
El covid-19 afectó a todas las aerolíneas del mundo, cuyos ingresos se vieron tremendamente limitados por el cierre de aeropuertos y las restricciones en el tráfico aéreo para evitar la propagación del virus. La industria aeronáutica resultó, en consecuencia, terriblemente perjudicada por la pandemia. La situación económica de Avianca, una aerolínea decente en términos generales a mediados de la década pasada, no era la mejor después del paro de pilotos de 2017, por lo que la pandemia casi la termina de ahogar.
Era necesario, por tanto, una estrategia para sacar adelante a esta empresa después de tan difícil crisis. Las medidas implementadas para tal fin son un caso de estudio para cualquier facultad de negocios en el mundo. Pero no por lo exitosas que han sido, sino por el desastre en el que se convirtió esta compañía. Más allá de la situación financiera, que parece ser lo único que mueve a esta empresa, su reputación es deplorable. Es difícil, por no decir imposible, oír que alguien hable bien de Avianca o que quiera viajar con esa empresa. Hicieron todo lo que estaba a su alcance para que, de ser considerada una buena aerolínea, pasara a ser una en la que la gente se niega a viajar.
No es para menos. La empresa se ha encargado de maltratar a los usuarios de todas las formas posibles. La política, parece ser, agredir y molestar al pasajero antes que resolver sus problemas. Más allá de lo incómodas que se volvieron las sillas, del poco espacio que estas tienen, de que cobren por un vaso por agua y de cómo se perrateó la aerolínea, el servicio al cliente es de terror y Avianca viola todos los días los derechos que la ley le otorga a los pasajeros. Aplazan un vuelo, y aunque saben que hay lugar a una compensación, hospedaje y alojamiento, los niegan para que la gente se canse de pelear y no los tengan que otorgar. Eso es ahorrar en lo que no tienen que ahorrar, sin mencionar otros ejemplos, como la comida que se da en clase ejecutiva en vuelos de larga duración, en donde ha ocurrido que le dan un sánduche viejo y una mini botella de agua a la persona que vuela en esa cabina.
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