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¡MILAGROS, A LA ORDEN!

¡MILAGROS, A LA ORDEN!
Caminando por la décima
Los Danieles

¡MILAGROS, A LA ORDEN!

El profesor Pompilio Iriarte realizó un minucioso trabajo de campo para comprobar que estamos en temporada de milagros. Su conclusión: que para obtener un milagro, basta con pedirlo. Así de baratos están los prodigios en esta tierra feraz. Enseguida, un resumen del estudio del profe.

 

¡Qué locura Any-María!
Armando Guerra Segura
nos hablará con soltura 
sobre magia y poesía.
Tablas güijas traería
y juegos a las escuelas.
Con disfraz de lentejuelas
y balaca de laureles
presenta en estos Danieles
milagrosas espinelas.

Qué bello poema nace
cuando nombres y apellidos
revelan nuevos sentidos
en esotérica frase.
Pertenecen a esta clase:
sor Rita Zorro y Surriento,
Grandes Bustos de Convento,
Susana Oria Bottara,
Elba Ladrón de Guevara,
Pere Gil do Nascimento.

Dijo el maestro al tullido: 
«Levántate y vete a casa»
y, como bruja que pasa,
salió volando el bandido.
Ante el prodigio cumplido,
don Alan Brito Delgado
cuenta cómo aquel lisiado,
mendigando mes tras mes
y fingiendo invalidez,
el negocio ha mejorado.

¿Higa o dije de la suerte,
amuleto de azabache?
Cochise, el gran brujo apache,
blindado llegó a su muerte.
Cuando «aquello» se convierte
en pezuña aterradora,
y la zarpa lo perfora 
entre el pecho y el abdomen,
«Stunde —grita— war gekommen!».
Es decir, «¡Llegó la hora!».

Hasta ahora nadie explica
por qué en Arena de Cali
evocamos el teocalli
de los mayas y mexicas.
Quizás porque todo indica
que a la tribu le emberrincha
que el cacique que relincha
—con el recinto apagado—
fuese teletransportado,
¡ajá!, al Batallón Pichincha.

Buscaban los camilleros
los cuerpos de las clarisas
y hallaron en las cenizas  
solo el cuerpo de bomberos.
Ante incendios tan severos
de aquellos lugares sacros,
Walpurga de los Milagros
dijo al prior del monasterio:
«No busque ningún misterio,
era solo un simulacro».

Arepehuevo es a ajiaco
como un polo al otro polo,
como costeño es a rolo,
como caribe a cachaco.
El asunto más berraco
es entre burro y onagro,
entre Bogotá y el agro,
entre el campo y la ciudad,
ilusoria realidad
de nuestra Patria Milagro.

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