
Las elecciones del martes pasado en Estados Unidos han dejado mucho de que hablar. El estruendoso fracaso de las encuestadoras, que dictaban que iba a haber “voto finish” y que eran “las elecciones más reñidas en la historia”, sumado a los cambios en la intención de voto en los demócratas en general, se evidenciaron al momento de entender que fue una victoria republicana contundente. El lastre que cargaba Kamala Harris ante el inconformismo hacia el Gobierno Biden hizo que ni siquiera una campaña apersonada y liderada por Barack Obama pudiera conseguir el esperado triunfo.
De lo más rescatable de estas elecciones fue el gallardo reconocimiento de la derrota por parte de los demócratas. En el mundo entero nos hemos venido acostumbrando a la posibilidad de no reconocer las elecciones si no le convienen al caudillo de turno y, de cierto modo, esta vez gana la democracia.
Ahora, no olvidemos que en el periodo entrante de Donald Trump estarán en suelo gringo los dos eventos deportivos más importantes: el Mundial de fútbol de 2026 y los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.
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