado sus tierras a miles de familias, el acceso a la tierra sigue siendo una promesa pendiente y, en ocasiones, se ha convertido en un espejismo.
Durante los años 90, como respuesta a esta necesidad, el gobierno del presidente Ernesto Samper impulsó un programa de reforma agraria que, en 1997, entregó la hacienda Guacharacas a 151 familias campesinas. Con esa adjudicación, el Gobierno buscaba brindarles una oportunidad de progreso y estabilidad económica; sin embargo, años después, el sueño tiene visos de pesadilla.
La hacienda Guacharacas no es cualquier finca: está ubicada en Beltrán, Cundinamarca, tiene 2.072 hectáreas en uno de los mejores terrenos agrícolas del país, colinda con el río Magdalena y con una moderna autopista; por eso es considerada una de las “joyas de la corona” del campo colombiano.
Para poner a producir la finca, los campesinos se endeudaron; hacia el año 2006, dichos créditos empezaron a volverse impagables, y tres años después, dos funcionarios del Incora les dijeron a los labriegos que las tierras les iban a ser rematadas. Por eso los convencieron de que lo mejor era vender.
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