OPOSICIÓN GUILLOTINADA

En una sala de espera del aeropuerto de Bruselas el expresidente Gustavo Petro ejerce el derecho de la réplica de la oposición para contestar lo manifestado por el presidente Abelardo de la Espriella el pasado domingo. Unas matas desahuciadas hacen de escenografía. En ocasiones, al camarógrafo le tiembla el pulso y entonces le mocha la cabeza al expresidente. El cansancio motiva a la guillotina intermitente del recuadro. Son 24 minutos que parecen muchos más en este escenario improvisado. Se escuchan ruidos de puertas que se abren y cierran y gente que pasa afanada empujando sus maletas.
Petro le contesta a De la Espriella que hacerlo responsable de las precarias finanzas de nuestro Estado es injusto. Lo hace de manera desorganizada, como en sus alocuciones de los últimos años de su mandato. El expresidente menciona un cuadro que nunca aparece, se repite y echa sus pullas de siempre contra los ricos. Claro que ha habido peores, pero es una intervención pobrísima, sin preparación, sin edición y, lo peor, sin un centímetro de oposición eficaz.
El expresidente dice con razón que el nuevo presupuesto extiende sustancial e irresponsablemente la deuda, pero a pesar de algún buen argumento aquí y allá, lo que hizo fue convertir el ejercicio legítimo de la oposición en una frenética defensa de su mandato.
En el mismo espíritu, el Congreso citó al ministro vacacional, Jaime Andrés Beltrán, para que rindiera cuentas por irse a un matrimonio en plena emergencia del terremoto y disfrutar con su familia un fin de semana de playa en el Atlántico. El debate, como es usual, fracasó, y al día siguiente devino en un festín patético con pelotas de piscina y disfraces en manga sisa. El problema no es la puesta en escena, que, acompañada de una buena argumentación, podría hasta servir para ilustrar su argumento, sino la ausencia de preparación y contundencia.
El trabajo legislativo corre el riesgo de convertirse en una seguidilla de gestos intrascendentes que hacen los parlamentarios y que sus UTL graban obsesivamente para registrar cada cosita y convertirla en contenido para redes sociales. En eso andan todos, pero lo que ocurrió después del debate de control político a uno de los ministros más cuestionados del gabinete fue lamentable.
No necesitamos performances insulsas para redes sociales, sino estrategias comunicativas profundas y sofisticadas que eduquen y sirvan de sosiego y defensa de la sociedad civil que De la Espriella quiere destripar. Además, la oposición al actual gobierno no puede quedar secuestrada por una fuerza política dedicada a consentir el frágil ego del expresidente Petro ni a defender su precario legado. Esa es la prerrogativa del Pacto Histórico; está bien si quieren perseguir la senda ensimismada que los hizo perder las elecciones, pero el país necesita una oposición seria que se plante con firmeza ante el gobierno que empieza.
Y es que apenas llevamos un mes y medio de “Patria Milagro” y ya desnombran funcionarios porque son gais o independientes, persiguen a periodistas críticos, socavan el derecho de acceso a la información pública, arman a la sociedad civil, planean criminalizar la protesta, agreden a diario los principios del Estado laico, caminan entre cadáveres, amenazan con empobrecer y desaparecer la JEP y están atiborrando el Estado de retardatarios que gritan “ideología de género” para evitar la realidad.
No puede ser que Colombia termine sometida a una oposición ejercida de afán desde un aeropuerto. Dijo Gustavo Bolívar en El Reporte Coronell por Noticias Uno que “Petro quería contestar porque Abelardo lo había injuriado a él directamente”. Claro que todo lo malo que ocurra en estos cuatro años será achacado al gobierno anterior: eso ya es una tradición republicana. Lo que no puede ocurrir es que por ello la oposición a un gobierno que amenaza con desmantelar el Estado de derecho en Colombia quede reducida a trinchera de Gustavo Petro.
Señor expresidente, usted tiene todo el derecho de defenderse y, si a eso quiere dedicar su fuerza política, es apenas propio de un movimiento populista y personalista como el suyo. Pero eso no resultará en un ejercicio eficaz de la oposición que en las actuales circunstancias del gobierno de ultraderecha que preside De la Espriella es urgente organizar, preparar y consolidar. Claro que su presidencia fue y será medida con estándares distintos a los de las demás; eso usted ya lo sabía y aun así sucumbió a hacer lo mismo que cualquier gamonal: se rodeó de corruptos y aplaudidores, y se dedicó a defenderlos; dio al traste con cualquier promesa de meritocracia y los pocos avances alcanzados fueron empañados por su errático y vanidoso estilo de liderazgo.
Su mala presidencia nos costó el ascenso al poder de un peligroso proyecto de ultraderecha. Que su liderazgo egoísta y mediocre de la oposición no nos cueste la supervivencia de la democracia.
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